dimarts, 10 de desembre de 2013

Entrevista al escritor cubano Enrique del Risco
 por Juan Carlos Romero Mestre
en la Revista Hispanoamericana de Cultura OtroLunes

En qué momento decidió que quería escribir?
Empecé a escribir en la adolescencia en respuesta a pulsiones muy concretas: algo que creí una injusticia o una falsedad, deseos de competir con alguien, alguna muchacha. Más tarde empecé a colaborar con textos humorísticos en publicaciones periódicas. No comencé a escribir “en serio” sin embargo hasta que, en medio de aquella debacle que llaman graciosamente Período Especial, muchas de esas publicaciones desaparecieron y por tanto también esa comunicación inmediata con el lector. Entonces me di cuenta que, no obstante, no podía (o no quería) dejar de escribir pero al mismo tiempo debía enfrentarme al hecho de la escritura de otra manera, como si los lectores que alguna vez dieran con lo que escribía no tuviesen por qué saber en qué circunstancias mis textos habían sido escritos. Y yo creo que ahí está el origen de lo literario, cuando se adquiere la conciencia de que el cómo es mucho más importante de para quién o para qué
¿Qué le aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura? 
La literatura me aporta paz y al mismo tiempo inquietud, esa que viene con la obligación de ver la realidad más allá de las convenciones, de la conveniencia o de los rencores personales. Y dicho esto se puede decir que en literatura vale todo siempre y cuando no sea obviamente falso o demasiado fácil (como matar a un niño no por necesidades de la historia sino como el modo más cómodo de conmover al lector).

¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?

Eso depende de los lectores. Y claro, el modo en que se escribe es un indicador del tipo de lectores que se está buscando. En mi caso busco lectores a los que no les interese que los impresione por lo que les parezca yo como escritor sino por la historia que tienen en las manos. Eso sí, siempre busco sorprenderlos. No con un misterio más o menos obvio pero sí con el lenguaje, con la densidad de los personajes, la intensidad de la trama y con cierta perspectiva de la vida más o menos personal e intransferible.
¿Cuales son sus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes le han influido más?
No tengo géneros favoritos si hablas de subgéneros como el policiaco, la novela histórica, la ciencia ficción, etc. El género entendido como un sistema de convenciones que se cumplen con más o menos lealtad termina siendo aburrido tanto para el autor como para el lector. Hubo una época en que me gustaba más el cuento que la novela y ahora me producen -por razones distintas- más o menos el mismo placer. Aunque desde siempre me han gustado los libros históricos, las biografías, el ensayo literario, últimamente también he descubierto cierta propensión por las memorias, los libros de entrevistas a autores con algo interesante que decir o los epistolarios. Y claro, la buena poesía que es una parte ínfima de la que se produce pero sin la que la literatura y hasta la vida toda no tendría sentido. Y la filosofía de la que se puede decir casi lo mismo que de la poesía. Los autores que me han influido han sido muchos aunque no estoy seguro en qué proporción su influencia se hace notar en mi escritura. Uno va llegando a la edad en que ve la influencia como algo lejano e inexplicable (¿Cómo fue que este o aquél en algún momento me impresionaron tanto?) pero sospecho que es algo que no deja de estar ocurriendo. Es algo así como mencionar todas las comidas que uno ha disfrutado y encima determinar cuánto han intervenido en tu desarrollo físico.
A qué se dedica cuando no escribe?
Más bien es al revés. Cuando no estoy dando clases en la universidad, haciendo cosas con mi familia, cocinando, leyendo, viendo películas, yendo a museos, galerías o pasando ratos con amigos es que por fin me siento a escribir. Me quitan tiempo de escribir pero me nutren como escritor y sobre todo como persona. Técnicamente no soy un escritor profesional así que escribir sigue siendo mi máxima diversión, un vicio al que dedico casi todas mis vacaciones que en el caso de los profesores son larguísimas.

¿Cuál es su método de escritura? ¿Anota lo que se le ocurre?
No tengo mucho método y es algo que trato de subsanar. Para los cuentos me basta algún apunte en el que por lo general está el germen de toda una historia. Una frase formada de elementos que al reaccionar entre sí desencadenan todo lo que tengo que contar. Las novelas sí requieren de algo más de disciplina y hasta un tipo tan desorganizado como yo tiene cuadernos llenos de apuntes sobre personajes, escenas, situaciones, frases observaciones y un diagrama de la estructura de la novela que parece un plan de batalla. Prepararse a armar algo que parezca más real que la propia realidad durante más de doscientas cuartillas no es poca cosa.
¿Si pudiese ser un libro, cuál sería?
No me gusta la idea de ser un libro, un objeto siempre tan expuesto al abandono, al maltrato o a la adoración idiota pero puestos a escoger un estilo, una manera de ser, sin dudas preferiría ser El Quijote, ambas partes quiero decir. Entretenido, divertido, largo, intenso, serio, complejo, profundo y ligero al mismo tiempo. Conseguir ese tono en el que las cosas más importantes se dicen sin esfuerzo aparente ha sido siempre mi mayor ambición.

¿En qué proyecto se encuentra sumergido en estos momentos?
Como ya he contado otras veces se trata del proyecto más ambicioso en el que me haya inmerso hasta ahora: una trilogía que tiene como eje la presencia cubana en la zona en la que vivo desde hace años: la Trilogía cubana del Hudson la llamo. Tres novelas en tres siglos distintos centradas en tres formas artísticas distintas: la literatura, la música y las artes visuales. No dejo de recordarle a cualquiera que me pregunte que buena parte de los principales símbolos de la nacionalidad cubana se crearon a orillas del Hudson: el escudo, la bandera, la novela fundacional del siglo XIX “Cecilia Valdés”, el Partido Revolucionario Cubano, los “Versos sencillos”. También por acá Ignacio Cervantes compuso algunas de sus danzas más hermosas y se hicieron buena parte de las grabaciones más importantes de la música cubana desde el Trío Matamoros a Paquito D’Rivera. ¿Sigo
¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
Por dinero se escribe para un mercado vasto como el norteamericano o para el mercado en español cuando Latinoamérica era todavía un continente. O cuando vendes los libros en el Primer Mundo y vives en un sitio donde el dinero rinde decentemente como en Ruanda o Mantilla. Lo cierto es que hay otras formas mucho más eficientes y honrosas de ganar dinero como vender carros o traficar con cocaína. Eso por tanto nos evita a muchos escritores uno de los pecados capitales, la avaricia, como motivación para escribir pero no otro como es el de la soberbia (traducido por ti como reconocimiento). Y claro que hay placer en escribir o en darte cuenta que tal frase o tal página que no suena mal la escribiste tú pero para estar machacando teclas durante décadas se necesita –a falta de dinero- un motivo más fuerte incluso que el placer. Voy a definirlo como una suerte de compulsión -parecida a la que te hace caer en cualquier otro vicio- con la diferencia que esta te obliga a inventarte situaciones, vidas, mundos mediante un intenso trapicheo de palabras.

¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?

Nadie que se tome este trabajo más o menos en serio te dirá que lo hace mediante el dominio de ciertos recursos o figuras, incluso aunque sea cierto. Escritor que no trate de reinventarse todo el tiempo –lo de tener un estilo o no es secundario- está muerto y dudo que exista alguno que acepte reconocer que es un cadáver porque como se sabe los cadáveres no hablan.
Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa.?
En todas partes se usan recursos narrativos: da igual que sea en una novela o sentado alrededor de una mesa. Y la simplicidad de un texto escrito puede y debe ser tan laboriosa como la prosa más alambicada. La diferencia es que las historias de sobremesa tienen todo a su favor: la buena compañía, el placer del hartazgo, el embotamiento de los oyentes y la tendencia de la memoria a exagerar aquello de lo que no guardamos copia exacta. Para competir con una buena historia de sobremesa (o con aquellas historias amasadas por generaciones y contadas alrededor de una hoguera) al escritor no le queda otro remedio que contar con todos los recursos e invenciones de que pueda disponer independientemente de que el resultado sea sencillo o complejo en apariencia.
¿Regalas libros en alguna ocasión?
Regalo libros, por supuesto. Y música. Eso junto a los sombreros y las corbatas siempre vienen bien sin importar que el receptor haya subido o bajado de peso.

¿Crees que la literatura cubana esta de moda?
Más que la literatura cubana creo que lo que estuvo de moda fue el tema “Cuba” sobre todo en los 90s. Hasta entonces Cuba había sido más que nada el escenario de libros de viajeros maravillados con el paraíso. Es curioso que cuando todo aquél espejismo se esfumó, Cuba se convirtiera en carne de ficción de medio mundo, no sólo de los escritores cubanos. Si pensamos en Dante podríamos concluir que los infiernos son más estimulantes para la ficción que los paraísos o hasta los purgatorios. El entusiasmo se aplacó luego pero Cuba, con todo lo que evoca, (nostalgia por el paraíso, miseria, sexo a raudales y a precios módicos, el salvajismo que suspende cualquier reclamo de verosimilitud, música, etc) ha incrementado su atractivo en su condición de mina narrativa para el que quiera aprovecharla. Y eso lo veo muy bien. Lo que no veo tan bien es que obliguen a alguien -por el hecho fortuito e irremediable de haber nacido y vivido allí- a repetir esos tópicos.

¿Crees que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?
En una sociedad “normal” (recordemos que la autocracia sigue siendo la norma en este mundo) con instituciones democráticas, prensa independiente, etc., el único deber del escritor es escribir bien. (Entiéndase escribir bien no como escribir bonito sino como una escritura relevante, subversiva en algún sentido con respecto al lenguaje y el resto de las convenciones sociales). Intervenir o no en la esfera cívica es su opción de la que hace uso con toda la libertad que le sea posible, como cualquier otro ciudadano.
En cambio en una dictadura las instituciones que mencionaba antes no existen y un escritor antes de publicar la primera letra debe preguntarse cómo es que a su gremio –me refiero al de la creación artística en general- es al único al que dejan expresarse con alguna libertad, aunque sea para referir sus miedos infantiles. Y la respuesta no es que las dictaduras tienen una especial debilidad por tu talento para contar cómo te orinabas en la cama. La única respuesta honesta es reconocer que eres víctima de un chantaje para silenciar a todo un pueblo. O lo aceptas o te resistes
Las opciones –por supuesto- no son fáciles porque ya conocemos todos lo recursos de que dispone el poder si te le resistes (entre ellos el tiempo que es el recurso más disuasorio de que dispone: una buena dictadura es lo más parecido a la eternidad que podemos producir los humanos). Por otro lado la vergüenza de aceptar algo en lo que no crees suele provocar daños irreparables incluso en la capacidad creativa algo que tanto depende de la autoestima porque no hay que olvidar que todo creador al menos en el momento de la creación debe pensarse como alguna variante de dios. En cualquier caso la de la rendición- resistencia es una disyuntiva perversa que debe enfocarse con mucho cuidado cuando se está en esa situación y mucha humildad cuando se le juzga desde afuera. Hay que pensar que las denuncias, aunque necesarias en el plano cívico, tienen escasa vida literaria pero aún así entre el panfleto y el colaboracionismo hay todavía bastante espacio para crear. Exigir deberes fuera del de escribir bien se parece mucho a la exigencia de respaldo por parte de las dictaduras. Ninguna respuesta es fácil a excepción del oportunismo de llamarse apolítico cuando el poder atropella y luego darle todo tu apoyo cuando te lo pide.

¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?

Debo de haber sido de los pocos escritores cubanos que en principio no le hizo ascos a la nueva tecnología y de los primeros que tuvo un sitio web estable (desde el 2001). Además tengo una larga historia de colaboraciones con publicaciones virtuales y desde el 2007 llevo un blog (www.enrisco.blogspot.com). Al contrario de muchos escritores no soy tecnófobo pero aún así sigo siendo torpísimo si de tecnología se trata. Por otro lado no creo que nada de eso haya afectado mi manera de enfocar lo literario. Mis libros los sigo concibiendo como objetos de papel aunque el último (Siempre nos quedará Madrid) ya cuente con edición electrónica. Para el mundo virtual he dejado mi escritura más urgente, la que busca un contacto más inmediato con mis contemporáneos. Y sí, tengo un par de tabletas electrónicas (kindles) y en ellos he leído un 20% de los libros que he leído en los últimos tiempos.

¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuales son tus verdaderos orígenes en ese sentido?

No, no creo que haya nacido con vocación literaria si por ello se entiende que desde que tengo memoria me sentía destinado a ser escritor. Crecí rodeado de libros, era un lector voraz desde pequeño, mi madre que es profesora de literatura me recitaba a Sor Juana Inés y César Vallejo incluso antes de que aprendiera a leer pero no creía que eso me predispusiera a escribir en la misma manera en que ver películas no me predisponía a hacer cine. Mi vocación de niño era la Historia y esa fue la carrera que cursé en la Universidad de La Habana. Fue más bien tarde que me di cuenta que en Cuba no tenía la más mínima posibilidad de ser historiador –sobre todo de la historia más reciente que era la que más me importaba- frente a un poder que tenía el control absoluto de los archivos. Cuando me di cuenta de eso ya había escrito bastante así que la deriva hacia la literatura, dados mis antecedentes, fue bastante natural. Y de paso saldé mis deudas como mi primera vocación escribiendo “Leve Historia de Cuba”.

¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
Ya te hablé antes de lo estimulante que puede ser el infierno para la creación literaria y encima tuve la suerte de escapar de él antes que me achicharrara. Luego incluso tuve la suerte de poder hacer la digestión de aquella experiencia en dos sitios tan estimulantes como Madrid y Nueva York. La verdad es que no tengo razón alguna para quejarme.
¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
Una literatura producida por una nación relativamente joven constituida por trece millones de personas debe sentirse afortunada si de vez en cuando aparece un escritor que valga la pena y en eso hemos tenido mucha suerte. La mala suerte ha sido en casi todo lo demás, empezando por la política. Los últimos veinte años -si es lo que te interesa saber- no han sido los mejores pero -sobre todo si se tienen en cuenta los veinte años anteriores a esos- tampoco los peores.
¿Qué libros han cambiado tu vida?
Cada vez creo menos en la idea de que un solo libro te cambie la vida. Definitivamente. Lo que sí hacen es estremecértela y luego de ese estremecimiento dejan sedimentadas correcciones de tu visión de las cosas. Y eso está pasando todo el tiempo. Tendría que hacerte la historia de mi vida contada por mis libros y habría que empezar con L”, O”, luego Julio Verne y Salgari, Las mil y una noches, el Decamerón de Bocaccio (lo leí muy niño y aunque fue muy especial apenas afectó mi inocencia sexual), todo Mark Twain y luego los humoristas cubanos como Pablo de la Torriente Brau, Behemaras y Zumbado y de casi cualquier parte como Woody Allen, Slawomir Mrozek, Augusto Monterroso, Kurt Vonnegut, Hasek. También en la adolescencia me impactó todo Salinger (que no es mucho) y luego Vargas Llosa, El otoño del patriarca de García Márquez (que me explicó la naturaleza del castrismo como ningún otro), todo Kundera empezando por La broma, las novelas de Hrabal, los cuentos de Raymond Carver por supuesto, los de Arreola, Chéjov, Kafka, Borges, Onetti, Mishima, Kapek. Nuevas inquisiciones de Borges me deslumbró desde las primeras líneas como el Quijote porque es de esos libros que te cura la bobería ilustrada de que los humanos evolucionamos. Ya allí está todo inventado de ahí que pese al lenguaje nos parezca tan contemporáneo. Faulkner con su Luz de agosto, Nabokov con Lolita. La literatura rusa del XIX de Gogol a Tolstoi y El maestro y Margarita de Bulgakov, el Menos que uno de Joseph Brodsky, los Relatos de Kolimá de Shalamov  y últimamente las memorias de Nadezdha Mandelstam. También la trilogía Los sonámbulos de Hermann Broch y las memorias de Sandor Marai. Y claro que me olvido de un montón que me pudieron impactar en su momento tanto o más que los anteriores pero suerte casi todos están muertos.Pero si hablamos de impacto, de cambio en la vida nada como un par de párrafos sobre el general Antonio Maceo que al terminarlos allá en primer grado me di cuenta de que ya sabía leer un texto y entenderlo y que en lo adelante el acceso a los libros iba por mi cuenta.
El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
Dejé el país en un estado tan desastroso, me hicieron ver con tanta claridad que yo sobraba allá, que la nostalgia no es precisamente una obsesión para mí. Si a eso sumas que he podido sacar a mi familia y que la gran mayoría de mis amigos se han ido te darás cuenta que en mi caso la nostalgia es un lujo que no me interesa permitirme. Si me interesa aparecerme en Cuba es para entender de primera mano qué es lo que ha cambiado, parparlo por mí mismo. Sin embargo el tránsito por los consulados y aduanas todavía se me hace un trámite insoportable de sólo pensarlo.
¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
En Cuba uno tenía la conciencia de que había nombres que no podían pronunciarse más que para alabarlos y aún así con mucho cuidado. De modo que cuando se trataba de Fidel Castro tenía la precaución de poner “el Presidente”, uno de sus eufemismos oficiales. Los editores o dejaban pasar las alusiones si no eran muy evidentes o si el texto no les dejaba otra opción no lo admitían y eso me ocurrió varias veces. Una vez le mentí descaradamente a uno de esos editores- censores diciéndole que el león que despanzurraba a un conejo en una fábula no aludía a Fidel Castro sino a Robaina, el canciller de entonces y aliviado –supongo- por la propia mitología castrista de que todo lo malo en Cuba pasa por culpa de los subalternos me lo dejó pasar. Esa fue la única vez que esquivé a la censura. Todas las demás veces o me censuraban o me dejaban pasar los textos porque tontos –en general- no eran. Si pecaban de algo siempre fue de sobreentender los textos más que el más sutil de los críticos no de timidez interpretativa.

¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
Eso depende del escritor. Hay géneros que no son recomendables como el panfleto o la propaganda descarada pero eso vale para cualquier otra realidad.
¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura?; cómo se puede suplir este vacío?
Sí lo creo, lo he dicho públicamente y hasta he tratado de cumplir mi parte con mis memorias madrileñas. Por otro lado he visto en los últimos años una persistente tendencia a la evocación tanto dentro como fuera de Cuba de figuras y fenómenos del pasado reciente. Para poner ejemplos concretos han aparecido no pocas biografías de músicos, monografías sobre géneros musicales y hasta un diccionario de la música. Lo que se echa en falta es lo disparejo del esfuerzo, lo mal preparados que están muchos autores para enfrentar el tema de que se trate, la cursilería rampante en algunos casos, el afán de pasar la cuenta a viejos enemigos en otros y el miedo que permea cualquier visión de conjunto y lo mal editados que están en general. Eso entre los de adentro con las honrosas excepciones de siempre. En los de afuera detecto apuntes muy prometedores pero que raramente llegan a cuajar. En general son proyectos poco atractivos desde el punto de vista comercial y suelen requerir de un apoyo institucional, una estabilidad de algún tipo que muchas veces no existe.

¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
Dije no hace mucho en una entrevista que sin memoria no hay imaginación y sigo estando de acuerdo con eso. La imaginación, está claro, no sale de la nada. Si quieres otra frase te diría que la imaginación es la que se encarga de rellenar la brecha que hay entre la memoria y el deseo y eso lo hace sobre variaciones y recombinaciones de los recuerdos.
Ahora bien, el adjetivo “histórica” lo cambia todo porque se refiere a un pasado colectivo y, tratándose de mucha gente con un mínimo común denominador tan vago como haber nacido aproximadamente en el mismo sitio o pertenecer a la misma especie a veces el olvido es más importante para alimentar la imaginación colectiva que la misma memoria.

¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte del período de exilio?

Vivo en West New York, New Jersey separado de Manhattan apenas por el río Hudson. O sea que en términos cubanos trabajo en La Habana pero en realidad mi casa está en Regla así que disfruto mucho de esa doble vida entre el barrio (y ese mundo íntimo de amigos que hemos construido allí) y el cosmos que es Nueva York. En Nueva York trabajo, voy a conciertos, exposiciones, al teatro, paseo, voy a restaurantes, me encuentro con otros amigos, les enseño la ciudad. Aquí en el barrio –cuyas dos manifestaciones culturales más importantes son comer en los restaurantes locales y tirarle fotos a Manhattan- en ese aspecto tan personal como es el de la convivencia he podido hacer lo que en La Habana sólo pude hacer a medias: que mi casa se convierta en una suerte de centro de reunión de gente querida y cercana. Más no puedo pedir.
Qué objetivo persiguen sus libros?
Mis libros -como cualquier libro- son un diálogo con los muertos, con los que no han nacido y con los que están todavía vivos. En ese diálogo uno intenta imprimir a su voz de una tonalidad, unas preocupaciones y una visión lo más personales posibles pero sin que al mismo tiempo dejen de ser comprensibles. En el Museo Metropolitano de Nueva York hay un templo del antiguo Egipto de hace unos dos mil años. Pues en las columnas se pueden ver perfectamente las inscripciones de visitantes de principios del siglo XIX. “Leonardo, 1812” y letreros por el estilo. Uno podría pensar que ese tal Leonardo trató de establecer un diálogo con el pasado representado en ese templo y con el futuro encarnado por visitantes al museo como yo mismo. Sin embargo frente al misterio del templo todo lo que me dice el tal Leonardo es que había conseguido llegar hasta Egipto, que sabía escribir su nombre, que sabía contar y que tenía muy poco respeto por aquellas ruinas. Traigo esto a colación porque mi idea de un diálogo literario verdadero es que la voz con la que uno interviene debe –sin ser sumisa a las expectativas que existen al respecto- estar a la altura de esa conversación. Escribo convencido en que si no lo hago yo alguien lo va a hacer por mí (con otra voz, otro tono, otros intereses) y seguramente no saldré muy complacido de la imagen que ese alguien dará de mí, de mi tiempo. Por tanto si voy a hablar deberé hacerlo con cierto sentido del humor, con cierta ironía o con cierta distancia (que es lo mismo), de las cosas que más me molestan y las que más me complacen. Debo demostrar la capacidad que tenemos la gente en este tiempo de referirnos al mundo sin engolar la voz y al mismo tiempo no ser decididamente chabacana, de escribir con un mínimo de pudor evitando a partes iguales la insensibilidad y el patetismo.
¿Qué mensaje desea trasmitirle a los cubanos y a sus lectores en el próximo año 2014?
Sigamos en contacto.















 

diumenge, 8 de desembre de 2013

Entrevista de Juan Carlos Romero publicada en CubaEncuentro


 

Teresa Dovalpage nació en La Habana en 1966 y ahora vive en Taos, Nuevo México. Tiene un doctorado en literatura y escribe indistintamente en español e inglés. Es autora de A Girl like Che Guevara (Soho Press, 2004), Muerte de un murciano en La Habana (Anagrama, 2006), Habanera: A Portrait of a Cuban Family(Floricanto Press, 2010), El difunto Fidel C. (Renacimiento, 2011) Llevarás luto por Franco y otros elatos(Atmósfera Literaria, 2011), La Regenta en La Habana (Edebe, 2012) y Orfeo en el Caribe (Atmósfera Literaria, 2013). Fue finalista del premio Herralde de Novela 2006 y ganadora, en 2009, del premio de Novela Corta Rincón de la Victoria.

¿En qué momento decidió que quería escribir?
Teresa Dovalpage: No siempre es fácil ubicar exactamente cuándo ocurre el descubrimiento de la vocación literaria (o de cualquier vocación) pero sí recuerdo que desde niña fui una lectora impenitente, así que di el salto de lectora a escritora casi sin darme cuenta. Un día, siendo adolescente, me senté a escribir… y todavía no he parado. De aquel primer experimento salieron unos cuentos horribles y sin pies ni cabeza, según mi madre. Pero ya no había vuelta atrás: la escritura se inocula en la sangre, es como un virus del que no te puedes librar. ¿Qué le aporta la escritura? ¿Y la literatura? ¿Piensa que vale todo en la literatura?
TD: Tanto la escritura como la literatura me permiten ver al mundo en una escala diferente, a través del prisma de las letras, ya sean las de otros escritores o las propias. La literatura (y la posibilidad de participar en ella) es el mejor regalo que he recibido de la vida. Sí, pienso que todo vale en la literatura, al igual que en cualquier otra manifestación creativa, si se hace con rigor y dignidad artística

¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
TD: No creo que haya reglas estrictas pero debe contar bien una historia y, de alguna manera, atrapar al lector desde el primer párrafo para que no cierre el libro y salga de estampía a ver una película o a poner un videojuego. Ah, los escritores tenemos mucha competencia…
¿A qué se dedica cuando no escribe?
TD: Soy profesora en la Universidad de Taos, Nuevo México y columnista para el periódico local Taos News. Como son empleos a tiempo parcial, no resultan demasiado difíciles de compaginar con la escritura. Aparte de eso, siempre estoy escribiendo, ya sea físicamente, frente al teclado, o en mi mente, ordenando escenas y personajes.
¿Cuál es su método de escritura? ¿Anota lo que se le ocurre?
TD: Antes hacía anotaciones en un cuaderno, ahora las hago en mi iPad. Pero, por desconfianza, las imprimo luego, si me parecen de veras importantes. ¡No hay que confiarse mucho de estos aparatitos electrónicos! Después de revisar las notas, decido si me van a servir de algo, y las uso en algún argumento nuevo, o las intercalo en lo que esté escribiendo en ese momento, si viene al caso. Escribo casi siempre de noche, lechucilmente, cuando todos duermen en casa y puedo disfrutar de una santa tranquilidad por tres o cuatro horas. Si pudiese ser un libro, ¿cuál sería?
TD: Una saga de ciencia ficción que describa un universo inexistente, pero posible. La ciencia ficción me encanta, aunque sólo me he atrevido a dar unos pasitos tímidos en el género.
¿En qué proyecto se encuentra sumergida en estos momentos?
TD: Precisamente dándole los últimos toques a un par de cuentos de ciencia ficción…Como te decía, estoy incursionando, poquito a poco, en un género que tiene posibilidades infinitas. ¡A ver qué sale!

 ¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
TD: Escribo por placer, claro, pero también por reconocimiento (¿a quién no le gusta que le apapachen el ego?). Y por dinero, porque ¿con qué se compran los frijoles?
¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
TD: Una mezcla de las dos cosas. Creo que al principio se empieza imitando bien o mal el estilo y los recursos literarios de otros autores, y ya luego se van desarrollando los propios. Es una buena idea seguir experimentando y aprendiendo, para no repetirse.
¿Regala libros en alguna ocasión?
TD: Sí, siempre que el receptor de los regalos sea alguien a quien le guste leer. No quiero que los libros terminen llenos de polvo en cualquier rincón.
¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-Book?
TD: Definitivamente para bien. Después de usar una computadora, no me imagino volver a mi vieja (aunque fiel e inmune a los virus) Underwood. Por otro lado, el e-Book es una posibilidad magnífica de llegar a lectores de todo el mundo. Hace unos meses salió en Amazon Kindle una recopilación de mis artículos para Taos News titulada A Brief Guide to Taos ––Where to Eat, Shop, Work Out…
and More, publicada por Eriginal Books. Mi colección de cuentos The Astral Plane, Stories of Cuba, the Southwest and Beyond(University of New Orleans Press, 2012) está disponible también en formato electrónico.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria ?

TD: Pienso que todos nacemos con “dones,” o al menos con destrezas innatas a las que hay que desarrollar para que den sus frutos. De poco le serviría a alguien nacer con vocación literaria si no tiene la oportunidad de ir a la escuela y aprender a leer. En mi caso, desarrollé una inclinación a la literatura desde muy niña porque los libros eran una presencia diaria en nuestra vida familiar. Como te decía al principio, di el salto de lectora a escritora casi sin darme cuenta. Desde entonces trato de aprender lo más que pueda sobre el oficio de escribir para que mi vocación no se transforme en equi-vocación.
¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
TD: Muy interesante la pregunta. A veces siento curiosidad por saber cómo escribiría ahora si mi familia hubiera venido a Estados Unidos en los años setenta, como era su intención— intención que se frustró por razones que no vienen al caso. ¿Escribiría sólo en inglés? ¿Habría olvidado mi español? ¿Me habría sido más fácil publicar? Quién sabe… Como no es posible cambiar el pasado o inventarse una nueva trama de vida, procuro no lamentar nada y seguir adelante en el camino en que me encuentro. ¿Qué libros han cambiado tu vida?
TD: La Regenta, de Leopoldo Alas, The Bluest Eye, de Toni Morrison… Y muchos más.
El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
TD: No siento la más mínima nostalgia ni el menor deseo de regresar. Jamás he sentido la necesidad de volver a Cuba, ni con cambios ni sin cambios. No echo de menos las palmas, ni sueño con el Malecón, ni extraño el entremetimiento de los vecinos en las vidas ajenas. Si eso me hace parecer un bicho raro, pues qué se le va a hacer. ¿Ha tenido que esquivar la censura en tus escritos?
TD: No, porque desde que comencé a publicar lo he hecho en sociedades libres, donde mi única censora soy yo misma.
¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
TD: Todos los géneros artísticos son válidos para transcribir realidades de cualquier parte del mundo.
¿Qué objetivo persiguen sus libros?
TD: No pienso en objetivos a la hora de escribir ficción. Eso lo dejo para las clases de gramática (“el objetivo de la lección uno es aprender la conjugación del verbo ser”). Si tuviera que escoger una función de la literatura, ésta sería entretener; mantener el interés del lector de modo que no se vaya a surfear el Internet o encienda la televisión en busca de algo más jugoso. ¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte del período de exilio?
TD: Después de salir de Cuba he vivido solamente en tres ciudades y cada una tiene un significado especial. San Diego, a donde llegué al salir de La Habana, es la frescura de California, esa actitud del alegre surfista, “todo está bien y take it easy”. Albuquerque fue el encuentro con el suroeste, donde conocí la vida académica norteamericana y pasé años muy divertidos como estudiante de postgrado. Y Taos, donde vivo ahora, es un pueblo pequeño, artístico, marcado por las mágicas montañas Sangre de Cristo y por la nieve en los inviernos. Aquí he empezado mi carrera como periodista y es una de las mayores satisfacciones que he tenido en los últimos años.








dissabte, 16 de novembre de 2013

Amir Valle autor cubano nacido en Cuba 1967 , reside en Berlin
Santuario de sombras describe dramáticos y dolorosas anécdotas, tratando la marginalidad y el tráfico ilegal de las personas traspasando la ficción para parecer un relato de la realidad La metáfora del título de esta obra, las sombras son los testimonios reales recogidos entre supervivientes que han intentado atravesar el mar hacia estados unidos . Se podría definir la escritura de Amir Valle de literatura humanista, durante las 200 páginas de este premio novela criminal desgarradora y de denuncia con un narrador que interpreta vidas, protagonizada por un polícia solitario e investigador criminal alain bec y alex varga .intenta crear conciencia de una de las situaciones mas crueles que hay en su país , este mundo siniestro que es el de los balseros , familiares de víctimas que buscan justicia de los crímenes cometidos por un grupo de traficantes sin escrúpulos, estos los balseros son los verdaderos protagonistas de la novela que relatan sus dramáticas anécdotas y su dolorosa perspectiva
Una lucha que es dura y tiene momentos tremendos .El dolor de una gente que su único objetivo es salir de Cuba, un objetivo largamente planeado que es el exilio.
La novela tiene narradores diferentes uno por cada personaje principal que se implica en la búsqueda de la justicia , uno de los personajes muy impactante es el de Ignacio que cree que sus tres hijos y su mujer siguen vivos para ello Amir Valle le hace hablar en su novela " Santuario de sombras " en plural pero que no es un plural majestático sino que en la memoria de Ignacio estan todavía su familia , sigue pensando que todavía viven , tendrá que morir para que puedan estar juntos.
Los que han muerto,leyendo este libro " santuario de sombras " parece que están vivos Hay un momento curioso en la novela en la cual Amir Valle menciona a un personaje el cual es llamando Amir Valle ¿ autohomenaje ? lo dudo, como es la primera novela que leo de Amir Valle no capto el matiz pero reconforta leer hechos como los que ocurren en un país mitificado, muy mitificado por una izquierda europea .
No queda nada de aquel Fidel que encarnó los sueños ingenuos de los europeos.
El escribir sin miedo, sin censura con libertad eso si es uno de los sueños ingenuos de muchos escritores que viven en la isla.
Conrad decía que sobre todo escribía para que la gente viera , esta novela es para que la gente vea.
Dice Amir Valle que esta novela no se hubiera podido escribir si los verdaderos protagonistas no hubieran permitido con su ayuda todo el aporte de información, es un homenaje en definitiva a todos los que han cruzado o intentado cruzar hacia estados unidos
Escrito con emoción , emociona y entristece sin embargo su escritura es sóbria y para nada lacrimógena .Cuando uno escribe sobre algo tan cercano , sobre un país al que se quiere mucho tiene que estar en una realidad paralela porque sino cuando uno esta afectado no escribe . El escribir ficción ¿ es un refugio ? hay una mirada ficticia una mirada de la imaginación , el libro tiene verdadera vida.
Que aunque es su cuarta novela de la serie puede leerse independientemente .
Marta Farreras

diumenge, 10 de novembre de 2013

entrevista a Lidia Meriño


Juan Carlos Romero envía una nueva entrevista a un autor  literario cubano, en este caso a Lidia Meriño. 
entrevista hecha  : Por Juan Carlos Romero Mestre


 
Lidia Meriño (Pinar del Río, 1968). Poeta y narradora. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de  Cuba (Uneac). Graduada de Licenciatura en Español y Literatura por la Universidad Pedagógica de Pinar del Río (1990). Actualmente se desempeña como coordinadora general de la Revista Umbral de Villa Clara. Realiza la peña literaria infantil Los bolsillos de mamá, en la Librería Ateneo “Pepe Medina” de la ciudad de Santa Clara y coordina el Taller de creación y apreciación literaria con niños y adolescentes  La hojita suelta, en la Uneac.
Ha publicado los libros para niños y jóvenes: Villa Lomita, poesía (Editorial Cauce, 2002); En el estanque azul, poesía (Editorial Cauce, 2003) y (Grupo Editorial La Hoguera, Bolivia, 2010); Lloviendo, narrativa (Editorial El Mar y la Montaña, 2005); Cuando el tiempo salió a paseo, narrativa (Editorial Capiro, 2005) y (Ediciones UNIÓN, 2008); El libro de todas las lunas, poesía (Editorial Capiro, 2007); El día de par en par, poesía (Ediciones SED DE BELLEZA, 2008), Leche con espejuelos, narrativa (Editorial Cauce, 2009); Ciertos nombres de amor…y otros versos desesperados, poesía (Ediciones Matanzas, 2011) Sapoflaco, narrativa (Editorial Gente Nueva, 2012). Sus cuentos y poemas han sido publicados en las antologías: El camarón encantado. La vuelta al cuento infantil cubano en ochenta autores. Colección Islazul de la Universidad Católica de Pelotas. Brasil. Otro elefante en otra cuerda floja. Ediciones UNIÓN. Un, dos, tres…te cuento. Selección de autores pinareños. Editorial Cauce. La mar de cuentos. Cuentos de la mar. Editorial Gente Nueva. Tiempo de amar. Antología de cuentos de amor. Ediciones ALDABÓN.
¡Mucho más cuento…!. Ediciones UNIÓN. Vestida de mar y otros cantos de sirenas. Ediciones UNIÓN Cuentan que de amor un día. Editorial Cauce. Un tibio rumor. Editorial Cauce. Vuelve a cantar la cigarra. Editorial Gente Nueva. Las cuentacuentos. Editorial Gente Nueva.1, 2, 3 ¡Fantasmas a correr…!. Editorial Gente Nueva.
Ha obtenido menciones y reconocimientos entre los que destacan el Premio Alcorta, en el 2002, el Premio Regino E. Boti, en el 2004 y el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en el 2013.Sus poemas “Papalote azul” y “La espuma”  aparecen musicalizados en los discos  de la EGREM Raíces y Luceros Vol. II (Cantándole al sol, 1998) y Sonrisa azul Vol. I (Cantándole al sol, 1999), respectivamente. Textos de su libro Villa Lomita han sido adaptados para el programa de la TV cubana Claro Clarita.Tiene en proceso editorial el libro de cuentos para jóvenes Una vez en la orilla por la Editorial Oriente y el libro de poesía para adultos Vida del pez por la Editorial Capiro.

¿En qué momento decidió que quería escribir?
Cuando escribí los primeros textos no era consciente aún de que quería escribir. Fueron poemas creados con la intención de que fueran musicalizados para convertirlos en canciones infantiles. A partir de los dos primeros libros publicados comprendí que debía incorporar la escritura como un oficio, no ya como un mero hobby, sino que tenía que asumir la responsabilidad con aquellos que adquirieron y leyeron esos primeros textos.
¿Qué le aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?
La literatura me ha aportado, en primera instancia, una manera de adentrarme en la psicología humana, de explorar el mundo interior del ser humano, algo que no deja de ser sorprendente, misterioso. En un sentido más amplio la posibilidad de conocer sitios, costumbres, momentos históricos de culturas bien distantes a la de mi país.
La escritura me ha aportado un modo de vida, una actitud, el acercamiento a todo tipo de público donde he realizado lecturas de mis textos y presentaciones de libros. Gracias a ello he conocido también lugares impresionantes que de otra forma no hubiera podido visitar.
¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
Que cuente una historia que seduzca a todo tipo de lector de manera fluida y atrayente.
¿Cuales son sus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes le han influido más?
En realidad no tengo géneros favoritos, he disfrutado todo tipo de literatura más allá de géneros, estilos, épocas o movimientos literarios, por eso creo que mi respuesta tendría más que ver con los libros preferidos, sobre todo de narrativa de ficción y poesía.
He leído lo que me produce placer. Solo me obligué a ciertas lecturas que fueron imprescindibles en mi carrera. Tuve una estelar profesora de literatura latinoamericana, así que por ella conocí a los escritores del boom, pudiera aseverar entonces que dentro de esos libros que prefiero están algunos de los escritos por estos autores. Aunque reconozco que los textos que más he disfrutado de ellos los leí fuera de la carrera, exceptuando Cien años de soledad, una lectura a la que he regresado más de una vez. Así podría decirte que me deleito con las Historias de cronopios y famas de Cortázar o El amor en los tiempos del cólera del propio García Márquez. Libros reveladores han sido, también, Corazón de perro o El maestro y Margarita de Bulgákov. Por otra parte me han seducido historias de autores tan disímiles como Wilde, Sweig o  Mark Twain o nuestro Onelio Jorge Cardoso.
En la poesía puedo señalar un libro tan conmovedor como el Ismaelillo de José Martí. Otros poetas que releo con frecuencia son Gabriela Mistral, Alejandra Pizárnik, Juan Ramón Jiménez, Dulce María Loynaz, Eliseo Diego, Fina García Marruz, o  Federico García Lorca.
Entre los escritores que han cultivado fundamentalmente la literatura para niños y jóvenes puedo señalar a Lygia Bojunga Nunes, María Elena Walsh, Excilia Saldaña, Dora Alonso, Gumersindo Pacheco, Nersys Felipe y muchos otros.
La lista en general sería interminable. Las influencias, aún de manera inconsciente, llegan de todo cuanto se ha leído, desde los primeros libros en la infancia. De todos estos autores y de otros me siento deudora.
¿A qué se dedica cuando no escribe?
Por lo general intento estar en contacto con algún ejercicio relacionado con la literatura, la lectura en primer lugar y como siento que me faltan muchos libros por conocer aún, siempre estoy leyendo, incluso más de un libro a la vez. Otra manera de no estar desvinculada me lo aporta el trabajo con los niños a través de un taller literario que coordino o en actividades de promoción de la lectura y los autores. Todo esto me retroalimenta y sirve de base a mi creación, es decir, estar en contacto con el público lector infantil y juvenil, en peñas, lecturas o presentaciones de libros, escuchándolos siempre, atenta a su manera de comunicarse. Ese intercambio es muy favorable, con resultados positivos y estimulantes.
Disfruto escuchar música, sobre todo cuando estoy inmersa en tareas domésticas inevitables para quien vive en familia. Algo que da mucho placer es compartir precisamente en familia o con los amigos, sobre todo alrededor de una mesa.
Por lo general, cuando no escribo hago lo que muchos: voy al teatro a disfrutar de un concierto o de una puesta en escena, a alguna peña musical, una tertulia. En la casa me hace bien sembrar alguna planta y trasplantar otras, hacer algo de manualidades, ver una película que es de las cosas que más me gratifica. Realizo pequeñas cosas que me dan grandes satisfacciones.
¿Cuál es su método de escritura anota lo que se le ocurre?
No tengo un método específico, aunque sí hago anotaciones de lo que pudieran ser proyectos de libros. En el caso de la narrativa, muchas veces esas ideas se convierten en los títulos de las distintas historias que cuento o en capítulos de una futura novela. En la poesía es totalmente diferente, se trata de un estado indescifrable, por lo general el poema brota aparentemente solo, sin título, un fluir de ideas que casi nunca logro titular con facilidad, aunque sí me gusta pensarle una estructura bien definida al poemario, que la propia disposición de los poemas marque un camino, un ciclo a seguir en la lectura. Esto me resulta más cómodo y placentero en la poesía para niños.
¿Sí pudiese ser un libro, cuál sería?
Peter Pan y Wendy.
¿En qué proyecto se encuentra sumergida en estos momentos?
He terminado de escribir una novela para niños titulada La casa de las sombrillas, es decir, de exponer el argumento de principio a fin, ahora comienzo la parte más difícil, podar, limpiar, reescribir. Aunque casi siempre trabajo en más de un proyecto a la vez, de géneros diferentes, no sé si los resultados serán los mejores, pero lo tomo como un ejercicio cuando no logro que alguna idea fluya, aunque finalmente tenga que desechar algunas líneas.
¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
Conozco personas con el don para la escritura que no toman un camino o una actitud consecuente  con respecto a  ella, es evidente que no les produce placer. Quien se siente escritor, en primer lugar siente placer. Escribir por dinero, creo que es igual a construir casas por dinero o a fabricar zapatos por dinero o a confeccionar ropa por dinero o hasta curar por dinero. Escribir es un oficio como cualquier otro para el cual se necesita un don, igualmente que para los que cité arriba y del que, también, al igual que los otros, se obtiene un pago para vivir, sostener una familia o lo que decida cada cual según sus intereses específicos. Hay quien busca reconocimiento además, son actitudes muy particulares.
¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
Domino algunos recursos aunque los uso de manera espontánea, sin pensar conscientemente en que debo usar uno o el otro, jamás he escrito a partir de una técnica específica, prefiero experimentar. Las propias historias van marcando la manera en que permiten ser contadas. Igual sucede en la poesía, hay ideas que fluyen en la prosa poética o el verso libre, otras resultan más atractivas expuestas a través de las estrofas clásicas, también en esto influye el lenguaje que se esté usando en dependencia del grupo etáreo a quien va dirigido, por ejemplo en las primeras edades funcionan textos con más musicalidad donde primen la rima y la métrica.
Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?
Contar en la sobremesa es narración oral. La escritura tiene sus principios que es necesario conocer aunque el interés sea transgredirlos en alguna medida. Creo que el ofrecer obras depuradas es el verdadero carácter didáctico que toda literatura posee. Cuando se habla  de didactismo en la literatura, sobre todo en la que se escribe para niños y jóvenes, por lo general se interpreta erróneamente como la referencia a moralejas o actitudes moralizantes. Yo prefiero pensar que enseñar es un concepto mucho más amplio y que en el caso de la ficción se da la posibilidad de mostrar de manera más atractiva las amplias posibilidades de nuestra lengua o de exponer una etapa de la historia o de un personaje histórico determinado.
¿Regalas libros en alguna ocasión?
Regalo libros siempre que puedo, sobre todo en casos y ocasiones especiales, como manera de señalar que es un obsequio de mucho valor.
¿Crees que la literatura cubana esta de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?
Desconozco sinceramente si la literatura cubana está de moda. Un escritor es un ente social como todo ciudadano común, entonces creo que todo ser humano que vive en sociedad, tiene una responsabilidad con esta condición.
¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
Por supuesto que es mucho más ágil y con más posibilidades escribir con la ayuda de la tecnología. No tengo experiencias con el e-book, quizás por eso disfruto el contacto con la letra impresa.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuales son tus verdaderos orígenes en ese sentido?
No sentí haber nacido con vocación literaria. Fui una niña común que redactaba bien en la escuela como muchos, incluso gané algún concurso motivada a participar guiada por alguna maestra. La lectura avivó mi imaginación haciéndome creer un personaje literario en ocasiones, como creo le sucede a cualquier infante que disfrute de los libros, pero nunca supe, ni siquiera lo pensé, que podría escribir alguno.
¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
Mi vida literaria ha transcurrido en el país donde nací y aún resido, como no he vivido otra experiencia que esa, no puedo asegurar si en otro sitio hubiera tenido otros logros, otras facilidades para escribir y publicar. En lo particular, comencé en la escritura después de los treinta años, no supe antes que tenía esa aptitud. He logrado ir publicando lo que escribo. Creo que visitar y conocer otros lugares y sus culturas es muy provechoso y disfrutable para todo ser humano, más para un creador, pero de esto a lograr insertarse en el mundo editorial ya entran a valorarse toda una serie de condiciones que no siempre tienen que ver con el valor literario de un texto.
¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
Creo que la literatura escrita por cubanos, ha sido una de las más sólidas de nuestra lengua y que actualmente lo sigue siendo. Como ha sucedido en la historia de la literatura universal, también en la cubana han existido momentos de esplendor, han surgido grupos que han aportado cambios y maneras novedosas de afrontar el discurso literario, es imposible pretender que todas las épocas sean profusas para la creación, pero siempre han existido voces que han trascendido esos momentos.
Es cierto que se ha sido paternalista o se han implantado modas para agradar a los jurados y poses irreverentes para impactar por eso se ha publicado falsa literatura, unido a la ausencia de una crítica que cuestione por una parte lo que se premia o publica sin tener calidad y por otra que valide lo que realmente puede ser trascendental.  Pero esto no es un indicador para señalar que la literatura cubana esté en crisis.
¿Qué libros han cambiado tu vida?
Hay libros que han enriquecido mi visión sobre determinado fenómeno, que me han brindado pautas para entender comportamientos ya sea en lo social o en lo personal, incluso en la creación. En ellos he encontrado consuelo, compañía, incluso inspiración, pero no puedo decir que alguno en específico haya cambiado mi vida.
¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
En mi libro Lloviendo se cuenta, desde la perspectiva de un niño de doce años, la vida de una familia, a partir de la reclusión del padre. Cómo es tratado socialmente este niño, cómo deberá ser su actitud con la hermana más pequeña, la experiencia de ambos en los encuentros con el padre en la prisión, así como los dilemas que debe afrontar su madre para la subsistencia. El libro fue premiado en el 2004 y después publicado en el 2005.
¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
Eso depende de la preferencia o manera particular de asumir la escritura. Cada escritor encuentra el género adecuado para validar su realidad.
¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura? ¿Cómo se puede suplir este vacío?
No es esta la literatura que consumo, por lo que no estoy al tanto de estos temas.
¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
Sin memoria hay desarraigo.
¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte de tu vida?
La ciudad en la que más tiempo he vivido ha sido Pinar del Río. Mis dos hijos nacieron en ella. Allí comencé a escribir y publicar y participé junto a personas entrañables que me aportaron en todos los sentidos, en proyectos culturales interesantes que aún se mantienen. Hay pequeños sitios, calles, paisajes, pero sobre todo personas que guardo especialmente entre mis afectos más importantes.
¿Qué objetivo persiguen sus libros?
Ser leídos. Llamar la atención, sobre todo del infante, hacia lo maravilloso que puede resultar cualquier detalle insignificante de nuestra cotidianidad. De algún modo, reflejar su mundo, a veces de manera divertida, pero siempre intentando ser reflexivos.
¿Son los niños los mejores críticos literarios?
La lectura en los niños, por lo general, es inducida. Después que un libro ha sido puesto en sus manos y se les muestra cómo debe leerse, entonces debe prestarse atención a su criterio.
¿Qué significado tiene para ti el libro El Principito?
Es un libro esencialmente humanista, con un didactismo envidiable que pocos autores logran transmitir por la manera en que Exupéry lo abordó, sin pedanterías, ni intenciones moralizantes.
¿Poemas o literatura infantil, o ambos inclusive?
LITERATURA
¿Qué mensaje desea trasmitirles a los cubanos y a sus lectores en el próximo año 2014?
Desterrar sentimientos estériles que obstruyen la comunicación y el buen entendimiento. Comprender, de una vez, que ser cubano es una condición que está por encima de las diferencias políticas.
No dejar de leer, que es igual a elevarse. Un buen libro nunca nos abandona

diumenge, 3 de novembre de 2013

Armando de Armas,otro cubano,  Juan Carlos Romero Mestrele hace esta entrevista:

autor cubano de las novelas La Tabla (Fundación Hispano Cubana, Madrid, 2008) y Caballeros en el Tiempo (Atmósfera Literaria, Madrid, 2013 ), así como de Mitos del antiexilio, libro de ensayos publicado en Miami en 2007 y traducido al italiano por el sello Spirali y al inglés posteriormente, y de dos colecciones de relatos: Mala jugada (Miami, 1996, The WriteDeal, 2012) y Carga de la Caballería (Miami, 2006), lleva años en Miami, desde donde escribe para periódicos y revistas de Estados Unidos y Europa.
Desde Madrid, España, otro cubano,  Juan Carlos Romero Mestrele hace esta entrevista:
¿En qué momento decidió que quería escribir?
Nunca lo decidí. Era una posibilidad pospuesta desde siempre hasta que un día, a los 28 años, un tajo de 22 puntos en mi hombro derecho me mandó al hospital y allí, sin nada mejor que hacer y con la mano zurda, empecé a pergeñar una serie de relatos que terminó siendo un libro de unas 300 cuartillas que, afortunadamente, decidí después incinerar.
¿Qué le aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?
La escritura para mí no es una virtud, es un vicio. La droga que me sostiene en la degeneración acelerada del mundo moderno. Creo que el único pecado en literatura es que no sea buena literatura; que no sea.
¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
Toda novela, todo autor, trae bajo el brazo el pan de sus propios lectores.
¿Cuáles son sus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes le han influido más?
Antes la novela y los relatos. Ahora cada vez más la historia, la filosofía y los estudios de religiones comparadas. Me han influido la novela de caballería y la novela de la picaresca, todo el Siglo de Oro español, la Biblia, las crónicas de la conquista, la novelística europea del XIX, la narrativa norteamericana del XX. Homero, Borges, Hemingway, Hesse, James, Faulkner, Carpentier, Bernal Díaz del Castillo, Colon, Martí, en fin, la lista es larga y variopinta.
¿A qué se dedica cuando no escribe?
Vivo.
¿Cuál es su método de escritura anota lo que se le ocurre?
Anoto, en servilletas, en lo que sea, cuando estaba en una celda memorizaba un ritornello hasta que pudiera plasmar la idea en un papel. Los sueños suelen ser buena materia prima para mi escritura, así que los anoto minuciosamente cuando son interesantes.
¿Sí pudiese ser un libro, cuál sería?
Jajajajajaja. Nunca se me ocurriría. Menos en Cuba donde a veces los libros se usan para fines inconfesables.
¿En qué proyecto se encuentra sumergido en estos momentos?
Reviso las pruebas de galera de una novela corta que sale por estos días en España, Caballeros en el Tiempo, y doy los toques finales a una extensa novela histórica.
¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
Se escribe porque no hay otra opción y, claro, si dinero y reconocimiento vienen, son bienvenidos.
¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
Para mí la escritura es un acto mediúmnico, después viene el pulir; el hacer funcionar el detector de mierda.
Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?
Prefiero contar como en la sobremesa, de hecho entre mis influencias literarias había olvidado mencionarle las narraciones orales que, en la sobremesa, escuchaba de mis abuelos, uno sobre sus experiencias como inmigrante español y el otro sobre su participación en la Guerra de Independencia. De mi abuela María Quintaba escuché por ejemplo las historias de tirante el Blanco y Genoveva de Brabante. Creo que en mi escritura hay mucho de esa oralidad.
¿Crees que la literatura cubana esta de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?
Detesto las modas, la modernidad en general. El escritor tiene responsabilidad ante su obra pero en el caso peculiar de Cuba, que padece una feroz tiranía comunista, la más feroz en un hemisferio pródigo por demás en feroces tiranías, bueno, entonces el escritor, que no es un ente de otro planeta, aunque a veces lo parezca, tiene una ineludible responsabilidad, no con lo social, sino con la libertad.
¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
Mire usted, yo detesto la tecnología y sus artilugios espejeantes, creo         que en cuanto a tecnología la humanidad debió quedarse en la del Sacro Imperio Romano Germánico en la época de su apogeo pero, paradójicamente, he sido muy favorecido por la Internet debido a que un hombre como yo, que piensa como yo pienso, era muy vulnerable a la censura en tiempos de la imprenta, de los libros y los diarios de papel, donde el espíritu epocal tenía la voluntad de destacar a los intelectuales de lo políticamente correcto, esos que repiten las mismas sonseras de siempre, mientras que ahora se hace más difícil por la Internet que ha venido a democratizar la edición y la información. No digo que sea bueno el que se haya democratizado la edición y la información, digo que a mí me ha favorecido.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuales son tus verdaderos orígenes en ese sentido?
Yo no sé si esto es vocación. Pero pronto supe que lo único decente que podía hacer bien era escribir. Podía, por poner un ejemplo, birlar carteras con habilidad, pero no es decente ir por este mundo birlando las carteras del prójimo. Para las profesiones decentes era una nulidad. Tampoco creo que la escritura sea una actividad decente, si lo ves bien tiene mucho de parasitaria, pero sería al menos la más decente a qué podía dedicarme.
¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
Pipo el Cojo, un amigo ya muerto, Mokongo de la Sociedad Secreta Abakuá que se ganará el epíteto por un balazo en una pierna durante “una aclaración de conceptos”, solía decir sabiamente que cada cual vive lo que le toca y punto.
¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
Creo que tiene siempre serios bajos y a veces, sólo a veces, algún alti.
¿Qué libros han cambiado tu vida?
No creo que ningún libro tenga el poder de cambiar una vida.
El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
Sólo regresaría cuando los comunistas, esa morralla, no manden en Cuba.
¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
La verdad que no, nunca publiqué mi literatura en Cuba y aunque en el mundo libre también hay censura, la de lo políticamente correcto que, en alguna medida es una extensión de la censura de los comunistas en tanto controladores del espectro cultural en occidente, siempre hay la opción de encontrar una editorial afín, por ejemplo, mi novela La tabla, tardó 18 años en ser publicada, de ellos al menos 14 luego de haber escapado con ella de la isla, rechazada por importantes editoriales aún después de haber sido finalista en importantes premios de esas mismas editoriales.
¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
Creo que todos podrían serlo, si el autor tiene talento.
¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura?; cómo se puede suplir este vacío?
Hubo al menos un momento en que no fue así, a finales del siglo XVIII con don Francisco de Arango y Parreño, la mente más brillante de Cuba al decir del historiador Manuel Moreno Fraginals,  y los prohombres del Papel Periódico de La Habana. Pero todo eso se perdió con la posterior escabechina de las élites isleñas inmersas en el independentismo.
¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
La hay, pero sería más bien imaginería.
¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte de tu vida?
Mire usted, me ha hecho caer en la cuenta de que Miami es la ciudad donde más tiempo de mi vida he vivido. Miami significa libertad. Saber que a las tres de la madrugaba no va a venir la Policía Política a echarme la puerta abajo para incautarme un manuscrito; o lo que se le antoje.
¿Qué objetivo persiguen sus libros?
Ninguno.
¿Qué mensaje desea transmitirles a los cubanos y a sus lectores en el próximo año 2014?
A los lectores que lean. A los cubanos, algo sabio que decía Martí: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella o decidirse a comprarla por su precio.”

dijous, 24 d’octubre de 2013

UNA GOTA DE AGUA SOBRE LA ROCA, 

 H.G.Quintana



la más reciente novela del escritor cubano residente en Francia Héctor García Quintana, es un libro de cabecera para los amantes de la lectura, sobre todo para los lectores compulsivos; es un canto a la literatura.
Hay diferentes formas de llevar el pensamiento en una novela, no todo es     " planteamiento, nudo y desenlace ", hay otras técnicas narrativas  necesarias para lograr  el final inevitable de como dice Poe: una gota de agua sobre la roca...bella metáfora que da título al libro.
El autor nos explica estas  técnicas narrativas y  de una manera sutil  también propone ejercicios, nos da las llaves para poder asimilar los fundamentos básicos de la escritura literaria ,ser capaces de aplicarla a la lectura y saber interpretarla en cualquier texto narrativo.
Novela difícil de clasificar pero me atrevería  a colocarla dentro de lo que se llama últimamente  " metaliteratura "(estructuras narrativas), que se convierten en tema de la obra ,incluido todo el conglomerado de relaciones intertextuales entre diferentes obras en todo tiempo y lugar.                       
En UNA GOTA DE AGUA SOBRE LA ROCA,el inicio es muy contundente " Es usted demasiado infeliz como para seguir viviendo, ¿ por qué no se suicida ? Dije, y me quedé sin `poder decir una palabra.”
Algunos estudiosos dicen que el inicio de una novela es la parte más importante: si no logra seducir al lector, todo el resto cae. Pero si existieran coleccionistas de inicios de novelas, que los hay, el de éste libro es  para ellos.
Una máxima de

H.G.Quintana en el texto nos dice: “… No existe ficción sin personajes…” y en UNA GOTA DE AGUA SOBRE LA ROCA el personaje principal es Cristina y a medida que avanzamos en el libro, a mi me pasa como a ella, voy aprendiendo con la lectura. Aprendí los distintos géneros literarios narrativos, el uso de la anagnórisis, la técnica del dato escondido, la forma de abordar el conflicto literario y muchas más, que no solo se explican en detalle, sino que con ejemplos de la literatura universal, el lector puede identificarlas.
Escrito en 1º persona y femenino, Cristina Von Hagen Quintana, psicóloga     ( aquí el autor hace un guiño  al apellido de su madre ) es quien nos conduce durante todo el libro. Conectamos  de una manera increíble con ella, hacemos las mismas reflexiones y las mismas preguntas logrando las respuestas a través de un maestro llamado Alexandr, un escritor retirado de origen armenio, que vive en Madrid abandonado por su familia.
Hay otros  personajes que  alternan los puntos de vista ,con nombres de mujeres, como Amelita, la hija no presente de Cristina que es un factor muy importante tanto en la novela como en la vida de la protagonista, Macarena, Almudena, o como  Mariela ( hermana de Cristina ), que te ayudan a ubicarte en el Madrid donde se desarrolla la trama.
Aunque el escritor es cubano, el tema de la isla se presenta de una forma indirecta a través de una española(Cristina) que conoce  la situación de allí por un novio cubano, pero sin entrar en el ya gastado tema de la situación económica actual, se hace una denuncia certera identificando la causa en una dictadura vitalicia que ha llevado a la destrucción el país completo.
Hace un homenaje a Reinaldo Arenas,  poeta y novelista cubano y a la poetisa Gertrudis Gòmez de Avellaneda, también  a otros escritores universales que nos llevan a distintas lecturas, que el que tenga un poco de cultura literaria es capaz de apreciar.
Termino con el poema “A la Virgen de la Caridad”, escrito por  Nicolás Guillén y que está incluido en el libro, con un significado que para todos será de mucha trascendencia.
Virgen de la Caridad,
que desde un peñón de cobre
esperanza das al pobre
y al rico seguridad.

En tu criolla bondad
¡oh madre!, siempre creí,
por eso pido de ti
que si esa bondad me alcanza
des al rico la esperanza,
la seguridad a mí.

dissabte, 19 d’octubre de 2013

Entrevista a Amir Valle

Por Juan Carlos Romero Mestre

http://www.cubanet.org/otros/amir-valle-si-pudiera-ser-un-libro-seria-la-biblia/




¿A qué se dedica cuando no escribe?
Soy periodista, así que, cuando no escribo, escribo. Y mi vida se debate entre esos ámbitos, a los que prefiero llamar “responsabilidades”, pues la escritura, como creador de ficciones, la considero un acto de absoluta responsabilidad social (no creo en la literatura sólo como objeto para el disfrute ni como mecanismo de alguna autoantropofágica tendencia del arte por el arte), ya que pienso que la literatura debe ser un creador de conciencia, un vomitivo contra la inopia ideológica, una aguja que le pinche el trasero a quienes deciden estar sentaditos en la comodidad de su burda tranquilidad egoísta mientras el mundo se viene abajo a pedazos. El periodismo, obviamente, es todavía una responsabilidad más directa.
Ahora, si te refieres a qué hago cuando no escribo nada de nada, o cuando no estoy haciendo alguna actividad intelectual o de enriquecimiento (la lectura, por ejemplo), te diré que soy un animal de familia y dedico buena parte de ese tiempo libre a disfrutar cada minuto de la vida de mis hijos y de mi esposa. Como además de eso, estoy un poco panzón y no quiero parecer un tapón de bañadera (los gorditos bajitos solemos adquirir con suma facilidad esa forma), entonces suelo correr por el parque Humboldthaim, a un par de cuadras de mi casa en Berlín, o montar bicicleta un par de horas,  algunas tardes de cada semana para meterme en vericuetos aún desconocidos de esta alucinante ciudad en la que habito.
¿En qué momento decidió que quería escribir?
Mi primer recuerdo suele ser el de mi madre en las noches, con su hermoso pelo negro y largo, metida conmigo bajo el mosquitero que cubría mi cama, leyéndome historias de los muchos libros que había en mi casa en aquellos años de mi más temprana niñez. El otro recuerdo es el de los mosquitos zumbando al otro lado del mosquitero, lo cual quizás me forzaba a estar aún más temprano en la cama cada noche, leyendo siempre algún libro. Pero te puedo decir que fue a los siete años, cuando terminé de leer Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, que sentí por primera vez la necesidad de escribir. Y escribí una historia con mi amor imposible de entonces, Betty, uno de los seres más hermosos que conocí, casi mi hermana, pues nuestras madres eran muy amigas. Recuerdo que años después le di a leer la historia, apenas unas cuatro hojas escritas con una enorme y horrible letra, que ella disfrutó porque ya creía que yo iba a ser escritor. Lamentablemente no pude darle la alegría de complacer uno de sus deseos: dedicarle mi primer libro, pues murió de leucemia poco después de cumplir los 20 años.
¿Qué le aporta la escritura? ¿Y la literatura? ¿Piensas que vale todo en la literatura?
Cuando eres escritor descubres que escribir te va enriqueciendo como persona mientras avanzas por ese camino. Es un ámbito de experimentaciones, búsquedas y miradas muy amplio en aportes, que pueden ayudarte lo mismo a comprender los traumas propios o ajenos, que a ganar pericia en hacerle el amor a una mujer. La literatura, además, considerándola como ese espacio creado por otros, me permitió entender mejor lo jodido que estaba el mundo cuando no existían, como hoy, todas esas tecnologías que informan, sí, te permiten saber lo que pasa a millones de kilómetros de distancia, y supuestamente socializan más al ser humano, pero la mayor parte de las veces nos hacen estar más solos y aislados de lo que podemos imaginar en medio de tanta supuesta modernidad informática.
En literatura, siempre que lo hagas con honestidad, con todo el talento que Dios te dio y sabiendo que se escribe para edificar el alma de quien te lee, vale todo.
¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
Que cuente una historia. A veces creo que algunos escritores son irremediablemente estúpidos porque olvidan el más sólido ejemplo de lo que es novelar: aquel momento en que, después de regresar de las cacerías, sentados alrededor de la hoguera, uno de los guerreros contaba a los demás las peripecias de esa cacería. Lo que más me ha llamado la atención de todas esas historias, cuéntela quien la cuente, o de las reproducciones de lo que debió suceder en ese momento, o de las películas que sobre ese período y ese instante se han hecho, es que siempre nos queda la idea de rostros que escuchan atentos lo que el otro cuenta, de bocas que se abren asombradas ante lo narrado, de respiración contenida en los momentos de mayor tensión de la historia que escuchan… No se oye por ningún lado el ronquido de uno que se quedó dormido, aburrido, porque el narrador se ponía a enredar la historia con palabritas rebuscadas para que el jefe de la horda le diera el premio al mejor contador de historias. Ni el bostezo de una Cromañona que no entendía qué carajo estaba contando ese guerrero. No. Para todos en la horda era importante esa comunicación. Y creo que esa necesidad de comunicación sigue intacta hasta hoy. Por eso fue muy vital para mí escuchar a Vargas Llosa cuando, luego de escribir todos esos complejísimos libros que escribió, cargados de todas esas innovaciones técnicas en lengua española que bien conocemos, dijo que no había nada más difícil, ni nada más meritorio en literatura, que escribir una historia del modo más simple y más honesto posible.

¿Qué género es su favorito en lectura? ¿Y sus autores? ¿Quiénes le han influido?
Soy un lector obsesivo de poesía. Es para mí el gran género, el sumum de todas las esencias literarias; y tanto respeto a ese género que, aunque yo mismo he escrito poesía alguna vez, me he dicho que jamás publicaré ni un verso de los que he escrito para no ofender con mis perpetraciones a los excelentes poetas que he leído. Salvo algunos poemas que conserva mi esposa, los demás han ido a parar al fuego.
En la vida uno va recibiendo muchas influencias, va cambiando de autores de cabecera según el momento en que te encuentres, pero he dicho otras veces que quien quiera hablar de influencias en mi obra tendría que encabezar una amplia lista con cuatro autores: el peruano Mario Vargas Llosa, el mexicano Juan Rulfo y los norteamericanos Erskine Caldwell y Ernest Hemingway. Luego, a cierta distancia pero también aportadores al escritor que soy, los cuentos de Cortázar y su Rayuela, la novelística de Soler Puig (básicamente El pan dormido y Un mundo de cosas), obras específicas como Los miserables de Víctor Hugo, Una tragedia americana de Theodore Dreiser, El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, Las palmeras salvajes de Faulkner, y algunas otras novelas que mucho me marcaron, sumado todo al magisterio crítico en mi juventud de Salvador Redonet, Aida Bahr y Eduardo Heras León.
¿Cuál es su método de trabajo? ¿Anota lo que se le ocurre?
Soy periodista y el periodista que se respete no confía mucho en su memoria. Por eso anoto todo. E incluso más, soy un coleccionista de historias. Ya he dicho, por ejemplo, que de nuestro travieso Pepito he recopilado más de seis mil historias. Y que mi novela Las palabras y los muertos fue armada con versiones sobre la historia de Cuba que escuché en la calle, durante años, a gente del pueblo.
Mi método de trabajo no ha variado mucho, salvo en alguna etapa muy temprana en que escribía de noche. Escribo muy temprano en la mañana, cuando mi mente está clara, y siempre siguiendo la teoría de Hemingway de escribir hasta el momento en que en el fondo del pozo quede un poco de agua que me permita seguir al día siguiente. Escribo todos los días, aunque sea un párrafo; vicio que me quedó de mis años de periodista de la radio, cuando estaba obligado a entregar cada día cuatro noticias, una entrevista y un reportaje. En los últimos diez años he tenido la oportunidad de que me paguen para escribir, gracias a becas y otras circunstancias, así que me levanto muy temprano, escribo un par de horas y luego me dedico a otros géneros y al periodismo.
¿Si pudiese ser un libro, cuál sería?
La Biblia, el único libro que lleva más de mil años intentando enseñar al hombre a ser mejor;  la mejor prueba de que la especie humana está tan podrida porque así lo ha querido y porque no escucha consejos ni siquiera de Dios.
¿En qué proyecto se encuentra sumergido en estos momentos?
Estoy revisando la última versión escrita de mi novela No hay hormigas en la nieve, que cuenta la historia de cinco cubanos emigrados a Berlín en cinco épocas distintas del siglo XX y lo que va del XXI, comenzando por la huella del paso del violinista Brindis de Salas por Alemania, cuando se convirtió en un músico aclamado en todas las cortes de Europa, recibió títulos honoríficos y fue el Músico de Cámara del emperador Guillermo II, y terminando por la historia de un diplomático cubano que, por querer huir del comunismo, estuvo encerrado primero en el horror de la prisión central de la Stasi en Hohenschönhausen y luego en Villa Marista.
¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
Aunque cada día que pasa sobre el pellejo de este mundo nuestro es más imprescindible el dinero, al menos yo, ni siquiera hoy, he escrito por dinero. La literatura no es un negocio o, si lo fuera, sería el negocio del muerto de hambre, salvo escasas (y todas no muy ilustres) excepciones. Hace muchos años empecé a escribir simplemente porque sí, porque algo me obligaba a soltar mis mundos sobre un papel, y no he parado hasta hoy. Si el dinero viene después, bienvenido sea. Si llega el reconocimiento, también sea bienvenido. Y aunque sé que hay muchos que escriben por dinero y reconocimiento, especialmente en estos tiempos en que las tecnologías hacen creer a mucha gente que cualquiera es escritor y que cualquier basura etiquetada como literatura es mercancía, creo que la mayoría de los escritores que se respetan, al menos los que conozco, escriben porque no saben hacer mejor otra cosa. De todos modos, no olvidemos que mercachifles hay en todas partes.
¿Domina los recursos de estilo, las figuras literarias, o escribe con estilo propio y sigue experimentando y aprendiendo?
Cada libro, cada historia es un aprendizaje, aunque me considero un conocedor de las técnicas literarias. Tuve buenos maestros (Soler Puig, Heras León, Aida Bahr, Redonet) y me enorgullece decir que muchos de los más jóvenes escritores cubanos que hoy publican en Cuba y en otros países fueron alumnos de talleres de narrativa que tuve en Cuba, primero por mi cuenta y luego como profesor del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”, que fundó y dirige Eduardo Heras León, donde fui uno de los “profes” de técnicas narrativas. Pero siempre recuerdo a ese inolvidable amigo que fue el negro Redonet que una vez me dijo: “Ya te sabes al dedillo todas las técnicas, Amir; ahora te toca olvidarlas”. Y es lo que he hecho: una vez que las aprendes, a la hora de escribir, no te puedes poner a pensar en las técnicas, ellas salen solas y se ajustan solas al mundo y a los personajes que estás narrando.
Se habla de que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o encuentra bien que lo que se cuenta se limite a contar como se cuenta en las sobremesas.
Ya lo dije antes: creo en las historias bien contadas. Hace unos años hicimos un experimento en uno de mis talleres: analizar bajo la estricta lupa de esa depuración fragmentos de Crimen y castigo, de Dostoyevski; La montaña mágica, de Thomas Mann y Cien años de soledad, de García Márquez. Demostramos que eran textos imperfectos, llenos de violaciones elementales de las leyes gramaticales y de la escritura. Podamos alegremente los textos de acuerdo a lo que las exigencias dictaban. Quedaron perfectas según las normas, pero ¡¡¡Le matamos el alma a esas historias!!! En simples palabras, como en todo, hay que escribir bien, pero como esa condición es algo que depende de la visión de quien analiza el texto, de su cultura y gustos estéticos, de sus exigencias intelectuales (e intelectualoides, en algunos casos) es preferible contar una historia de modo simple, como si fueras ese guerrero de la horda que rememora ante los demás la más reciente cacería.
¿Regala libros en alguna ocasión?
Generalmente regalo sólo a mis amigos y ellos, en su mayoría, son lectores, así que es casi un vicio regalar libros. Vivo además en un país donde, por suerte, regalar un pequeño ramo de flores y un libro se considera una exquisitez, algo de muy buen gusto.
¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública, tiene responsabilidad social?
No a lo primero y sí a lo segundo.
Si la literatura cubana estuviera de moda, teniendo en cuenta la cantidad de excelentes escritores cubanos en la isla y en el exilio, fuera muchísimo mayor la literatura cubana publicada por las medianas y grandes editoriales de todo el mundo. Pero lamentablemente, salvo algunas pocas excepciones en las que tengo la suerte de estar incluido, los escritores cubanos tienen que contentarse con ser publicados por pequeñas y a veces volátiles editoriales cubanas fuera de Cuba o por las editoriales oficialistas dentro de la isla.
Con respecto a la responsabilidad social del escritor, es triste decirlo, pero soy de los que veo con vergüenza que, por sólo mencionar tres países con el nivel literario de Cuba,  mientras los escritores colombianos, mexicanos y argentinos se han convertido con su literatura y con su postura ciudadana o cívica en líderes de opinión pública, en movilizadores de la conciencia y el pensamiento social de sus países, los cubanos generalmente nos hemos dedicado a dividirnos en guerritas intestinas, a perseguirnos con paranoias estúpidas (fundadas o infundadas) o a hundirnos en un silencio que, pésele a quien le pese, siempre es cómplice ante el desastre político, económico y social que es hoy nuestro país.  Pueden contarse con los dedos los escritores cubanos que han asumido sin medias tintas, sin oportunismos, sin intereses ególatramente mediadores y sin capillismos sucios esa responsabilidad, que no es sólo social sino también ética. Incluso ahora, en tiempos de internet, cuando es más fácil visualizar la participación ética de algunos sectores, es vergonzoso ver la abulia, las vacilaciones medrosas, las poses intelectualoides para escabullir el cuerpo o la invisibilidad por conveniencia de una gran mayoría de los escritores e intelectuales cubanos, tanto de la isla como del exilio, cuando se trata de hacer valoraciones serias, dialógicas y públicas sobre el “asunto cubano”.
¿Cómo le ha cambiado el mundo la tecnología?
En muchos aspectos me ha facilitado la vida y el trabajo, es obvio; aunque tampoco es algo que me asombre: yo trabajaba en Cubanacán, en Publicitaria Coral, y en 1992 tuve mi primera computadora, una IBM XT, luego una 386, una 486, una Pentium y así hasta hoy. Recuerdo que en aquellos inicios en toda La Habana éramos cuatro a cinco los escritores con esa posibilidad. Hoy, en casa, los cuatro miembros de mi familia tienen su computadora; tenemos los dos grandes rivales de la tecnología (mi hijo ama la tecnología Apple y nosotros preferimos Microsoft); casi todos mis libros se venden en la doble condición del mercado editorial actual: el digital y el papel…, pero yo, aunque escribo directo a la computadora, imprimo todo y reviso sobre el papel impreso, a lápiz, como he hecho siempre.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria?
Jamás lo supe. Fue mi maestra de primaria, Miriam Junquera, allá en un pueblecito de Holguín llamado Central Antonio Maceo, quien me dijo a mis 10 años que yo sería escritor porque escribía las composiciones que ella mandaba en clases con un toque que ella consideraba especial. Y lo cierto es que mientras los demás alumnos se tenían que esforzar para escribir un par de párrafos cortos en las pruebas, para mí eso era una diversión, a pesar de que siempre tuve una letra horrorosa que mis profesores, sin embargo, se esmeraban en descifrar.
¿Lamentas que tu vida literaria se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
Todo lo contrario: cada día agradezco a Dios que me haya permitido vivir en una dictadura que, en su estupidez típica de las dictaduras, creó el caldo de cultivo para que yo me hiciera escritor: primero, fomentando un falso sistema cultural que, aunque ideologizado, me permitió entrar en el mundo de la cultura a pesar de ser el hijo de una familia pobre (mi padre, por ejemplo, podría haber sido un gran pintor, pero mi abuelo no quiso dar su voto a los políticos, allá por los cincuentas, a cambio de la beca en San Alejandro), y después, permitiendo que yo pudiera vivir en barrios donde la droga, la prostitución, el mercado negro y otros males de la marginalidad eran el día a día; ese océano de historias que he recogido en mis novelas.
Por otro lado, el paso de mariposa que escribía cuentecitos apolíticos al gusano que escribía (y tuvo la suerte de publicar fuera de Cuba) novelas sobre esos ámbitos podridos que la Revolución se empeñaba en ocultar al mundo, me permitió ascender a una escala de comprensión de la realidad cubana que no hubiera tenido en otro medio “más propicio”, y el destierro forzado (porque recuérdese que yo no me fui de Cuba, me dejaron salir y luego no me permitieron entrar) me ha abierto nuevas posibilidades de conocimiento, todas ellas muy enriquecedoras para el ser humano y para el escritor que soy.
Y como a fin de cuentas soy un ciego creyente en esa máxima hemingwayana que asegura que el escritor siempre se alimenta de la carroña humana, me siento satisfecho de haber estado en los sitios donde más apestosa era esa carroña.
¿Cree que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
Un día escuché decir al profesor Ricardo Repilado, un viejo sabio santiaguero, que la literatura no era sólo Carpentier, Lezama o Fernando Ortiz, tomándolos como referencia de gran narrador, gran poeta y gran ensayista. Mencionó a un narrador, a un poeta y a un ensayista, cuyos nombres jamás yo había oído mencionar, pero que tiempo después encontré en el Diccionario de la Literatura Cubana. Recuerdo que le pregunté quiénes eran, y recuerdo claramente que me dijo, irreverente como siempre era: “¿y qué coño importa? ¡Eran malísimos escritores! Lo que importa es que escribieron y fueron parte de un fenómeno”. Entendí así algo que hoy se olvida: la literatura no es sólo un autor de calidad, es un fenómeno social, un movimiento de ideas, una manifestación del pensamiento social de una época, y a ella pertenecen los grandes, los medianos, los malos e incluso hasta los que intentaron ser escritores y ni siquiera consiguieron publicar, así como esos altibajos a los que te refieres. Yo te respondería con una pregunta: ¿qué es la literatura cubana de los últimos 50 años? La respuesta habría que armarla atando todas las contribuciones de la isla y el exilio, las que tuvieron éxito, las que fracasaron, las que dieron grandes nombres, las que apenas dieron un libro, las que nacieron muertas por su clara filiación a políticas foráneas como el realismo socialista, las que murieron apenas abrir los ojos por las duras condicionantes del exilio, las revistas supervivientes, las revistas hoy olvidadas…, en fin, una oscilación de tsunamis, pleamares y tormentas, altibajos todos que enriquecen increíblemente nuestra literatura.
¿Qué libros han cambiado su vida?
Las aventuras de Tom Sawyer, que me hizo descubrir al escritor que se escondía en mi sangre; Conversación en La Catedral, que me tuvo deprimido creyendo que jamás sería escritor porque no podría escribir una maravilla de la lengua y la técnica como esa novela de Vargas Llosa; Los miserables y El Conde de Montecristo, que me hicieron entender que en literatura la historia humana es lo que cuenta;  La fiesta del chivo, también de Vargas Llosa, que me permitió descubrir las claves para poder llevar a una historia novelada las duras verdades históricas que conté en mi novela Las palabras y los muertos.
Pero más que todos ellos, mi propio libro Habana Babilonia o Prostitutas en Cuba, cuya circulación clandestina en Cuba, cuya prohibición oficial que incluye palabras denigrantes contra el libro del propio Fidel Castro, hizo que me convirtiera de un escritor sólo conocido en el medio cultural en un escritor leído en silencio por cientos de miles de cubanos (las dictaduras nunca logran entender el placer de lo prohibido, de lo contrario no perpetrarían tantas prohibiciones). Es también el libro que inició mi conversión forzosa de mariposa en gusano; la obra elogiada como un clásico del testimonio latinoamericano, ganador del Premio Internacional Rodolfo Walsh al mejor libro de no ficción publicado en lengua española en el 2006; el libro en fin que me lanzó, al mismo tiempo, al reconocimiento internacional y al destierro.
El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar… ¿tiene la obsesión del regreso?
Muchas veces, al principio de mi destierro, soñaba que regresaba a Cuba y que no me dejaban salir. Lloraba como un niño y despertaba con un malestar terrible. Curiosamente, a los dos años esos sueños desaparecieron. Y coincidió esa desaparición con un viaje que hice a Puerto Rico, en el cual extrañé horriblemente mi casa en Berlín. Cuando estuve en mi apartamento aquí en Wedding, supe que había regresado a casa y esa sensación no me ha abandonado. Se evaporó la nostalgia porque descubrí que cada uno de nosotros carga siempre con su propia isla, la planta allí donde se es feliz y esa nadie te la puede arrebatar. Y si de pronto, en cualquier lado del mundo donde vas te encuentras con esos amigos que dejaste, con parte de tu familia, con quienes fueron tus alumnos, con cientos de lectores que también han emigrado, y te das cuenta que el gran problema que has tenido es que tú mismo le has puesto barrotes, fronteras falsas a esa isla interior, incluso cuando vivías allá en Cuba, entonces caerá sobre ti una paz que te ayudará a sobrellevar la ausencia de lo geográfico insular, de lo terrenal. Si a eso le sumas que de pronto tus hijos, sin dejar de ser cubanos, se mueven con total libertad en otra lengua y otras costumbres, comienzas a cuestionarte si realmente tu pertenencia es a ese lugar por el que tanta nostalgia has sentido o es ese otro sitio, que tal vez coincida con la patria pero puede ser que no, en el que uno es totalmente feliz.
¿Ha tenido que esquivar la censura en sus escritos?
Podría escribir un libro contándote las historias de todos mis libros censurados. Sólo te diré que desde 1990 en que gané el premio UNEAC no volví a publicar hasta el año 2000, cuando mi libro Manuscritos del muerto se publicó totalmente mutilado. Entre 1997 y el 2004 escribí casi toda la serie de novelas negras que fui publicando en España desde el 2002, y sólo una de esas novelas: Si Cristo se desnuda, se publicó en la isla luego de ganar el Premio de Novela José Soler Puig. Tuve que ganar en dos ocasiones el Premio de Novela Erótica La Llama Doble para que se publicaran, en el 2001 y el 2004, en limitadas ediciones: Muchacha azul bajo la lluvia y Los desnudos de Dios. Sobre mí ya gravitaba la prohibición por mis críticas al gobierno en entrevistas concedidas en España, alimentada aún más la prohibición por el “pecado” de haber aceptado ser el Coordinador en La Habana de la Colección de Cultura Cubana de la editorial Plaza Mayor, dirigida por Patricia Gutiérrez Menoyo, colección tolerada pero “no bien digerida” por la oficialidad cultural. Cuando trabajaba como Especialista de Literatura en el Instituto Cubano del Libro, como ya algunos autores han escrito, les avisé cuando sus libros eran censurados e incluso cuando tres de esos libros iban a ser convertidos en pulpa. Y por eso cada vez que escuchaba a algunos fantoches culturales cacarear que en Cuba no había censura, me decía que entonces yo no debía saber cuál era el verdadero sentido de esa palabra porque ahí estaban mi libro de testimonio Habana Babilonia y mis novelas Las puertas de la noche, Entre el miedo y las sombras, Santuario de sombras y Largas noches con Flavia, denegadas todas por editoriales cubanas.
¿Hay algún género más eficaz para transcribir la realidad cubana?
La novela negra, como ya se ha estudiado, se ha convertido en América Latina, Estados Unidos y algunas naciones de Europa en el mejor exponente de la realidad social y todas sus complejidades. En Cuba sucede lo mismo, y aunque ya existen algunos autores que van dando pasos muy destacados, encabezados por Padura, lo cierto es que todavía hay una lucha muy fuerte, casi entendible, de los escritores contra el género, pues en la década del 70 y el 80 se escribió tanta mala literatura policial que se creó un estereotipo: si escribes una novela de ese género eres un escritor menor. Lamentablemente no han llegado aún a Cuba los intensos debates internacionales que han puesto a la novela negra en la cima de los géneros literarios más eficaces para reflejar la complejidad del mundo en que vivimos. Confío en que poco a poco esa realidad vaya cambiando.
¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura? ¿Cómo se puede suplir este vacío?
Sólo en un espacio de libertad se podrá rellenar esas lagunas que, sin dudas, existen. Pero es lógico que existan: no podemos olvidar que una de las armas de la dictadura ha sido esa, reescribir la historia a su conveniencia. Ante los tiempos que corren, en momentos en que comienzan a fenecer las generaciones nacidas en las décadas del 40 y del 50, para la dictadura es muy conveniente mantener en sus manos el poder de la escritura de la historia porque, por ejemplo, no les resultaría conveniente que las nuevas generaciones nacidas en este proceso de haitianización de la economía que vive nuestra isla encontraran libros donde se hablara, de modo serio, científico, responsable, que hasta 1959, a pesar de las corrupciones políticas y otros males sociales, Cuba era una de las naciones más desarrolladas social, económica y tecnológicamente en todo el mundo, realidad que, como sabemos, los “historiadores” de la Revolución se han empeñado, y han logrado, ocultar.
¿Sin memoria no hay imaginación?
Obviamente. La imaginación es la manifestación más clara de las nociones adquiridas, de las herencias recibidas, del imaginario que se incorpora a tu vida sutilmente desde la memoria histórica, social o familiar. La imaginación es, además, el poder de ver lo que aún no se tiene; de ahí que sea tan importante para el desarrollo de una sociedad rescatar la memoria histórica, social, individual o colectiva de modo que se enriquezca la posibilidad de imaginar nuevos caminos, nuevos rumbos. Es, por ello, que las dictaduras, sean de derechas o de izquierdas, siempre pretenden monopolizar la memoria de una nación. Una vez en su poder ya es simple manipularla, dosificarla, envenenarla o adulterarla de acuerdo a sus intereses políticos.
En las novelas se mezclan hechos reales con hechos inventados; no obstante, viendo la parte importante de realidad que aparecen en tus novelas, uno puede pensar que la realidad supera la ficción.
Totalmente. En mis novelas, la ficción única que existe es la adecuación que he hecho de las historias a una estructura literaria, todo lo demás sucedió en los barrios de Centro Habana aunque en algunos casos sean historias absolutamente alucinantes, como salidas de la mente de un loco.
¿Qué objetivos persiguen sus libros?
Quisiera simplemente que sean leídos, que conmuevan aunque sea un poco los resortes dormidos en las conciencias. Pero, ojo, jamás me propongo esos objetivos. Simplemente escribo.
¿Qué mensaje desea trasmitir a los cubanos en este 2013?
Ya lo he dicho. Ahí está la isla, estamos divididos, mirándonos cada uno nuestro propio ombligo, mientras el país se va a pique por nuestros miedos, nuestras divisiones, nuestros silencios. Es un desastre evidente del que todos tenemos culpa. Un cubano de la isla dice: “lo mío no es la política, es la supervivencia”, y se cree libre, pero es un modo bastante triste de ser esclavo porque tiene que aceptar, sin chistar, todo el desastre y la limitación de libertades que le han impuesto. Un cubano del exilio dice: “yo no me meto en política, ya logré la libertad que quería pues vivo en un país libre y democrático”, y habría que preguntarle si es realmente libre alguien que, viviendo fuera de la isla, tenga que bajar la cabeza y callarse ante todo el desastre y la limitación de libertades que le han impuesto sólo porque quiere ir a ver a su familia en Cuba. Conozco a muchos cubanos que, viviendo en naciones libres y democráticas, son más esclavos de la dictadura que millones cubanos que viven en la isla. En fin, que Cuba, su libertad total y real (es decir nuestra libertad real y total) sigue siendo una lección pendiente para todos nosotros, los cubanos.