divendres, 24 de maig de 2013

El escritor Ángel Santiesteban ofrece esta entrevista desde la cárcel en la que se encuentra privado de libertad en Cuba


El escritor Ángel Santiesteban ofrece esta entrevista desde la cárcel en la que se encuentra privado de libertad en Cuba. Se trata de una entrevista sobre aspectos literarios relizada por Juan Carlos Romero, que la envía a este blog para su difusión.
Leer la versión italiana de la entrevista
Por Juan Carlos Romero
¿A qué se dedica cuando no escribe?
Antes, desde los 20 años, me dedicaba a comprar motos y autos antiguos, los reparaba y luego volvía a venderlos. Milito en la hermandad masónica, donde siempre he sido muy activo, a lo que hay que sumar viajes al extranjero invitado por universidades, ferias del libro, congresos, festivales, etcétera. Desde que abrí el blog, dejé el negocio de automóviles para evitar que por algún resquicio me entraran buscando ilegalidades, porque en Cuba se vive fuera de la ley; que pudieran iniciar un proceso investigativo con el propósito de condenarme; al final sucedió por dónde menos lo esperé. Aparte de la escritura, la lectura es la mejor compañía, que considero lo más idóneo y saludable para el escritor.
 ¿En qué momento decidió que quería escribir?
En la cárcel.  A los 17 años acompañé a mi familia a la costa para despedirles, pues habían decidido irse en una lancha. Eso sucedió en 1984, ¡como la novela de Orwell!, algo tan absurdo como el libro. Estudiaba en los Camilitos e ingresaría al año siguiente en la escuela de cadetes Antonio Maceo. A mi familia la sorprendieron en  el mar y los sancionaron a 10 años de cárcel. Me apresaron por “encubrimiento”, quedando en libertad después de catorce meses de permanecer en prisión cuando finalmente me celebraron juicio, por no constituir delito entre hermanos y padres e hijos. En ese año y dos meses, encontré la necesidad de escribir. Entonces, tenía el criterio que los escritores eran tipos flojos, respondiendo al patrón social de una cultura machista. Desde entonces me afané a la escritura; así lo siento ahora, en esta prisión, me parece una mina de diamantes, si pensamos creativamente.
¿Qué le aporta la escritura? ¿Y la literatura? ¿Piensa que vale todo en la literatura?
La escritura me aporta la justificación de la vida. La manera de sentirme útil a los demás. La literatura me brinda el combustible para escribir. Me da las herramientas para adquirir el oficio. Me asegura el aliento de que lo imposible, cuando se piensa en un proyecto creativo, es posible. Pienso que vale todo en la medida en que se sea honesto.
¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
Regalar un espectáculo literario, lo que hemos olvidado dentro de Cuba. Muchos escriben para los críticos, para la élite, olvidando brindar una experiencia que intente cambiar o ampliar el espectro de conocimientos del lector; a lo que hay que agregar, que una gran mayoría de los creadores nacionales, confeccionan sus textos evitando la censura y ser excomulgados del medio cultural de la Isla. El lector necesita que le escriban sin temores.
 ¿Qué género es su favorito en lectura? ¿Y sus autores? ¿Quiénes le han influido?
La poesía, es la semilla de las artes. Los poetas primero. Luego la narrativa. Vargas Llosa, Rulfo, Isaac Babel, Hemingway, Dostoievsky, Kafka, Martí, Gorki. Todas las lecturas influyen, los de la lista han calado más profundamente.
¿Cuál es su método de trabajo? ¿Anota lo que se le ocurre?
Me siento a escribir con una emoción que por lo general se alimenta de una oración o una imagen. Luego, como un acto mágico, alguien dicta con una coherencia sorprendente. No anoto, todo  surge en el acto creativo.
¿Si pudiese ser un libro, cuál sería?
Un libro que cuente el horror que ha vivido el pueblo cubano en esta dictadura por más de medio siglo.
 ¿En qué proyecto se encuentra sumergido en estos momentos?
En muchos, por eso soy feliz. Termino de revisar dos novelas, concluyo otra; escribo cuentos que surgen constantemente; un guión cinematográfico, llevo el blog. El día no me alcanza y eso me preocupa.
¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
Se escribe por necesidad; lo demás es intrascendente, sin negarle la importancia que tiene.
 ¿Domina los recursos de estilo, las figuras literarias, o escribe con estilo propio y sigue experimentando y aprendiendo?
Los domina el subconsciente, están asimilados. Escribo, supongo que es muy temprano para hablar de un estilo propio, y además no me corresponde: ese es el trabajo de los críticos y académicos. Lo que sí puedo asegurar es que experimento y, sobre todo, aprendo.
Se habla de que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o encuentra bien que lo que se cuenta se limite a contar cómo se cuenta en las sobremesas.
La literatura no es como contar una historia a los amigos en la sala de tu casa o en un café. El recurso narrativo es el estudio y lecturas asimiladas que forma el oficio.
¿Regala libros en alguna ocasión?
Es mi regalo favorito, siempre doy libros,  y el que más me emociona al recibirlo.
¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública, tiene responsabilidad social?
No soy un profesional en marketing, y menos en Cuba que se desconoce lo que se publica internacionalmente. Supongo, por el silencio, que Cuba no esté de moda. El escritor sí tiene responsabilidad social; al menos me gusta pensar así, y asumo el precio por cumplir.
¿Cómo le ha cambiado el mundo la tecnología?
Pienso que para bien, así ha sido en mi caso. Dicen que acabara con el libro impreso. Siempre dicen.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria?
No lo sentí, y me resistí cuando mi hermano mayor me lo sugirió al leer una carta que le escribí. Me ofendió. Luego, cuando descubrí que era mi pasión, recordé libros que aparecieron en mi casa de manera misteriosa. Nunca he sabido quién los llevó, pero fueron mis primeras lecturas: El Conde de Montecristo, Los Miserables, La Isla del Tesoro, Veinte mil leguas de viaje submarino, Tom Sawyer, El zorro, El corsario negro, Robin Hood. Esas lecturas juveniles me marcaron; algún duende desparramó a mi paso esos libros mágicos que pocos han superado después, y que sirvieron de germen al escritor. Desde niño fui muy imaginativo, pero nunca sospeché que me dedicaría a escribir, que sería mi vocación, según recuerdo.
¿Lamentas que tu vida literaria se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
Nunca he sido propenso a lamentarme. Lo detesto. La vida viene como es y se vive, nos crecemos en el tiempo y en el medio que nos toca vivir.
¿Cree que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
Supongo que suceda en todas las culturas; es muy difícil mantenerla alta, siquiera la mayor parte del tiempo porque incide, entre otras motivaciones, la población percápita y el nivel de lectura, entonces, la producción de libros puede ser mayor o menor. Pero particularmente, en Cuba, hay que valorar razones extraliterarias, políticas culturales y gubernamentales que no ayudan al fortalecimiento, profundización y calidad de la obra; por el contrario, tienen más peso los aspectos políticos, que mantiene en retroceso constante el desarrollo literario nacional. Algunos escritores se desalientan al escribir para las gavetas, o pierden el camino, o terminan claudicando, escribiendo para ser publicados por las editoriales nacionales y luego formar delegaciones culturales al exterior.
¿Qué libros han cambiado su vida?
Luego de aquellas primeras lecturas, los míos, y para mal, porque desde mis primeros cuentos la Seguridad del Estado me fichó, pasé a su listado de escritores peligrosos, y me perseguían en los concursos para que no fuera premiado.
La nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de emigrar. ¿Tienes la obsesión de emigrar o te conformas con obtener tu libertad y seguir en tu país?
En cuanto a viajar, he visitado varios países del continente americano; en Estados Unidos he estado en más de una ocasión; en Europa, y siempre he tenido la invitación y las condiciones necesarias para quedarme en el exterior; pero también siempre he tenido un compromiso especial, particular, sentimental, de obligado rigor al tener la convicción que aquí está mi lugar. Muchos vaticinan que la propuesta para liberarme será ofrecerme el exilio, desde ahora respondo rotundamente que NO; solo aceptaría marcharme si en ese avión viajan conmigo Fidel y Raúl Castro.
¿Ha tenido que esquivar la censura en sus escritos?
Esquivarla y sufrirla. En 1992, la Seguridad del Estado llamó al jurado del concurso Casa de las Américas, participaba en el género de cuento, para que se me retirara el premio luego de que me hubieran dado la noticia que había resultado ganador. Esa misma institución confeccionó un dossier sobre escritores de mi generación, para el que pidieron un cuento, yo entregué cinco, por conocer el procedimiento de la censura, y así y todo no me incluyeron por razones extraliterarias. Cuando en el 2006 no pudieron evitar que me premiaran, con el libro Dichosos los que lloran, prohibieron que el libro entrara al país hasta el 2008, pues su presidente, Roberto Fernández Retamar, había advertido que “mi libro removería los cimientos de la Casa de las Américas”. La sufrí antes con mi libro Los hijos que nadie quiso, premio Alejo Carpentier 2001, a partir de una carta de la Asociación de Combatientes de Cuba, donde lo tildaron de contrarrevolucionario, y cuestionaban su publicación. En el premio UNEAC de 1995, el libro tardó tres años para salir, y vio la luz, solo cuando acepté quitar cinco cuentos. Así y todo, lo publicaron con una carátula de pésima calidad comercial, que recordaba una caja de detergente. En Morón, en la última feria que participé en el 2009, la Seguridad del Estado me desalojó del hotel donde me hospedaba, sin importarles que era invitado por el Centro del Libro de la provincia. Esa noche tuve que dormir en casa del taxista, y al día siguiente abandonar el evento.
¿Hay algún género más eficaz para transcribir la realidad cubana?
No hay género más eficaz, todos son importantes e inciden fortísimo en la realidad cubana; los que veo más descollante y sólidos en las artes en general, son el cine, el teatro y la música popular. La literatura ha quedado rezagada por el miedo que han institucionalizado en los escritores, a la par de las dádivas con que los compran.
¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura? ¿Cómo se puede suplir este vacío?
La política cultural y la política solo se interesan por los estudios históricos contemporáneos sobre la generación que tomó el país en 1959. Nos han sesgado la cultura, la economía, el arte libre y espontáneo, la honestidad, el país en general. Para recuperarlo hay que esperar un cambio social. Ninguna dictadura ha sido buena, sobre todo para las artes.
¿Sin memoria no hay imaginación?
Según para lo que se quiera esa memoria. Pero el escritor se crece, no le importan los obstáculos; y la memoria se puede ocultar, retrasar, omitir, perseguir, reprimir, pero siempre florecerá. La memoria no olvida, y luego en libertad, saldrán muchos libros, memorias que duermen y esperan el amanecer.
En las novelas y cuentos se mezclan hechos reales con hechos inventados; no obstante, viendo la parte importante de realidad que aparecen en tus cuentos, uno puede pensar que la realidad supera la ficción.
La realidad siempre supera la ficción; de hecho, uno de los grandes retos del narrador es hacer verosímil algunos pasajes reales, pues aunque los haya vivido, tenido la experiencia cercana, algunos son imposibles de escribirlos. La expresión de que “Kafka se quedó pequeño con la realidad cubana”, no es por gusto. Rebelión en la granja es un ejemplo tácito de ello.
¿Qué objetivos persiguen sus libros?
Los libros no deben nacer persiguiendo un objetivo, salvo el compromiso de ser artístico. Si eso se logra, entonces ellos solos buscan su destino. Si el arte no prevalece, será un libro olvidado, pasará sin penas ni glorias, por mucho que se invierta en su promoción. Si artísticamente son logrados, entonces podrán ser didácticos, denuncias, políticos o apolíticos, lo que deseen, pero no viceversa. Particularmente me gustan que incidan en la realidad, que cuestionen mi tiempo, que sean voces de mi generación, que denuncien, que arremetan contra la dictadura, y sobre todas las cosas, que a pesar de todo, brinden un rayito de esperanza, si no por su temática, al menos por lo osado de escribirlo, de arriesgar su estabilidad emocional y física.
¿Qué mensaje desea trasmitir a los cubanos en este 2013?
Que el muro se mueve, todos hemos empujado un poquito, pero este año es decisivo y aunando los esfuerzos lo moveremos en menos tiempo, que solo depende de nosotros. Que es incierto que existen emigrantes económicos: si no existiera una dictadura, además inepta, no tendrían que buscar fortuna en otras latitudes. Que es incierto también que alguien sea apolítico, menos los cubanos que nos gusta opinar, dar nuestro parecer, además, está demostrado que el silencio también es una actitud política, una posición  partidista, como la anarquía. Los que permanecemos dentro de Cuba, emitimos el grito de dolor, y ustedes desde el exterior ponen la voz para que sea escuchada por el mundo. Dios no los puso allí por gusto; en cada espacio y rincón donde se encuentran, deben estar en pie de lucha por Facebook, blog, Twitter, correo, espacios de opinión, y cuanto medio de divulgación haya. Sin ustedes, el grito no se completa, y José Martí, que soñó para todos los cubanos, cuenta con todos y cada uno de los nacidos en este archipiélago para realizarlo.