dimecres, 3 de desembre de 2014

tertúlia del mes de novembre 5/11/2014

 EL POETA Y EL PINTOR (Ed. Alfabia)


libro escrito en castellano con presencia de la escritora Ana Rodriguez Fischer
 30 te3rtulianas :Montse, Fuensanta,Mercedes,Enrique,RoserComas,CarmenB.Sara,Neus,Pitusa,RoserV.Carme,Pilar,Lali,Isa,Ana,Sofia,Luz,M.Nomen,Anna,Maria,MªLuisa,Marta,Sofia.
31 tertulianos de estos, 5 han venido por 1º vez
 ANA RODRÍGUEZ-FISCHER  Es licenciada en Filología y profesora de Literatura Española en la Universidad de Barcelona., especialista en la obra de Rosa Chacel.
Al inicio de la tertúlia del libro , el poeta y el pintor,  ,Montse  dió paso a la autora para que así pudiera   explicar  las dudas del título pues hubiera podido ser  ser autora  " el cristal y la llama ", quedandose  al fin como se publicó , EL POETA Y EL PINTOR
Para la descripción de la posada la autora se inspiró en Cervantes, la ilustre fregona,así como leyó muy bien el epistolario de Góngora.
Al escribirlo le activaba el no poner nada personal en el relato y el riesgo de manierismo.
A Mercedes le sorprendió el plazo tan corto en que sucede esta novela  ,según la autora falseó las fechas de su escrito y horrorizada descubrió el origen ridículo del empieze de este relato.
Enrique le gustó la unión de Gongora con el Greco al final, en sus momentos gloriosos.
Roser Comas conoció a Gongora gracias a las canciones de Serrat como la hermana marica Carmen B lo empezó a leer con retinencias porque Gongora no le atraia.e igiual que a Sara y Neus lo leyeron por disciplina.Piusa y a Carme si les gustó agradandole tambien el título.
Pilar preguntó cuando se empezó a decir El Greco pues en la novela se le conoce por el griego,y encontró que chirria  en el punto donde " TIRADA EN CAJAS DE CARTON"..pues fue producido por primera vez , aproximadamente en 1880
Lali le gustó como el principio y el final cierran un circulo y recordó como  Paco Ibañez cantaba a Góngora.
Isa lo vió como un guión cinematogrfico con una escritura muy visual.e igual que Ana que le motivó el personaje.Sofia puntualizó como la inquisisción no dejaba retratar los pies. .Luz ,CarmenNomen y Maria Luisa disfrutaron con la lectura.
Hay un momento en esta   lectura que describe el arco iris de dos colores y en la escena del bodegón hay una granada cuando en el mes de mayo no las hay.
 He de reconocer que a Góngora no le he leído, así como tampoco conocía  a Ana Rodriguez , sopresa al leer como en esa  època el viajar con carruajes era tan pejudicialo para los caballos   Hiperrealista en la recreación de ambientes,La novela está escrita mayormente en tercera persona, salvo en momentos de  intimidad del poeta en que aparece su pensamiento interior, que sí lo leemos en primera persona y que, generalmente, tiene como principal causante algún lienzo del pintor , com cuando Góngora evoca la impresión que le produce la visión de El entierro del conde de Orgaz:.

libro para la próxima tertúlia CALLE DE LAS TIENDAS OSCURAS de Patrick Modiano , razón para leerlo , por obtener el premio Nobel 2014

dilluns, 3 de novembre de 2014

Tèrtulia del mes de octubre 1/10/2014

   La fiesta de la insignificancia

 Traducción del frances :Beatriz de Moura,: Pasable                                                                                     24 tertulianos:     Montse,Enrique,Montserrat Nomen, MªLuisa,Carmen Broubillard,RoserComas,Sara,Neus,Carme,Fuensanta,Francesc,Sofia,Anna,,Lali Isa, Pitusa,Roser Viñuales,AnnaMaria Marta,Mercedes,Luz, mare de la Luz y Sofia .                                                     Hemos encontrado a faltar a Pilar que por un pinzamiento no ha podido asistir, sus opiniones siempre son muy esperadas.


Este ùltimo libro de Milan Kundera ha sido una mezcla de decepción y alegria, ideas  enlazadas con la sensación de pereza al escribir,para mi es un libro menor  y disperso, sin interearle para  nada la trama ,se lee de una sentada.
A Montse le ha entusiasmado ,creyendo que puede ser el testamento del autor , Enrique que siempre es muy critico no le ha gustado nada , un libro reducido a la insignificancia,,en contra tenemos a  Montse Nomen y Piluca que a ellas si les gustó
porque profundiza en el totalitarismo como fenómeno  social,con un final,  se cepillan a Stalin.                                                                                                                                     Para Carmen Broulliard  fue un divertimento liviano, ameno ligero, fácil de leer pero efímero del que no le queda nada y  no recomendaria,Roser Comas nos decia que es porque és Kundera pero ni así le terminó de gustar" lo que me ha costado y que poco placer he obtenido" concluia,Sara no lo ha entendido ,encontramdo- lo  inconexo,   Neus tampoco le ha gustado segun ella de  tan insignificante no pasará a la posteridad,Carme  le gusta mas Kundera como ensayista pero que este libro se lo leyó muy rápido que carga contra la maternidad etc,Fuensanta no le gustó tampoco   que no dice nada que no se sepa  Francesc con su opinión dura nos decia verlo como un  oportunista al ser candidato a Nobel ,Sofia venia a la tertúlia para que se lo explicaramos pues, como yo, no lo ha entendido, la sìntesis de que  cuatro viejos setentones tratan de reconciliarse con la insignificancia de sus vidas por medio del humor.,con  actos son mezquinos, banales e insignificantes (“La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento”). Teresa si le ha gustado explicando con detalle lo que ella  creia de la simbologia que Kundera utiliza..buena reflexión,como la de .Lali con buen criterio nos decia que la botella de Armagnac ( conyac frances muy caro) al caerse de arriba del armario simboliza la caida de rusia,pero    tampoco veia que estuviera bien escrito, ,otra lectora  Isa tampoco le ha gustó estando de acuerdo con   Anna que según ella  era como un menú degustación,Pitusa sonriendo decia que es extravagante . comparandolo con la pelicula de Buñuel " el discreto encanto de la burguesis" Roser Viñuales esperaba esta vuelta de Kundera a la narrativa llena de metáforas  no es un libro es una metafora, otra tertuliana que le gustó ha sido Anna Maria sobre todo cuando habla de la muerte, Mercedes muy critica tambien nos comentaba que  son recoplicaciones de articulos y  al tener el encargo de la editorial los ha recopilado,Luz no lo ha leido pero como buena lectora ni caso de las criticas y lo leerà para asi tener critero propio,Sofia ( son dos Sofias en la tertulia) tampoco le gustò lo intentaba, mientra lo leia pero no lo consiguió,  habla de manera irónica y surrealista de la importancia simbólica del ombligo en la sociedad de hoy. Un ombligo como metáfora del egocentrismo reinante

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/artes-letras/article2556842.html#storylink=cpy
Haciendo a mano alzada quien le ha gustado y a quien no ,el resultado ha sido de  8 si y 16 no.

 ..Proximo libro  dia   5 noviembre 2014      El poeta y el pintor de Ana Rodriguez fischer , razón para lelerlo: recomendacion de Vila Matas

dijous, 23 d’octubre de 2014

 Entrevista al narrador cubano Juan Francisco González-Díaz, residente en Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias, por Juan Carlos Romero Mestre


Juan Francisco González-Díaz. Cubano, residente en Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias, España. Poeta, narrador, promotor cultural, comisario y curador de exposiciones. Psicoanalista y antropólogo. Ha impartido cursos de grado y de postgrados en varios centros universitarios de Cuba y España. Tiene publicado: Una mujer es… (poesía, edita NACE, Las Palmas de Gran Canaria, 2012). El Cabildo Congo de Nueva Paz (investigación antropológica, Editorial UNICORNIO, San Antonio de los Baños, La Habana, 2002). De Cuba te cuento, (cuentos, Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002). Poesía y psicoanálisis, (ensayo, Ediciones Luminaria, Sancti Spíritus, Cuba, 2001). Hacer el silencio (poesía, Edita Ayuntamiento de Palos de la Frontera, Huelva, España, 1996). Nosotros los de entonces (cuentos, Colección Pinos Nuevos, Ediciones UNION, 1994). La misma noche, (cuentos, Cuadernos de la Puerta de Papel, Centro Provincial del Libro y la Literatura, La Habana, 1993). Tocar en la aldaba (poesía, Ediciones Ateneo, La Habana, 1992). Caer del agua (poesía, Ediciones Ateneo, La Habana, 1991). Antologado en trece selecciones de poesía, en tres de narrativa y tiene poemas o cuentos en más de veinte periódicos o revistas. Creador independiente, pertenece a la Asociación Canaria de Escritores. Preside el Centro Canario de Estudios Caribeños —El Atlántico. Coordina el Taller Literario “Espejo de Paciencia”, el Taller de Poesía “Dulce María Loynaz” y el Festival Atlántico de Poesía “De Canarias al Mundo”

Juan Carlos Romero conversó con González-Díaz sobre los libros que han cambiado su vida, el regreso y la nostalgia, entre otros temas.

JCR¿En qué momento decidiste que querías escribir?
Juan Francisco González-Díaz (JFGD): Desde la enseñanza primaria me gustaba leer y leía bastante. Empecé con los comics y después con todo lo que era posible de leerse. Lo primero que intenté escribir fueron unos versos, en la cuerda de Nicolás Guillen, al empezar el séptimo grado en la Escuela Secundaria Básica Joe Westbrook, del municipio de Nueva Paz, en la entonces provincia La Habana, actual provincia de Mayabeque.
¿Qué te aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura? JFGD: La literatura vista en sentido general, global, me ha hecho mejor ser humano. Y la escritura me ha permitido hacer catarsis con mis sentimientos, explicármelos, darles, y darme, otras connotaciones, resonancias y amplitudes. El escribir me ha hecho, sin lugar a dudas, más pleno. En la literatura, ya de manera particular, como arte, es imposible que valga todo, porque cada uno de sus respectivos géneros tiene sus maneras de hacer y de ser.

JCR¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
JFGD: ¡Ay!, amigo mío. Me viene a la memoria un viejo poema, de no recuerdo cuál autor español, donde una muchacha analfabeta va con un letrado, creo que un cura, para que por ella escriba una carta al novio. El sacerdote le corrige los sentimientos y la muchacha se duele, diciendo, ¡Ay, quien supiera escribir!

JCR¿Cuáles son tus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes le han influido más?
JFGD: ¿Géneros? Leo —intento leer—, de todo. Antes de empezar en el primer grado de enseñanza primaria, ya leía. No de corrido, pero leía y era producto de los comics. Bueno, si fuera a darle un orden —no por más, ni por menos, sino un orden actual—, poesía, mucha poesía, siempre la poesía. Narrativa, alternando cuentos y novelas, menos relatos, pero también. Ensayos, historia de vidas, biografías. Siempre estoy leyendo dos o tres libros a la vez. Hubo un tiempo que leía por autor, intentando —y en muchas ocasiones llegué a lograrlo—, leer el universo de lo que él escritor había publicado, sobre todo los autores cubanos y latinoamericanos y lo más relevantes de España y Europa. ¿Quiénes me han influido más? En cuento, Ernest Hemingway y Juan Rulfo, dos maestros sin lugar a dudas, y toda la tradición cuentística cubana, que es mucha y buena. Por citar solo dos ejemplos, Eduardo Heras León y Leonardo Padura. En novela. Bueno, admiro mucho a Hemingway. Pero primero, Alejo Carpentier, Lezama Lima, Dulce María Loynaz, Leonardo Padura y Malraux. En poesía me siento influido por todo aquel que ha escrito un verso, desde Martí a uno de los más recientes premios “Julián del Casal”, Larry J. González. Tanto por servirme como incentivo, o para intentarlo de otra manera.

JCR ¿A qué te dedicas cuando no escribes?
JFGD: Leo, estudio psicoanálisis, antropología, politología, que es también una manera de leer. Preparo y coordino los talleres de poesía Espejo de Paciencia y Dulce María Loynaz en Las Palmas de Gran Canaria. Junto a un grupo de amigos hago promoción cultural, durante buena parte del año, con el Centro Canario de Estudios Caribeños —El Atlántico— que presido. Con los talleres literarios, el Centro Canario de Estudios Caribeños —El Atlántico— y otras instituciones, en las segundas quincenas de septiembre, hacemos posible el Festival Atlántico de Poesía “De Canarias al Mundo”. Dedico algún tiempo al facebook, a los amigos, tanto en Canarias, como en Cuba, y en el mundo

JCR¿Cuál es tu método de escritura, anotas lo que se le ocurre?
JFGD: Intento tener siempre conmigo un blog, una libretita, unas hojas de papel y un bolígrafo, para apuntar ideas, proyectos, alucinaciones, utopías, versos, musarañas, sospechas, etcétera. Trato, a veces lo logro, durante algunos espacios de tiempos, meses, temporadas, levantarme temprano —digamos seis, seis y treinta, o siete, depende—, e intentar escribir. Según el género a que me esté dedicando, en ese momento.

JCR¿Sí pudiese ser un libro, cuál serías?
JFGD:El filo de la navaja de William Somerset Maugham, o El diario de campaña de José Martí: De Cabo Haitiano a Dos Ríos.

JCR¿En qué proyecto te encuentras sumergido en estos momentos?
JFGD: ¿En cuáles? El Festival Atlántico de Poesía “De Canarias al Mundo”, desde Las Palmas de Gran Canaria, en la segunda quincena de septiembre. La publicación de cuatro libros con el sello editorial Cuadernos La Gueldera, del Centro Canario de Estudios Caribeños —El Atlántico—: 20 poemas a la Tierra: homenaje a César Manrique. De un tiempo en el teatro: 8 poetas y una escultora, libro de arte. Una isla dentro, segunda selección de poemas de los integrantes de los talleres de poesía “Espejo de Paciencia” y “Dulce María Loynaz”. Y el de Poetas cubanos en Canarias
.
JCR¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
JFGD: Primero que todo, porque no puedes hacer otra cosa, por disfrute, por placer, por realización, por el intento de ser un creador, un artista. Y bueno, que le vamos hacer, todo ser humano necesita de reconocimiento, del re-conocimiento y los que escribimos también somos seres humanos. ¿Dinero?, la literatura da muy poco, casi ninguno. Más bien, produce gastos.

JCR¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
JFGD: De todo un poco. Desde la más temprana adolescencia formé parte de los talleres literarios en Cuba. Soy licenciado en educación en español y literatura. Hice varios postgrados sobre literatura en el Instituto Superior de Pedagogía Enrique J. Varona y en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Además de diplomado en etnología, máster en antropología sociocultural. Y sigo experimentando, e intentando aprehender
.
JCR Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos o ¿encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?
JFGD: Es imposible que quien se entregue, con dedicación y de manera sería, a la literatura, se limite a contar como se hace en la sobremesa. Una cosa es un narrador oral, que también es un arte y otra un escritor. Aunque puedes ser ambas, pero enfrentando cada una con sus respectivas especificidades.

JCR¿Regalas libros en alguna ocasión?
JFGD: Me encanta regalarlos y sobre todo que me los obsequien. Sí, acostumbro darlos.

JCR¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?
JFGD: La literatura cubana es mucho más seria que una moda, es el “non plus ultra” de nuestra identidad. Es su razón, en las más variadas maneras. En tanto en cuanto, lo particular, en el ser cubano. No obstante, a veces, en ocasiones, acontecimientos extra literarios la hacen aparecer como una moda, como aquello para estar en onda, sobre todo por los snobs. Todas las personas tenemos responsabilidades sociales, las figuras públicas más aún, pero sucede que en muchas ocasiones la obra puede ir por un lado y la figura —hombre, o mujer, al fin—, por otra.

JCR¿Cómo te ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
JFGD: Me ha hecho verlo todo de una manera distinta, con otras posibilidades y alcances.

JCR¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuáles son tus verdaderos orígenes en ese sentido?
JFGD: En ello ha tenido mucho que ver, mi difunto padre, Bienvenido González Mendoza. Un obrero tabaquero, torcedor de tabacos, sindicalista con conciencia de clase y de un hábito de lectura que era casi un vicio. Tuve una buena escuela primaria, laica, progresista, con un marcado matiz de izquierda, muy martiana, liberal y privada: la Academia Cartaya. Y la Dra. Grecia Melo Cartaya, mi maestra de quinto y sexto grado, en esa academia del pueblo de Los Palos, municipio de Nueva Paz. Ella fue mi profesora de literatura en séptimo, octavo y noveno grado, y más tarde compañera de trabajo y colega de claustro.

JCR¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
JFGD: No, porque no hubiera sido nieto de Juan, mi abuelo paterno, que también era lector y Sargento del Ejército Libertador Cubano. Mambí que luchó, con las armas en la mano, por la independencia de su patria. Ni hijo de mi padre, de quien ya hablé. Ni ahijado de mi tío político, Teodoro, liberal y masón. Ni nieto de mi abuela materna, Mercedes, chamana o curandera, que cortaba los remolinos de agua y vientos, “los rabos de nube”, con una tijera.

JCR¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
JFGD: Sí, claro, desde luego, como toda actividad creativa.

JCR ¿Qué libros han cambiado tu vida?
JFGD:El presidio político en Cuba de José Martí. Seis actitudes de la burguesía cubana de Sergio Aguirre. Los heraldos negros de César Vallejo. Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. El filo de la navaja de William Somerset Maugham. Contribución a la crítica de la economía política de Carlos Marx. En la calzada de Jesús del Monte de Eliseo Diego. Procesos etnoculturales de Cuba de Jesús Guanche. El etnos cubano y su cultura. Anatomía de un “nuevo enfoque” de Desiderio Navarro. Siete conferencias de psicoanálisis en La Habana, Cuba de Miguel Oscar Menassa. La interpretación de los sueños de Sigmund Freud. Y…

JCR ¿Qué poetas cubanos te han influenciado más?
JFGD: José Martí, Lezama Lima, Eliseo Diego, Rafael Alcides, Luis Rogelio Nogueras, Lina de Feria y Raúl Hernández Novás, entre otros.

JCR El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
JFGD: En ocasiones, todos a la vez. “Los gorriones”, en el decir cubano. En otros momentos, de vez en cuando. Aquel que se posa por allí, el que da vueltas, revoloteando. Unos, a veces y otros a ratos. Pero ellos, ahí. Claro, quien que es, no es nostálgico, si se nació en Cuba.

JCR ¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
JFGD: Sí, la censura y la propia autocensura. Algunos todavía, en ocasiones, miramos hacia atrás, a la espalda, por encima del hombro, al referirnos a ciertos temas.

JCR ¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
JFGD: Todos me parecen válidos. Hay quienes tocan mejor el violín y otros la tumbadora. Unos somos de ballet y los hay de guaguancó.

JCR¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura? ¿Cómo se puede suplir este vacío?
JFGD: Sí, pienso que sí, y creo que tiene que ver con lo de la censura y la autocensura, de la que hablábamos. Todos no estamos en condiciones de dar, o no podemos pagar, ciertos precios.

JCR ¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
JFGD: Creo que entre ambas existe una relación biunívoca, dialéctica. Y cuando digo dialéctica no estoy en la vulgarización positivista de ciertos enfoques soviéticos del marxismo, que hablaba de una base económica coronada por una superestructura, marcada y dependiente de su base.

JCR¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte de tu vida?
JFGD: Yo no soy el resultado de una ciudad. Viví una buena porción de años en la ciudad de La Habana. Trabajé en la biblioteca de la Casa de las Américas. En el Instituto Cubano del Libro y el Ministerio de Cultura, como funcionario, promotor, o editor. Fui profesor universitario de antropología, pero soy de un pueblo de campo. Los Palos, en el municipio de Nueva Paz, actual provincia de Mayabeque. Un guajirito color cartucho de las feraces tierras rojas del sureste habanero, las que me dan connotación definitoria en la vida, en mi quehacer, en mi psiquis, en mi comportamiento. La patria es la esquina donde se jugó a las escondidas. La patria es la primera vez que te rompiste, o te rompieron, la cabeza. La primera vez que apareció el miedo y el valor. Donde fueron las primeras muestras de compañerismos y de miserias humanas. La primera vez que la muerte anduvo por la familia o por las amistades. El primer beso que diste y te dieron. Eso es la patria. Fui el historiador del municipio de Nueva Paz, el director y uno de los organizadores de su museo. Fundé el Centro de Información, Documentación, e Información Literaria Ramón Rubiera, que llevaba todo el quehacer literario de la antigua provincia La Habana, con colecciones de gran valor editorial, histórico —sobre todo bibliográfico—-, con colecciones de textos y revistas del siglo XIX y XX. Por citar solo un ejemplo, la colección completa de la revista Orígenes. Aparezcan los nombres que ahora se muestren, como escritores de la historia del municipio de Nueva Paz y de la extinta provincia La Habana. En ellas, mi quehacer y mi impronta, también la hicieron posible, incluso para otros. En la mayoría de sus fondos, de sus muestras, de sus valores, estuvo mi voluntad y su posibilitación.

JCR ¿Qué objetivo persiguen tus libros?
JFGD: Para contestar esa pregunta tendría que hacer unas sinopsis de cada uno de ellos. Pero todos, con sus respectivas especificidades, pienso que intentan dar, una vez más, visiones de las cuatro consabidas preguntas que los humanos nos seguimos haciendo, constantemente. De dónde venimos, quiénes somos, dónde estamos y hacía dónde vamos.

JCR ¿Qué mensaje deseas trasmitirle a los cubanos y a tus lectores?
JFGD: Existen muy pocas cuestiones nuevas bajo el sol, pero debemos seguir intentando verlas con patinas distintas, en el propósito de cambiarlas y hacernos más humanos en sus posibles transformaciones.

http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/la-literatura-cubana-es-mucho-mas-seria-que-una-moda-320598

dilluns, 15 de setembre de 2014

Entrevista al escritor de literatura infantil Joel Franz Rosell, residente en París por Juan Carlos Romero Mestre.


Sus libros Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes (Barcelona, Santa Clara) y Pájaros en la cabeza (Pontevedra) han sido incluidos por la Biblioteca Internacional de la Juventud en su selección The White Ravens de mejores libros infantiles publicados en el mundo. Cuenta con traducciones al catalán, el coreano, el francés, el gallego, el inglés, italiano, el portugués y el vasco. Ha participado en numerosas jornadas literarias y ferias del libro de Europa y América Latina.
CUBAENCUENTRO conversó con Joel Franz Rosell sobre la realidad, la fantasía y la afición a regalar libros, entre otros temas.
 Escritor, ilustrador y especialista en literatura infantil, Joel Franz Rosell (Cruces, Cuba, 1954) es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas. Ha trabajado como especialista literario del Ministerio de Cultura de Cuba y como profesor, bibliotecario y periodista en Radio Francia Internacional. Dejó Cuba en 1989 para residir en Río de Janeiro, Copenhague, Buenos Aires y París.
Sus cuentos y novelas para niños han sido publicados en Argentina, Brasil, Colombia, Corea del Sur, Cuba, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, México y Portugal. Entre sus casi treinta títulos se destacan: Los cuentos del mago y el mago del cuento (Madrid); Mi tesoro te espera en Cuba (París, Zaragoza); El pájaro libro (Madrid); La leyenda de Taita Osongo y Concierto n°7 para violín y brujas (México).
Ha publicado unos 200 artículos en publicaciones de tres continentes, y el ensayo La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas (Buenos Aires).
Juan Carlos RomeroJCR ¿En qué momento decidiste que querías escribir?
Joel Franz Rosell (JFR): No es algo que uno decida. La literatura lo decide a uno. Yo empecé a contar historias a los 10 años; primero las dibujé en forma de comic, luego las narré oralmente a mi hermana, en el camino de regreso de la escuela, y finalmente, a los 13 años, escribí mi primera novela. Por entonces, como cualquier muchacho, a la pregunta “¿Qué harás cuando seas grande?” yo respondía: “veterinario”, “geógrafo”, “cosmonauta”. Pero no tardé en descubrir que en Cuba un veterinario debía vivir en el fango y curar vacas, que la geografía no se descubría ni exploraba: se enseñaba en las aulas, y que para ser cosmonauta había que ser piloto de guerra y saber mucha matemática. Poco a poco no me quedó más opción que la literatura.
Cuando me llegó la hora de escoger carrera universitaria, al pre-universitario de Santa Clara no llegó ninguna plaza de Periodismo ni de Historia del Arte (que se estudiaban en La Habana, sueño dorado de todo joven cubano en tiempos en que “el extranjero” no existía), pero la carrera de Letras abrió matrícula, por primera vez en cuatro años, en la Universidad Central de Las Villas. El camino que me conducía hacia la literatura se tornó entonces rectilíneo y desyerbado.
 JCR¿Qué te aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?
(JFR): La escritura y la literatura me lo han dado todo, o casi. Creo poder decir sin retórica que yo vivo para escribir, y desde hace un tiempo escribo para vivir (modestamente, porque Lettera non dat panem). No creo haber tomado vacaciones —salvo por acompañar a mis parejas— desde que terminé mis estudios. Para mí escribir es viajar, divertirme, reposar (y eso que nunca estoy satisfecho, y reviso y corrijo hasta sacarle sangre a la página). Ateo que soy, mi dios es la literatura… por lo que cosecho grandes y repetidas decepciones; pero también una que otra recompensa. Por lo menos la mitad de mis viajes (a lo largo y ancho de Francia, por Europa y América Latina) y muchas de mis mejores experiencias, me han sido procurados por la literatura y los libros.
En consecuencia, lejos de creer que todo vale en literatura, tiendo a pensar que nada vale tanto como ella… Y llego al extremo de perdonarle cualquier cosa a un individuo con tal de que escriba bien.

JCR¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
(JFR): Eso no lo sabe nadie. Cada lector es diferente y espera algo distinto de la literatura. Algunos buscan historias que los alejen de lo cotidiano, otros, al contrario, buscan respuestas para los problemas del día a día. Estos desean un espejo donde mirarse y aquellos, algo trascendente, con respuestas para las Grandes Preguntas en torno a la vida, la muerte, el amor, la guerra… Pero también hay gente que solo anima el deseo de frotarse con la palabra excelsa, la construcción ingeniosa, la idea prístina.
Supongo que uno como escritor se parece a sí mismo como lector… Aunque los que hacemos literatura infantil hemos de tomar suficiente distancia, practicar una forma de esquizofrenia; con dos cabezas como la del dios Janus: una vuelta hacia la infancia (la nuestra, que dejamos atrás, y la ajena, que tenemos por público) y la otra vuelta hacia el adulto que somos. En cualquier caso, los lectores con los cuales me entiendo bien gustan de historias intensas, sorprendentes, bien hilvanadas, y al mismo tiempo escritas con esmero y creatividad. Alguna vez me definí como “un traficante de aventuras y leyendas”. Pero trafico con guantes de seda, intensamente convencido de que la literatura debe, como dijera Martí de la poesía, “resistir como el bronce y vibrar como la porcelana”.

JCR¿Cuáles son tus géneros favoritos en la lectura, tus autores y quiénes te han influido más?
(JFR): Lo que menos leo es poesía y teatro. Me gustan el ensayo (cuando está bien escrito y no exige la pertenencia a una secta intelectual) y la Historia (cuando reconstruye los movimientos de masas sin descuidar los destinos de hombres concretos), pero lo que más leo son cuentos (infantiles) y novelas (para chicos y para adultos). Citar “mis autores” me resulta bien difícil pues he leído muchos, prefiriéndolos o descuidándolos según el momento vital o creativo. La mayoría son autores para niños, lo que es lógico teniendo en cuenta mi especialización.
Para empezar, creo que le debo mucho a Martí (me gustaría poder negarlo, porque es el autor que más revindicamos y traicionamos los cubanos) y a ese famoso desconocido que es Hans Christian Andersen. Sin dudas me han marcado Julio Verne y Alejandro Dumas (aunque no he escrito ninguna auténtica novela de aventuras), Charles Perrault, Road Dahl y Pierre Gripari. Debo enormemente a Hergé (pese a no cultivar la historieta), a Enid Blyton (una escritora mediocre que, no obstante, marcó mi infancia y mis inicios como novelista). También debo, aunque no sea más que una comprometedora admiración, a los cubanos Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso y Guillermo Cabrera Infante.
Hay libros que en algún momento orientaron mi carrera (de lector o de escritor; suponiendo que sean cosas diferentes) o me dejaron una huella indeleble: Aventuras de Guille (D. Alonso), Emilio y los detectives (Erich Kaestner), Los tres gordinflones (Yuri Olesha), El viejo Jottábich (Lazar Laguin), Timur y su pandilla (Arkadi Gaidar), las series “Aventuras de Kásperle” (Josephine Siebe), “Teban Sventon” (Ake Holmberg), “Club del Pino Solitario” (Malcolm Saville) y “Aventura” (E. Blyton), así como diversas novelas juveniles escandinavas (Lindgren, Unnerstand, Tove Jansson). En algún momento admiraba tanto Las aventuras de Tom Sawyer y La isla del tesoro que los releí regularmente, procurando empaparme de su estilo
.
JCR ¿A qué te dedicas cuando no escribes?
(JFR): Yo soy un escritor profesional (aunque, no temo repetirlo, no dé para vivir) y casi todas mis restantes actividades tienen que ver con la promoción de la literatura, la lectura y la escritura. Desde 2005, además, he ilustrado unos cuantos de mis libros. Así que leo, dibujo, visito museos (numerosos y excelentes en París, a veces hasta me salen gratis), escucho la excelente radio pública francesa, acudo (sin la menor disciplina) al gimnasio, escribo a tanto amigo lejano y, últimamente, pierdo mucho tiempo en Internet. Tengo la manía de ordenar y la mala maña de dejar para última hora, o para nunca, lo urgente
JCR¿Cuál es tu método de escritura? ¿Anotas lo que se te ocurre?
(JFR): Tengo decenas de cuadernos (con notas escritas y dibujos) donde amontono nombres y anécdotas de personajes, nombres o descripciones de lugares, esbozos de escenas, ideas, referencias, chistes. En su mayoría, esos apuntes no encuentran lugar en mis libros (algún día deberé reunirlos en volúmenes heterogéneos que nadie querrá publicar), pero otros permiten el lento y progresivo desarrollo de algunos libros, e incluso constituyen cuentos casi completos y hasta algún poema (malo). Conservo varias agendas, apuntes, recortes y manuscritos que remonta a fines de los años 60. A veces reescribo proyectos antiguos, o no tanto.
En general soy un escritor lento. Puedo demorar 20 años en escribir un cuento de solo 10 páginas. Y no hablo en sentido metafórico: la trama de El pájaro libro ya la tenía completa en 1982, pero solo conseguí darle su forma definitiva un par de años antes de publicarlo en 2002. Más grave es el caso de mi novela La leyenda de Taita Osongo; la escribí en 1983 para optar al premio Heredia en Santiago de Cuba, que efectivamente gané. Pero no aproveché el derecho a publicación. Necesité casi 20 años para concebir las páginas —escasas pero esenciales— que diferencian el primer manuscrito del libro publicado en 2004 (se estrenó en traducción francesa) y 2006 (fecha de la edición mexicana). Una trama puede estarme dando vueltas durante años, o lustros, antes de que me empiece a redactarla o consiga terminarla, pasando en algunos casos por versiones que otros quizás considerarían publicables
No me faltan ni ganas ni ideas, pero me cuesta mucho dar con el tono adecuado, con esos detalles que hacen viva a una criatura de palabras. A veces puedo ser muy indeciso, y si puedo quedar desconcertado ante el menú de un modesto restaurante, que solo propone una docena de ítems como entrada, plato y postre, ¿cómo entonces decidir entre las infinitas posibilidades de tono, estilo, perspectiva o subgénero con los cuales se puede abordar una historia? Yo acabo un libro cuando no puedo más, cuando estoy tan preñado de él que se me sale por los poros. Ningún método ni truco me resulta infalible para acortar los plazos: o leo libros parecidos o acumulo documentación, o bien escribo trozos que luego he de armar e interconectar o dibujo las situaciones antes de narrarlas, y a veces me dejo marcar la pauta por los ukases del editor… Pero el libro solo sale cuando tiene que salir.

JCR¿Sí pudieras ser un libro, cuál serías?
(JFR): ¡Pero es que yo soy un libro! No voy a decir cuál, pues en este mundo cruel no es bueno que nos lean los secretos. Solo puedo revelar que soy un libro muy parecido a La historia interminable de Michael Ende.

JCR¿En qué proyectos te encuentras sumergido en estos momentos?
(JFR): De mis respuestas anteriores se deduce fácilmente que estoy metido en varios proyectos en estos momentos. En unos me sumerjo un tiempo, en otros doy breves zambullidas
Todo escritor tiene dos oficios: escribir y publicar. Y aunque soy un escritor relativamente bien aceptado, tengo una decena de libros (cuentos y novelas) terminados e inéditos, o actualmente fuera de catálogo (no son “seis personajes en busca de un autor” sino seis —o más— obras en busca de un editor… adecuado). Mientras no está publicado, un libro está inconcluso (como dirían ciertas madres: “hasta que la hija no está casada, no está encaminada”) y sigue pesando sobre las espaldas de su autor… aunque menos que los libros inacabados, condenados a girar en un torbellino similar al que imaginó Dante para las almas no bautizadas, exiladas en el Limbo.
Por método, por carácter o por accidente, trabajo en varios cuentos, novelas, artículos y proyectos de ilustración al mismo tiempo; hasta que uno de ellos está tan maduro que se pone delante de los otros y me acapara. A veces el que consigue protagonismo es un proyecto completamente nuevo, salido “de la nada”, pero con tanto brío que no hay quien se le resista.

JCR¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
(JFR): Se escribe por placer, pero no hay placer sin reconocimiento y, por tanto, sin dinero (que es la justa compensación por la explotación comercial de nuestro trabajo y única forma, en una civilización mercantil como la nuestra, de hacer circular productos y servicios). Sin esa remuneración, los que vivimos de nuestros libros tendríamos que dejar de escribir para asegurarnos el pan, el techo, el fuego, los calzones… o nos veríamos en tal medida apaleados por la necesidad, que mal podríamos consagrar a nuestras obras el tiempo y meollo que estas exigen.
El derecho de autor proporcional (X % por cada ejemplar vendido) es el mejor sistema de retribución literaria porque —a diferencia de las subvenciones y mecenazgos— garantizan la libertad de opinión y una cierta conexión del autor con la realidad. El problema es que el neoliberalismo y la financiarización de la economía también han contagiado a la industria editorial, y el aumento irracional de la oferta (de títulos “fusibles” que se clonan con pocos ambages) “pudre” el panorama y obliga al autor a cortar en dos cada idea que se le ocurre para hacer de uno, dos libros, y así intentar mantener su nivel de vida y su presencia en las librerías.
Escribir solo por dinero y reconocimiento (¿de quién?) es muy peligroso. No solo porque traicionaríamos a los lectores, sino porque nos traicionaríamos a nosotros mismos. A veces el escritor rico (o no tanto) y “reconocido” (y tampoco) es un cínico o un amargado que ya nunca volverá a escribir bien.

JCR¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
(JFR): El estilo propio lo conforman menos los recursos que uno acaba por dominar que, lo dijo Carpentier, las estrategias que uno inventa para eludir los defectos que uno jamás llega a vencer. Pero entiendo que te refieres a aquellos recursos que uno mismo ha inventado (o reciclado, adaptado, integrado; porque a estas alturas es difícil crear algo enteramente nuevo). Creo que “mi estilo” se configuró entre 1986 y 1993, en libros como Los cuentos del mago y el mago del cuento, Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes y Vuela, Ertico, vuela, gracias a la articulación de realidad y fantasía, a un discurso estereofónico que simultánea —pero diferenciadamente— se dirige a niños y adultos, a un lenguaje que busca ser juguetón, sin dejar de ser preciso e innovador. Procuro evitar la calcificación de esta estética con variaciones como Pájaros en la cabeza (2004) o Concierto n°7 para violín y brujas (2013), y con textos más despojados —a veces para niños muy pequeños— como la serie “Gatito” (iniciada en 2012) o novelas de aventura detectivesca como Exploradores en el lago (2009). Finalmente, mi debut como ilustrador de algunos de mis textos, desde 2006, me obliga a explorar nuevos yacimientos y técnicas.
Siempre aprendes, inventas, descubres… incluso dentro de tu viejo coto de caza. Es más, desde el momento mismo en que dejas de experimentar y aprender, estás acabado.

JCR Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos, ¿o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?
(JFR): Nunca se escribe como se cuenta en la sobremesa. Incluso los narradores de estilo coloquial deben elaborar un discurso, seleccionar y organizar los elementos de realidad que ponen en la página. Aunque solo sea porque en la vida real, lo que decimos viene apoyado por entonaciones, pausas, gestos, y que lo que sucede es visto y referido por alguien (el narrador) que, incluso cuando no participa de la trama, no deja de ser un personaje.
El caso es que el realismo a secas no me interesa. Me considero miope y “duro de oído”, y por tanto no me estimo apto para la reproducción directa de la realidad… cosa que, de todos modos, no me interesa.
Antes me dije miope, pero también presumo de présbita. La distancia que me permiten poner la fantasía, la parábola, la aventura o el humor entre la realidad y yo, crea el espacio necesario para deslizar mi concepción del mundo. También, por supuesto, es una cuestión de placer creativo. No me parece que un espejo (retrovisor, de baño o de escaparate) tenga una vida muy divertida.

JCR¿Regalas libros en alguna ocasión?
(JFR): Todo el tiempo. Regalo libros a alguna biblioteca o escuela, a familiares, amigos y colegas, y a veces a uno que otro que no es tan amigo (por razones, digamos, diplomáticas). También regalo mucho de mi trabajo, ya sea en mis sitios (http://elpajarolibro.blogspot.com es el principal), en Facebook y en diversas publicaciones electrónicas o impresas que no pagan la colaboración (en el terreno de la literatura infantil se remunera todavía menos, y peor, que en literatura para adultos). Soy generoso y por tanto pobre.
Mucha gente ignora que a los escritores no nos dan más que una ínfima cantidad de ejemplares de nuestros libros. Los ejemplares pertenecen a sus editores (que pagan papel, tinta, imprenta, distribución y promoción) y no a los autores, que solo poseemos “la obra” (nadie nos paga el trabajo de creación; solo nos dan una lasquita del beneficio que produce su venta). Cuando publiqué mi primer libro, un conocido me preguntó con falsa sorpresa: “¿Y no les regalas tu libro a los amigos?”, a lo que debí responder: “Mis amigos son los (primeros) que compran mi libro”.
Viejos mitos como el “derecho del pueblo a la cultura” y el “libre acceso a la creación” han engendrado su avatar post posmoderno con la “descarga libre”. En algún sitio pirata he descubierto alguno de mis libros que un “generoso” Robin Hook (Sic.) pone gratuitamente a la disposición de quienes se abonan a su pequeña empresa filibustera. Todo el mundo paga la computadora, la corriente y la conexión telefónica, pero se esfuerza en no pagar la música, las películas y los libros sin los cuales los tres primeros ítems resultarían muy poco apetitosos….
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JCR¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?
(JFR): Menos que hace una década, pero sí: Cuba está de moda. Eso sí, más que la literatura cubana, están de moda la música (salsa, jazz latino), el mar, el sol, las mulatas y las especulaciones sobre el futuro político de la Isla. Reconozco que es bastante fácil llamar la atención y alimentar una conversación con el solo hecho de ser cubano, y que hay eventos consagrados a Cuba, cuando no los hay a propósito de Mongolia, Honduras o Liechtenstein. La cara fea de la moneda es que muchos esperan que hagas “el cubano” y que tus libros muestren La Habana en ruinas, las mulatas ardientes, el exilio y los tambores. Si tus libros tocan otros temas (como ocurre en casi todos los míos), te cuesta encontrar editor o promotor tanto como a un escritor de Mongolia, Honduras o Liechtenstein.
Lo de la responsabilidad social es difícil de evocar en la época ultra individual y posmodernamente desencantada que vivimos (por lo menos en “Occidente”). Hay una minoría que sí cree en la responsabilidad del intelectual frente a las “impurezas de la realidad”, pero es difícil conseguir el equilibrio entre el compromiso ideológico y esa autonomía estética sin la cual no se hace literatura sino panfleto o, en mejor de los casos, periodismo.
Los autores de libros para niños lo tenemos más fácil porque no se espera de nosotros que hablemos de política, pero en realidad lo tenemos más difícil porque también se espera que contribuyamos a la formación de los chicos, sin manipularlos... Y cuando nuestra consciencia o nuestras cicatrices nos piden hablar de política o ética, hemos de hacerlo sin que lo parezca y sin que se note demasiado de qué lado estamos. Yo intenté mostrar con el máximo de neutralidad algunos problemas de la Cuba reciente en Mi tesoro te espera en Cuba; pero creo hablar de política (de la apropiación y ejercicio del poder) con más eficacia en las parábolas que son el cuento Pájaros en la cabeza, la novela Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes, y textos que no encuentro quien me publique como “El plátano republicano

JCR ¿Cómo te ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
(JFR): El e-book todavía no me ha cambiado nada. Tengo algunos libros en formato electrónico, casi toda mi bibliografía activa está a la venta en la web y tengo hasta un primer libro en formato electrónico que no existe (pese a la promesa del editor) en papel. No conozco gran cosa en materia de informática y mal me veo adaptando mi manera de crear a las nuevas herramientas y formas de comunicación (cuya influencia en la vida moderna no alimenta tampoco mis tramas). Otra cosa es el uso de la tecnología para escribir más cómodamente y comunicar más rápida y eficientemente. Me compré mi primera computadora en 1992, abrí mi primera cuenta de correo electrónico antes de 1998, y mi primer blog a principios de 2006. Al teclear casi tan rápida y silenciosamente como pensaba, y al disponer de amplias posibilidades de documentación, corrección y exploración de variantes, mi escritura se liberó de cierto peso y redujo errores e imprecisiones. Esta nueva libertad me ha dado alas para volar aún más lejos y codiciar el horizonte.
Pero nunca he leído en tableta, y no siento su falta. Para leer nada se ha inventado mejor que los libros. Puedes escoger tipografía, tipo de papel y encuadernación, sin preocuparte de la batería, la temperatura, la humedad o el polvo. Para documentarse, los “leedores” electrónicos son más eficaces, pero para leer literatura… ¡No!

JCR¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuáles son tus verdaderos orígenes en ese sentido?
(JFR): Ya lo dije al principio, empecé a escribir siendo niño, pero me consta que SIEMPRE conté historias (a mí mismo y a los demás). La realidad no me satisfacía y pronto me empeñé en mejorarla, “editarla”, remasterizarla. Pienso que, al margen de mi deseo de literaturizar la realidad, la necesidad de leer y luego de escribir me la impuso una pérdida jamás consolada: cuando tenía unos 3 años, mi familia cambió de ciudad. La nueva casa era pequeña y en el cuarto de desahogo del pueblo natal se quedaron unos comics que nunca pudimos recuperar y ni siquiera sustituir, puesto que la Revolución decretó que el género (como su origen estadounidense) eran perjudiciales para el pueblo cubano. Por supuesto, yo no sabía leer (creo recordar que algunos de aquellos comics estaban en inglés), pero imaginaba las historias. Esa primera pérdida bibliográfica me condenó a ser un bulímico lector (cuando estoy “en falta” —en la cola del supermercado, por ejemplo— leo las etiquetas de las conservas que llenan mi canasta).
La segunda pérdida irreparable la sufrí cuando me “deportaron” de la Sala Juvenil de la biblioteca provincial. En la sección de adultos no hallé las novelas de niños detectives, las historietas de Tintín y demás libros que me gustaban todavía a los 14 años (aunque ya empezaba a leer literatura para adultos, y no solo novelas policíacas y de ciencia-ficción, sino grandes autores como Thomas Mann o Dostoievski). No pude resistir aquella amputación y comencé a escribir desaforadamente lo que me habían quitado (completé 54 novelitas en 5 años).
Cuando ingresé en la facultad de Letras de la Universidad Central de las Villas, a los 19 años, ya era miembro de un taller literario, había participado en un par de concursos literarios y había publicado (un dibujo y un cuentecito) en el semanario humorístico regional. A los 24 años, con mi primer cuento no realista, gané un premio nacional, y a los 29 publiqué mi primer libro.
Todo lo ocurrido desde que empezara a contar historias a los 10 años era mi “destino manifiesto”.

JCR¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
(JFR): Todo tiempo pasado, presente y futuro pudo ser mejor. En Cuba nunca ha habido bastantes libros. Ni siquiera en la época en que más títulos se publican, los últimos 15 años, porque no se importan libros y la industria editorial de un pequeño país no puede dar cuenta de la vasta producción mundial (en el supuesto de que se lo propusiera, que no es el caso). Durante mi infancia y adolescencia era difícil acceder a, siquiera, una correcta representación de la literatura universal (contemporáneos menos aún que clásicos y). Sé que algunos compatriotas de mi generación lograron tener una buena formación literaria, pero mi familia no era nada intelectual y en la provinciana realidad villaclareña las vías alternativas eran escasas. Si mis lecturas hubieran sido más variadas, si mis profesores de Español y Literatura hubieran sido mejores, si hubiera tenido un mejor acceso a revistas y tertulias literarias, y a otras expresiones artísticas… yo sería ciertamente un mejor escritor… Pero ¿no estoy especulando? Acabo de explicar que fue precisamente la falta de libros lo que me incitó a escribir…
Ningún individuo plenamente satisfecho con el mundo en que vive, intenta reformarlo. Y los escritores somos eso: reformadores, cuando no revolucionadores, de la realidad gracias a esa forma objetiva del ensueño que es escribir.
Al salir de Cuba en junio de 1989 se me abrieron las grandes alamedas de la literatura. Y no solo pude acceder a ella en castellano, sino en portugués, francés (la lengua en que más leo), inglés e incluso ocasionalmente en italiano. He podido reformatear y enriquecer mi cultura, y desarrollar mi oficio. Pero los huesos necesitan el calcio que aporta la leche en la infancia y no en la madurez, y debo concluir que ciertas carencias de mi formación las guardaré para siempre (como una escoliosis y huecos de la dentadura que me acompañarán hasta el “FIN”).

JCR¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
(JFR): Todas las literaturas tienen altibajos. La cubana tal vez más que otras porque nuestra realidad económica y política ha vivido muchos sobresaltos. Hay países más pobres y con mayores porcentajes de analfabetismo (nuestra vecina Haití, sin ir más lejos), que sin duda afrontan problemas que Cuba desconoce. Pero el nuestro es uno de los pocos países del mundo en que la simple condición de emigrado te impide publicar y ser leído allí donde nació, creció y se reprodujo (aunque no necesariamente muera).
La literatura cubana se ha dividido en dos ramas que solo unos pocos conocen a ambos lados del Estrecho de la Florida, acentuando la desnaturalización de un conjunto que, no obstante, ofrece flores intensas y fecundas. Al no poder contar con el cubano integral como receptor, muchos autores condicionan su discurso, sus referencias y sus alcances al destinatario más inmediato, y eso se paga en términos de trascendencia espacial y temporal. Hay mucha narrativa de la Isla que es excesivamente localista y autorreferencial, y mucha narrativa de la emigración que responde a esquemas proporcionales, aunque de polaridad contraria. ¿Cuánta novela no sobra sobre la picaresca de la Cuba post Muro de Berlín, cada una con su cruz en alto, a ambos de esas aguas que ningún Cristo va a cruzar? Oportunismo, populismo, revancha y poca exigencia estética empercuden la literatura cubana, y eso en una medida difícilmente comparable con la de cualquier otra nación.

JCR¿Qué libros han cambiado tu vida?
(JFR): Eso suena un poco grandilocuente… ¿Puede realmente un libro cambiarle la vida a alguien?
En realidad sí, pero no son necesariamente grandes obras literarias. De pequeño me impresionó tuve un librito titulado, creo, El león rojo (aunque impreso en azul y rojo sobre grueso papel blanco), escrito y editado en castellano en algún país del llamado Campo Socialista. Contaba cómo un niño superaba sus miedos y flaquezas gracias a un amigo imaginario. Algunos años más tarde, ya en plena adolescencia, otro libro —quizás un mero manual— de psicología, me hizo descubrir que un carácter se modifica, se fortalece. Yo no estaba nada conforme conmigo mismo, y creo que esos libros me dieron, si no fuerzas, por lo menos esperanzas de cambio. Fueron esenciales para mí y, sin embargo ni del uno ni del otro recuerdo exactamente título o autor. Todavía pasaron muchos años hasta que, en 2003, ya un poco más conforme conmigo mismo, publiqué Javi y los leones, la historia de un niño que, ante la amenaza de un peligro real, enfrenta un miedo imaginario y parte a la defensa de su derecho a ser respetado.
Para un escritor que casi no ha hecho otra cosa en la vida que leer, escribir y hablar de literatura, los libros son algo más que condimentos, algo más que ingredientes, son el caldero y el fuego mismo, y los libros que me han cambiado la vida son, sobre todo, libros que me cambiaron la escritura.
A los trece o catorce años descubrí un relato titulado algo así como El naufragio del “Continental”, en cuya primera página se precisaba que había sido escrito por un niño de 11 años. Sentí tanta envidia que me puse a falsificar las fechas que yo anotaba, escrupulosamente, en la primera y última página de cada una de mis novelitas. Fue una envidia estimulante porque si mi “competidor” se me había adelantado e incluso había publicado un libro, yo creía haber escrito más… y continuaría hasta completar 54 novelas (por supuesto impublicables) en seis años
Cuando me puse a trabajar seriamente en lo que sería mi primer libro publicado, El secreto del colmillo colgante, releí atenta y repetidamente Emilio y los detectives, Las aventuras de Tom Sawyer y Timur y su pandilla; tratando de encontrar en esos modelos la levedad y solidez de estilo que debían caracterizar la que pudo ser primera novela detectivesca juvenil cubana (se me adelantaron Benítez Rojo con la —inigualada aunque impura— El enigma de los Esterlines y Pérez Valero con El misterio de las Cuevas del Pirata).
Un lustro después, El hombrecito vestido de gris, de Fernando Alonso, El bolso amarillo, de Lygia Bojunga Nunes y Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari, abonaron el surco donde surgió la forma de narrativa que acabaría por definirme, pero que aún requirió la tardía lectura de Cabrera Infante para romper las últimas cadenas que ataban mi prosa.
No obstante es muy probable que los libros que más hayan cambiado mi vida los tenga ocultos en el subconsciente porque, parafraseando de nuevo a Martí: “… hay cosas que para lograrlas, han de andar ocultas”, y un escritor demasiado consciente de sus sueños, angustias y carencias no es verdaderamente libre.

JCR¿Qué pintores cubanos te han influenciado más?
(JFR): Aunque comencé a dibujar de manera más o menos sistemática en 2005, y lo hice siempre para mí mismo o por encargo, no creo que ningún pintor cubano haya tenido una influencia decisiva en ese nuevo rubro de mi actividad, ni en mi cultura general. Pero es indudable que La jungla de Wilfredo Lam me conmueve desde que pude tocarla con los ojos en el MOMA de Nueva York, que el mundo de Pedro Pablo Oliva lo siento próximo a mi sensibilidad, que me gustaría ilustrar como Eduardo Muñoz Bachs, y a veces como Vicente Rodríguez Bonachea (sus mejores ilustraciones no están entre las que concibió para mi segundo libro y primero suyo, De los primeros lejanos tiempos la lechuza me contó), y que me gustaría poder fugarme de tanto en tanto a las comarcas poéticamente hiperrealistas de Tomás Sánchez.

JCR El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
(JFR): Nunca he padecido la nostalgia de realidades conocidas y no me costó demasiado poner tierra (cuando aún estaba en Cuba) o mar por medio entre ellas y yo. He podido regresar a Cuba (solo cuatro años me duró la cuarentena del maldito “permiso de viaje”) y quizá por eso mismo no sueño con regresar definitivamente. Tal vez estoy demasiado afrancesado para eso, y ciertamente no son los modestos “nuevos cambios” los que me persuadirán de incendiar mis naves. Mucho más que la corteza económica y política tendría que cambiar para que me atrapara la obsesión de volver definitivamente a una Cuba que prefiero inventar.

JCR¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
(JFR): Todo escritor cubano ha debido esquivar censuras. Lo que pasa es que a menudo el mejor esquive es la elusión anticipada del tema o enfoque conflictivo; la “fuga hacia adelante”, como dicen los franceses. En mi primer libro, publicado en 1983 (todavía tiempo de ojerizas, rescoldos del “quinquenio gris” que ni fue gris ni duró solo cinco años) hay uno que otro “teque” (“verdad revolucionaria” que se le sirve al auditorio con cuchara de palo) y algunas palabras que, incluso si entonces yo era “creyente”, subrayé con prestado lápiz rojo.
Si todavía hoy retengo de vez en cuando la brida, no es solo pensando en Cuba. Los que escribimos para niños debemos tener en cuenta que hay cosas que a los cuatro años no se entienden, que a los nueve años no interesan en absoluto y que a los doce deben seguir siendo ignoradas, y que hay asuntos que importan al adulto que soy, pero no puedo compartir con mis jóvenes lectores, por mucho que yo considere mi obra como un “medio de expresión” personal y no solo como un medio de comunicación estética con un determinado destinatario.
Por otra parte, hay cubanismos que un españolito desconoce o entenderá mal; como hay porteñismos, caraquismos o galleguismos que despistarán a lectores de otras células del cuerpo de “la lengua común que nos separa”. Un lector adulto puede extraer del contexto, buscar en el diccionario o saltar el vacío que abre bajo sus pies una palabra exógena, pero el chico caerá en ese agujero y puede hasta salirse por ahí del libro. Un autor cubano para niños y adolescentes que publica en España, Argentina, México o Colombia (países donde efectivamente he sido editado) y circula por todo el mundo hispánico, tiene a veces que tomarse bastante en serio aquello de género “definido por su destinatario”. Son muchos los valores, sabores y tenores que no compartimos mis lectores y yo. A veces el editor me da tijera y a veces me doy tijera yo. Es otra forma de censura, menos dolorosa, pero no menos cierta
No obstante, la libertad es un material más plástico y elástico, y más dotado de capacidad autorregenerativa, de lo que suele pensarse y decirse. Como los gatos, un escritor, siempre que quiere, cae parado.

JCR Isaac B. Singer afirmaba que tenía más de 500 razones para escribir para los niños. ¿Cuáles son tus razones fundamentales?
(JFR): Las mías no suman 500, pero ciertamente son más de las que caben en esta página. La primera es que no he sentido hasta ahora —fuera de mis ensayos y artículos— la imperiosa necesidad de “ir a ver si me encuentro en otro sitio” (traduzco una popular boutade francesa). A medida que me pongo viejo, noto que acumulo cosas que solo con un coetáneo puedo compartir plenamente, y eso puede acabar por conducirme a la ficción para adultos. Pero hasta ahora mi satisfacción estética ha sido plena dentro del coto de la literatura infantil (seguramente porque escribo para adultos artículos y ensayos que no carecen de jugos creativos).
Ya lo dije en otro sitio: empecé a escribir siendo niño y como escribía en primer lugar (como todo el mundo) para mí mismo, empecé a escribir literatura infantil. Dentro de ese “género” (en propiedad, un abanico de géneros) se desarrolló mi estilo, que se define en el abordaje de lo que me preocupa, me gusta o me interpela, usando la percepción y discurso que son propios o afines a la infancia. Es una cuestión de poética, de tipología discursiva: un poeta escribe versos, un dramaturgo escribe diálogos, un escritor infantil escribe a la manera esencial (no a la manera elemental) del chico. Prefiero a los más jóvenes como destinatario porque me gusta crear universos fantásticos (con cimientos realistas); algo que los adultos, cuando lo aceptan, es solo como táctica o técnica de extrañamiento. Los chicos, en cambio, me creen a pie juntillas todas mis “mentiras”. Y esas “mentiras”, fervorosamente construidas, son mi verdad estética.
Escribir para chicos no supone simplificación alguna. Lo que no puedes hacer es abusar de las descripciones, introspecciones y digresiones (que también puede ser defecto en la literatura mal llamada “general”) o presentar un mundo excesivamente pesimista, desencantado, agrio. No porque no les puedas hablar de los hoscos traspiés del humano, sino porque no tienes derecho a fastidiarles la existencia (aunque hoy la literatura juvenil, e incluso la infantil, acampa bastante a menudo en esos terrenos insalubres).
El caso es que esas supuestas limitaciones no lo son para mí… y por tanto ¡prefiero a los chicos!

JCR ¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
(JFR): Cualquier género de ficción me parece válido para transcribir una realidad, y lo mismo opino de los subgéneros (picaresca moderna, negra o detectivesca, novela-testimonio, thriller sentimental, relato histórico, realismo mágico, novela de aventuras o de ciencia ficción y, por supuesto, literatura infantil. El éxito internacional cosechado por Leonardo Padura inclina a creer que la novela negra lo hace muy bien
Podría contentarme con responder a la pregunta en tanto que lector, pero no me parece tan interesante. Como lector soy una persona privada; como escritor, soy una persona pública.
Ya dije que no soy un escritor realista y que el tema cubano es infrecuente en mi narrativa… por lo menos explícitamente, porque más de una de mis comarcas mágicas y personajes fantásticos caben en el mapa de la Isla.
En Mi tesoro te espera en Cuba me valgo de una trama detectivesca en torno a un tesoro escondido, para abordar esa época de descomposición del modelo castrista que fuera bautizada, de modo abstruso, “período especial”. Mi novela fue tan bien recibida en Francia que, por su capacidad para explicar la realidad cubana a jovencitos que nada saben de nuestro país, resultó finalista del Prix des Jeunes Lecteurs y ganadora del Premio de la Ville de Cherbourg-Octeville. En La tremenda bruja de La Habana Vieja también abordo algunos aspectos del ¿quinquenio negro? sin abandonar los predios de lo magicómico, mientras que en la gran parábola que es Aventuras de Rosa de los Vientos y Juan Perico de los Palotes hay, igualmente, mucho de Cuba.

JCR ¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura?, ¿cómo se puede suplir este vacío?
(JFR): Aunque no estoy suficientemente informado de la producción editorial en la Isla o en la diáspora, tengo la impresión de que hay pocos estudios competentes, variados y complementarios de los diversos aspectos de la sociedad, la historia y la cultura cubanas de hoy, de ayer y de antes de ayer. Si Cuba no ha sido siquiera capaz de publicar un lexicón cubano, pese a poseer una Academia de la Lengua, ni de actualizar el Diccionario de Literatura Cubana, pese a la abundante plantilla del Instituto de Literatura y Lingüística, y tampoco los numerosos emprendimientos individuales e institucionales en Miami o Madrid han logrado coagular en verdaderas investigaciones multidisciplinarias y trascendentes… ¿cómo esperar una seria valoración del amplio espectro de nuestra cultura?
En los últimos diez o doce años, por ejemplo, se ha destapado la temática afrocubana, pero ni siquiera esta abundancia evita que se repitan abordajes demasiado subjetivos o, por el contrario, excesivamente pragmáticos. ¿Qué decir, entonces, de otros aspectos menos “sexy” como la vida colonial o las facetas no estrictamente político-económicas de la primera mitad del siglo xx? Probablemente hay una que otra obra que ha hecho lo que pido de manera honesta y rigurosa, pero su escasa visibilidad me daría, de todos modos, la razón.
Para disponer al fin de una abarcadora “Memoria Cubana”, haría falta que superásemos el recelo, el individualismo, el revanchismo; que aprendiéramos a trabajar en equipo, de manera científica, y a crear proyectos editoriales y universitarios sólidos, convincentes, dotados de los necesarios recursos para expurgar archivos que están en Cuba, España y Estados Unidos. Y que hubiera público para ello. No solo los cuatro gatos intelectuales de siempre, sino un amplio destinatario —apasionado, pero crítico— que prefiera saber a tener, leer a consumir, compartir a facebookear. En fin, deliro

JCR ¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
(JFR): Sin memoria histórica la imaginación es volátil, superficial, enfermiza; más juego de estilo e imitación de otros imaginarios que exploración de una selva que, pese a todas las apariencias, no ha sido talada. Muchos cuentos y algunas novelas juveniles cubanas (ocurre lo mismo en literatura para adultos, pero prefiero referirme a lo que mejor conozco) repiten los modelos y trucos de la literatura fantástica del norte de Europa, despreciando los tesoros enterrados de la mitología afrocubana, indocubana y hasta hispanocubana. ¿Cuándo tendremos fantasía heroica inspirada en el panteón yoruba?, ¿cuándo un güije cabalgará un manatí y desafiará a la Madre de Agua en la conquista del gran cemí de oro?, ¿cuándo la Madre de los Tomates y el Ñame con corbata bailarán el Son de la Ma’Teodora...?. Con una historia tan rica y movida como la nuestra, vinculada a la fabulosa conquista y colonización de los imperios azteca e inca; poblada de piratas formidables como Drake, Morgan y el cubano Diego Grillo; con páginas de fuego e intriga como la ocupación inglesa, la rebelión de La Escalera, las guerras de independencia (despojadas de epicidad retórica y manipulaciones ideológicas), la presencia nazi en nuestras aguas… ¿qué poca novela histórica y de aventuras hemos producido? Y si alguno de esos temas ha sido abordado, las candilejas politiqueras han ocultado los dramas humanos intensos y la acción puramente novelesca… que tanta lívida luz puede arrojar sobre nuestros drama, tragedia y comedia nacionales.

JCR ¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte del exilio?
(JFR): He vivido 25 años fuera de Cuba. Más de la mitad de ese tiempo (el resto se divide entre Río de Janeiro, Copenhague y Buenos Aires) lo he pasado en París, que es un fabuloso escenario literario. Pero como ya dije, mi literatura no es realista, y raramente aprovecha fuentes directas y menos aún autobiográficas. Hasta el momento no he escrito ni siquiera un cuento que transcurra en una de mis cuatro (¡interesantes!) capitales de Sudamérica y Europa. Tentado he estado, y algún vago proyecto mantengo calentito entre las cenizas del fogón, pero de momento, nada. Sin embargo ¿se puede imaginar mejor ciudad para un escritor que París? Aquí he escrito la mayor parte de mis libros y he estrenado algunos de ellos; he tenido importantes experiencias profesionales, vitales y culturales que sin dudas han aportado consistencia, singularidad y trascendencia a mi obra.
Sin haberme convertido en un escritor francés y ni siquiera en un escritor parisino, algo de la concepción y práctica de la literatura y la edición del país que me ha hecho un ciudadano pleno, han modulado mi personalidad creativa. La mejor prueba de que me estoy afrancesando es que me siento cada vez más tentado por Cuba como fuente de paisaje, conflictos y formas expresivas… porque si algo caracteriza a la literatura francesa es que, aparte de contemplarse con delectación el ombligo, adora dar cuenta del mundo exterior.

JCR ¿Qué objetivo persiguen tus libros?
(JFR): Esta es quizás la pregunta más difícil que se le puede hacer a un escritor. En la plena extensión del término, un escritor no tiene objetivos netamente delimitados y conscientes. Es al cabo de muchas leguas (recorridas con los pies y con la pluma) que vuelves la cabeza atrás y descubres a dónde ibas.
Yo escribo de manera irreprensible (no confundir con “incontinente”), arrastrado por la necesidad de dar vida a ciertos personajes y desarrollar determinada historia. Pero fuera de algún que otro divertimento en que, una vez concluida la reflexión retrospectiva, no descubro motivaciones consistentes, todos mis cuentos y novelas se apoyan en una concepción del mundo basada en “la utilidad de la virtud” (por tercera y última vez cito a Martí, pero nótese que lo hago sin tirar de las riendas ni pararme en los estribos). En mis textos suelo ridiculizar a los poderosos, burlarme de los burócratas y los imbéciles (¿redundancia?), defender la naturaleza, la generosidad y la imaginación, recompensar la inteligencia, la perseverancia y el coraje… Rápidamente se nota por qué no me preocupo por mis “objetivos”: todo lo anterior es tan tradicional y bien pensante que debía haberme conducido a tramas insípidas y polvorientas. Tengo, en cambio, la vanidad de creer que suelo andar a campo traviesa y hasta a veces con cierto aire insolente.
Seguramente, aspiro a que mis lectores salgan de mis libros más inteligentes, más prevenidos contra las ideas prefabricadas y los discursos politiqueros. Pero también tengo motivaciones muy íntimas, como se puede deducir de mi abundancia en personajes solitarios que buscan que los quieran, en pájaros y otros vuelos, en destinos insospechados, en victorias de la inteligencia sobre el egoísmo pedestre, en conflictos que no por escasamente tortuosos se resuelven en victorias menos brillantes… ¡Qué sé yo! Ya dije que un escritor que se conoce demasiado se seca. Porque si no te sorprendes a ti mismo… ¿qué gracia tiene escribir?

JCR ¿Qué mensaje deseas trasmitirle a los cubanos y a tus lectores en el próximo año?
(JFR): Me gustaría poder decirles: “¡Patria y Vida! ¡Al fin vencimos!”
 http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/muchos-esperan-que-hagas-el-cubano-y-que-tus-libros-muestren-la-habana-en-ruinas-319861

























divendres, 12 de setembre de 2014

Entrevista al narrador Sindo Pacheco, residente en Miami por Juan Carlos Romero Mestre


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Gumersindo Pacheco, también conocido como Sindo Pacheco, nació en Cabaiguán, Cuba, en 1956, y es un narrador perteneciente a la generación de los 90, los llamados “Novísimos”.
Cultiva el cuento y la novela tanto para niños y jóvenes como para adultos. En 1996 salió hacia Costa Rica y luego emigró a Estados Unidos, radicándose en la ciudad de Miami, lugar donde actualmente reside.
Ha publicado entre otros los siguientes libros: Oficio de hormigas (cuentos, 1990), Premio Abril; y las novelas Esos muchachos y María Virginia está de vacaciones (premio Casa de las Américas, premio anual La Rosa Blanca, que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994).
Desde la obtención del premio El Caimán Barbudo (1990), se ha destacado por el humor y la ironía con que examina la realidad cubana, en particular el mundo de los adolescentes, de la escuela secundaria, de los escritores, de las pequeñas ciudades del centro del país.
Otras publicaciones suyas son: María Virginia mi amor o María Virginia y yo en la Luna de Valencia, finalista del Premio Norma-Fundalectura; así como Las raíces del tamarindo, finalista del Premio EDEBÉ, y publicada por dicha editorial en Barcelona. En 2003, la editorial Plaza Mayor de Puerto Rico, reeditó su novela María Virginia está de vacaciones.
Cuentos suyos han aparecido en las antologías Cuentos de la remota novedad, Los muchachos se divierten, Diana, Fábulas de ángeles, Antología del cuento espirituano, Punto de partida, y en diferentes publicaciones como Bohemia, El Caimán Barbudo, Letras Cubanas y Casa de las Américas, entre otras. Algunos de sus textos también han sido publicados en México, Rusia, Venezuela, Argentina, y España.

Juan Carlos Romero¿En qué momento decidiste que querías escribir?
Sindo Pacheco (SP): Eso ocurrió más o menos alrededor de 1979. De pronto, y sin tener idea para qué podía servir aquello, escribí lo que pensaba que era un cuento. El único antecedente que tenía era haber leído los relatos que publicaba la revista Bohemia todas las semanas en una sección llamada El cuento.

JCR¿Qué te aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?
(SP): La literatura, creo, no solamente es una vía insustituible para conocernos mejor, para tratar de entender este inexplicable mundo y la existencia misma; sino que a largo plazo se convierte en la memoria de los pueblos. Sin literatura, los pueblos se aproximan al Alzheimer.

JCR¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
(SP): Debe hacer que el lector no separe los ojos de sus páginas, que se mantenga hipnotizado hasta el final. ¿Cómo se logra eso? Realmente no sabría explicarlo. Creo que debe haber una relación estrecha entre la forma y el tema, y ser una obra sincera para que sea original.

JCR¿Cuales son tus géneros favoritos en la lectura, tus autores y quiénes te han influido más?
(SP): Leo cualquier género, aunque no me decanto mucho por lo policial ni por la ciencia ficción.

JCR¿A qué te dedicas cuando no escribes?
(SP): Pues a tratar de ganarme la vida, aunque realmente uno la va perdiendo. Escribo cuando no me queda más remedio que sacarme los demonios. Realmente es muy difícil vivir de la escritura.

JCR¿Cuál es tu método de escritura?, ¿anotas lo que se te ocurre?
(SP): Anoto muy poco. A veces se me ocurre alguna idea para un relato y entonces la escribo para luego pensar al respecto. Pero no soy de los autores que andan con un papelito escribiendo las cosas que ven o anotando metáforas en una servilleta.

JCR¿Si pudieses ser un libro, cuál serías?
(SP): Me gustaría ser El Quijote o ese otro quijote americano llamado Las aventuras de Huckleberry Finn.

JCR¿En qué proyecto te encuentras sumergido en estos momentos?
(SP): Estoy finalizando una novela relacionada con 1980, y todo lo que significó ese año para varias generaciones de cubanos.

JCR¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
 (SP): Mira, se escribe por dolor más que por placer. Tal vez un poco por reconocimiento, pero nunca por dinero. Creo que no hay oficio más irrentable en el mundo que escribir ficciones. Sin embargo, paradójicamente, existe una carrera universitaria, cuyos graduados viven de eso, de estudiar a los escritores. Los filólogos pueden ser solventes estudiando a esta legión de muertos de hambre que somos los escritores.

JCR ¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
(SP): ¿Ves? Ya eso es meterse en el terreno de la filología. Alguien un día me hizo saber que yo usaba el anástrofe, la paradiástole, el hipérbaton, el oxímoron y el retruécano, lo cual me hizo sentir muy preocupado. El hecho de usar algo sin saberlo o sin la debida autorización, parecía casi un delito o una violación; pero no salí inculpado porque lo hacía de manera involuntaria. Mi escritura va saliendo y me va pidiendo recursos en la medida que avanza, aquí una cosa, allá otra, más allá siente que debe ser directa y llana, etc. Yo voy siguiendo ese pulso, esa especie de latido interior
.
JCR Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos. ¿Encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?
(SP): Bueno, no tanto como la sobremesa de la casa familiar, más bien debía ser la sobremesa de una nación, con todo el conocimiento y la profundidad que se pueda poner a la obra

JCR ¿Regalas libros en alguna ocasión?
(SP): La mayoría de las veces regalo mis libros, soy un pésimo vendedor.

JCR¿Crees que la literatura cubana esta de moda y que el escritor, en tanto figura pública, tiene responsabilidad social?
(SP): No creo que una cosa como la moda, vaya a incluir a la literatura entre sus opciones. Pienso que el escritor, como figura pública, debe estar atento a su tiempo. Su mayor responsabilidad social es hacer una obra de calidad, sin mentir, sin hacer concesiones extra literarias. Se supone que cuando él no esté, en el mejor de los casos, su obra tal vez pueda hablar por el autor.

JCR¿Cómo te ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
(SP): La tecnología es una maravilla, supone un ahorro de tiempo y de fastidio enorme a la hora de escribir y de revisar una obra. El e-book es una de las tantas maravillas de la tecnología. Llevar en el bolsillo de la camisa la Biblioteca Nacional era una cosa impensable; pero lo más importante es su aporte a la ecología, a la preservación de los bosques de este planeta tan maltratado por el hombre.

JCR ¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuáles son tus verdaderos orígenes en ese sentido?
(SP): Claro que no lo sabía. Fui un autor tardío. Tenía ya más de veinte años cuando escribí mi primer intento literario, un relato infame que se desarrollaba en un cine. Lo visualizaba en el cine de Cabaiguán.

JCR¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
(SP): Creo que en cualquier medio, la vida literaria es difícil. Pero es algo que uno trae, sin saberlo, desde el primer latido, y de cualquier forma una va a hacer su obra
.
JCR ¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
(SP): La literatura cubana es una de las más sólidas de América, teniendo en cuenta la calidad y la cantidad. Si tiene altibajos debe ser porque es lógico que así sea, incluso la obra de un autor, por muy brillante que sea, también tendrá sus altibajos, creo
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JCR ¿Qué libros han cambiado tu vida?
(SP): Es una larga lista de la que voy a poner tres para no hacer una enumeración interminable e incompleta: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Las aventuras de Huckleberry Finn, y Peter Pan y Wendy.

JCR ¿Qué escritores cubanos te han influenciado más?
(SP): Digamos, con el peligro de que me falte alguno, que Ramón Meza, Pablo de la Torriente Brau, Lino Novás Calvo, Alejo Carpentier, Onelio Jorge Cardoso, Guillermo Cabrera Infante, Senel Paz, Francisco López Sacha, Félíx Luis Viera, etc., etc., etc

JCR El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
(SP): A una pregunta más o menos similar dije una vez que la nostalgia era más temporal que espacial, más del tiempo que de la geografía. Yo visito Cuba y cuando hablo con mis viejos amigos, al poco rato los ataca la nostalgia, y empiezan a llorar algunos. ¿Por qué lo hacen...? Por nostalgia, porque ese pueblo nuestro ya no es lo que era antes cuando “éramos tan jóvenes”. Sin embargo, ellos no han perdido sus lugares entrañables, sino el regreso al pasado, a esa patria que va quedando atrás. No hay vuelta a lo que fuimos, y esa es la mayor nostalgia, aunque la pérdida del entorno multiplica el sentimiento de pérdida.

JCR ¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
(SP): Realmente no he tenido que enfrentar la censura por cuestiones extra literarias. Si hubiera sido periodista, seguramente hubiera tenido que vérmelas con ella.

JCR Isaac B. Singer afirmaba que tenía más de 500 razones para escribir para los niños. ¿Cuáles son tus razones fundamentales para escribir literatura juvenil?
(SP): No me he propuesto eso de antemano. Resulta que mis personajes casi siempre son jóvenes o adolescentes. Siento atracción hacia esa condición o etapa de la vida. Y luego resulta que a los jóvenes les gusta porque se ven reflejados en las historias, lo cual me da mucha satisfacción.

JCR ¿Hay algún género más eficaz para transcribir la realidad cubana?
(SP): Por supuesto, el cine, la televisión. Estamos en una era audiovisual. Cada vez, la palabra escrita ha ido perdiendo la batalla antes esos monstruos de la comunicación; pero sigue siendo un recurso insustituible
.
JCR¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura?, ¿cómo se puede suplir este vacío?
(SP): No soy un estudioso del tema, y tengo el temor de escribir sobre algo que desconozco a cabalidad. Creo que hace falta un poco más de crítica literaria.

JCR ¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
(SP): Sí la hay, pero no tiene basamento o asidero con la realidad. Seria una imaginación algo volátil, algo así como un oxonománton o habría que encontrarle entonces otro nombre a esa nueva figura literaria
.
JCR ¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte del exilio?
(SP): Miami es la ciudad donde menos nostalgia se siente fuera de Cuba. Es como un pedazo de la Isla extrapolado; pero al mismo tiempo es una especie de Babel, donde confluye casi toda Latinoamérica y algo más allá. Existen muchos Miamis en Miami. Está el de la gente acomodada que pasean en yates los fines de semana, la de los campos de golf, la de los lagos, la de sus parques deportivos, la del obrero pegado a su trabajo para alcanzar el sustento y poder ayudar a su familia en sus países, etc.

JCR ¿Qué objetivo persiguen tus libros?
(SP): Yo creo que si mis libros persiguieran algún objetivo, sería que los lean. Los libros se sientes felices cuando los ojos de la gente recorren sus palabras. Creo que esos momentos los viven plenamente.

JCR ¿Qué mensaje deseas trasmitirle a los cubanos y a tus lectores?
(SP): Que no se dejen vencer por la competencia (radio, cine, televisión, Internet, Facebook, celulares, y lo que sigue llegando), y no abandonen nunca la pasión por la lectura.

http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/se-escribe-por-dolor-mas-que-por-placer-320143





dijous, 11 de setembre de 2014

Ànima, de Wajdi Mouawad

tertulia del mes de setembre 3/9 /2104 


Ànima, de Wajdi Mouawad (Beirut, 1968)(Ed. Edicions del Periscopi)
 La traducció d’Anna Casassas : magnífica.
LLibre llegit també en castellà.
20 tertulians i d´aquests, 5 han vingut per primer cop que son la Sofia , Fuensanta, Sofia , Maria i Anna Maria ( si, es casualitat però son dos Sofies per primera vegada )
Montse,Enrique,Mercedes,Francesc,Sara,Neus,Roser,Carme, Lali,Roser Viñuales,Pilar, Marta,germana Roser,

,Hem  començat el curs per un llibre  llibre important i seriós que explica una història colpidora que et fa encongir l’estómac i et manté en tensió al llarg de totes les seves pàgines
Alguns dels  tertulians ja coneixien a l´autor per obres teatrals com INCENDIS i el monòleg SEULS representades a Barcelona
, .
La cerca de l'assassí, per el protagonista, un jove palestí de nom  Wahhch Debch (un nom horrible quan en descobreixes la procedència) significa monstre  ferotge en árab, converteix  aquest llibre en una mena de viatge iniciàtic per trobar l'origen d'aquells records que el turmenten, dons comença amb l assassinat de l’esposa de Wahhch Debch,
Recorrerà les reserves índies on s’amaga el criminal,L’assassí és un indi Mohawk, per tant en Wahhch entrarà en contacte amb aquesta cultura i li servirà per coneixer i, comprovant les reserves  les dels indis americans)  i travessarà la frontera entre el Canadà i els Estats Units.
, .A banda de la història, l’estructura narrativa és, ja de per si, sorprenent i molt apassionant. ,consta de quatre parts, i les tres primeres el narrador en tercera persona canvia constanment. Son narrats per diferents animals son serps, cucs, llangardaixos, formigues, cavalls, ocells, aranyes, rates, esquirols, gats, gossos, … que ens descriuen a nosaltres Al  principi descol.loca,  vaig haver de començar el llibre tres vegades abans no vaig captar-ne la dinàmica, però el resultat és esplèndid. L’altra aspecte narratiu a destacar és l’ús de les llengües.
l´Enrique ens diu que malgrat que utilitza un vocabulari florit t,per ell ,xirria dons un dels animals ( narradors) no sap  el que es el fum d´un dels cigars que es fumen...per Enrique  la segona part no li ha agradat tant  com la 1º .
iSofia ens serveix per recordar-nos que vivim en un món de depredadors i que potser els humans som els pitjors de tots .
No me’l vull llegir., van dient altres tertulianes al sentir les opinions però, quan un llibre agrada molt a tothom, tenim por de que no ens agradi a nosaltres,  a la Mercedes creu que els animals son   mantres que es van repetint al llarg de la història: gossos diferents, en situacions diferents, amb el mateix sentiment respecte l’amo ,..però a , poc a poc,la narració  va canviant de rumb i deixa de banda l’assassinat per convertir-se en la cerca dels orígens
Aquesta vegada ha vingut en Francesc que ens ha començat l´intervenció amb la frase  AMANECE QUE NO ES POCO cosa que la Montse l´ha encarrilat cap el tema de la  novella ,dient.nos dons que l´escrptura poetica de l´autor li recordava Wirginia Woolf,
La Sara es fobica en els animals y al llegir que  els narradors eren els animals ni l´ha començat però jo que tampoc m´agraden l li diria que ens fa veure  Wajdi Mouawad  que els animals tenen una sensibilitat atàvica gairebé humana–
sense fer cap spoiler la Neus li dona un 6 agradanli molt el  final inesperat
com a altres lectores la Roser Comas llegint  Ànima ens diu que és tan brutal que hi ha hagut passatges que volia tancar els ulls. perquè li trepitjava el cor..
La Carme la trobada visceral que arriba molt i molt a les viscereses, poesia pura, estan d´acord amb la Neus que te un final que tancant el cercle , defensa l animalitat humana  reivindicant  que la guerra es la raó cosa que ens portaria a un altre tertúlia..crec jo,pot ser que espanta saber la veritat. ? En tot cas no és una violència gratuïta. Té una raó de ser.aquesta violencia? deu anar per aquí la Carme
La novel•la conté un important component ètic. És d’aquells llibres escrits amb voluntat colpidora

D'altra banda, dir-vos que calen nocions d'anglès fins i tot per a la traducció catalana., bàsiques les nocions axó si.
la Roser Viñuales deia que ha trobat  un petit detall que  trontolla ( ens ho ha dit tot acavant la tertulia )que tant a l’edició castellana com a la catalana, A la versió en castellà diu “Compra atún porque el-atún-es-bonito", en català en el segon paràgraf diu..Quan deixava a terra la bossa de plàstic, aquell mateix matí amb veu enjogassada ella li havia dit Compra salmó perquè el salmó és molt bo, : ”, i en francès, en l’original, hi diu “Tu achèteras du thon car le-thon-c’est-bon”. tindrà un doble sentit ? .
. Pilar una de les incondicionals en les tertúlies ha sigut  la que deia que era una Novella amb Un exercici d’estil brutal i encertadíssim , no  esta sola en l’admiració a aquest narrador tràgic i apassionant
Quan vaig tancar el llibre, em vaig adonar que la brevetat dels capítols era l’únic respir  que l’autor concedia al lector.
El rerefons de la novel·la es el passat del protagonista, la guerra del Líban i l’exili
.pròxima terulia  1 d´octubre 2104
llibre : LA FIESTA DE LA INSIGNIFICANCIA de Milan Kundera
raó per llegir aquest llibre :: per ser uns dels nomenats a premi Nobel de literatura 2015

. ​​

dimarts, 19 d’agost de 2014

Entrevista a Félix Luis Viera

Entrevista al poeta, cuentista y novelista Félix Luis Viera, residente en México por Juan Carlos Romero



Félix Luis Viera nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945.
Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC[1] 1976, Ediciones Unión Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991) y Poemas de amor y de olvido (Editorial Capiro, Cuba, 1994).
Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba, 1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas, nueva edición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras Cubanas, 1990, finalista del Premio de la Crítica 1991).
Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de novela UNEAC 1987, Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (Ediciones Unión, Cuba ,1995);Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003, Editorial Eriginal Books, Miami, 2012) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997).
Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han publicado en antologías en Cuba y el extranjero. En su tierra natal recibió diversos reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura. En Italia se le conoce por su novela Un ciervo herido, editada con el título El trabajo os hará hombres (L’Ancora del Mediterráneo, 2008), que aborda el tema de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, a donde fueron enviados supuestos desafectos a la revolución castrista, como religiosos de diversas filiaciones, desempleados, homosexuales y otros. Esta novela, con buena acogida de público y crítica, ha circulado en varios países de habla hispana y en Miami.
En 2010, Félix Luis Viera publicó en México El corazón del rey, novela que incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista, y que expone el mundo marginal de esa época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami), publicado posteriormente en Italia por ediciones Il Flogio y merecedor de uno de los Premios “Latina en Versos”, otorgados en aquel país.
Desde 1995 reside en la ciudad de México, donde ha impartido cursos y talleres literarios y ha colaborado con diversas publicaciones.
Es ciudadano mexicano por naturalización

JCR ¿En qué momento decidiste que querías escribir?
(FLV): Desde niño fui muy propenso a, digamos, la palabra, a su valor, a la semántica, al sentido figurado. En fin, analizaba todo lo que veía escrito, quizás eso era el germen de lo que vendría luego. Quizás... Permanecía mucho tiempo observando las palabras, pensándolas, medio embobado. Me gustaba escribir las frases al revés de como lo hacía la maestra, a ver qué pasaba.
Bueno, yo no creo que uno decida ser escritor. Banquero, dictador, estafador o algo así, sí. Más bien, pienso, es la creación literaria, y cualquier otro arte, el que decide tomarte, ahí viene, tú no lo decides, ella te encuentra.
Desde muy joven, entonces, sentí —no decidí— que ese era el camino que debía tomar. Desde muy joven, pero no pocos avatares me obligaron a un proceso de autoformación lento, con el viento en contra, diríamos. Lamentablemente.
Es decir, como sí afirman otros, no leí a Ezra Pound a los siete años de edad, ni a Thomas Mann a los 10 ni me sabía El Quijote de memoria a los 11. Tampoco, desafortunadamente, recitaba de memoria a Lope de Vega a los 14 ni cuestionaba a Emmanuel Kant a los 16.

JCR ¿Qué le aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?
(FLV): Bueno, me aportan lo mismo, creo, que puede aportar a un albañil levantar una pared. En el supuesto de que esa pared, para el albañil, le resulte algo existencial.
No sé bien qué es “vale todo” en este caso. Creo que lo que vale en la literatura es realizarla lo mejor posible. Y ser honesto. Ser honesto porque en la ficción literaria se puede mentir, ya lo sabemos. Mentir en directo o por omisión, diríamos. Si bien la mano del autor, aunque no se note —no debe notarse— esté presente en la obra, guiada, indiscutiblemente por su ideología, el punto de vista o lo que fuere del creador. Pero en todo caso, una novela debe darle, de alguna manera, también la voz al otro; al “personaje negativo”, al por qué lo es.
El escritor no es juez ni fiscal, ni es parte de la ley de los hombres. De modo que todo lo que lleva a cabo un ser humano, así sea la más grande vileza, tienen una razón, un origen, aun una argumentación. Así que el escritor no está para condenar a nadie, sino para buscar y exponer el porqué de determinada actuación.
Por ejemplo, la ley de los hombres tiene mucha razón al condenar a un violador de mujeres. No hay dudas, es un delito condenable, según la ley y lo justo (aunque la ley y lo justo casi nunca son lo mismo). Pero ese delito tiene una razón de ser, un por qué; el escritor existe para llegar a la entraña humana de la actuación de ese violador, no para condenarlo.

Es de todos sabido que una época determinada es investigada sobre todo por la creación narrativa, y poética, de cierto modo, que se desarrollara en la misma. O sea, se aprende más de esa época por sus novelas, sus cuentos, sus poesías, que por la historiografía correspondiente. La historiografía va a lo general; la “ficción” incursiona en lo esencial, lo cotidiano, el hombre con nombre y apellido y su tragedia; la historiografía no está apta para zambullirse en la amargura que provoca en una familia, digamos, el estado de cosas que la historiografía describe a grandes rasgos.
De este modo, mentir en la “ficción” es un hecho grave, porque una novela, pasado el tiempo, no se puede enmendar, un libro de historia, sí.

JCR ¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?
(FLV): Tremenda pregunta, hay lectores y lectores, uno trata de realizarla lo mejor posible, pero como sabes, los segmentos de lectores pueden ser infinitos. De modo que una novela le interesa a un grupo de lectores, pequeño, grande, y a otros, pequeños, grandes, no.
El éxito de una novela, un libro de cuentos, un poemario tiene mucho que ver con los gustos y obsesiones de una época, independientemente de su mayor o menor calidad. Y ya sabes, los gustos de una época están condicionados muchas veces por infinitos factores, entre otros por la influencia de las universidades, la religión, la política, y asimismo por esas personas que por una causa u otra se han convertido en “la voz de la sociedad”, “en la conciencia crítica
De modo que éxito y calidad no van de la mano (creo que esto ocurre en todas la facetas de la vida); una gran novela puede tener menos éxito de público que otra, también buena, pero no tanto. En esto, además, tiene que ver el contenido, el asunto, el argumento; si bien solo con esto, pero sin buena factura estética, su efecto desaparece pronto.
Creo que una novela entretiene, educa, forma, modela, informa; de eso no hay dudas.
Pero así siguen surgiendo preguntas que nunca seremos capaces de contestar: ¿Qué es entretener?, ¿se entretendrá una ama de casa, un lector promedio, con la misma novela que un astrónomo, un científico literario? ¿No hay quien se entretiene, sin ser matemático, haciendo matemáticas? Figúrate, pedirle a un lector promedio-bajo que se entretenga con el Ulises de Joyce o con Paradiso o con Yo, el supremo es un crimen cualquiera, sadismo, tortura psicológica.
Pero sí doy por seguro que, si una novela no entretiene al lector, a ese lector determinado, la echa un lado, hasta la odia. Aparte de las demás virtudes antes dichas que pueda tener, y debe tener toda obra.
Pues ahí está la segunda parte de tu pregunta, es necesario que, sobre todo, entretenga; pero claro, se infiere de lo que he dicho antes, con que entretenga no basta.

JCR ¿Cuales son tus géneros favoritos en la lectura, sus autores y quiénes te han influido más?
(FLV): Todos los géneros. Todos. Como he tenido la suerte o la desgracia de escribir, mal o regular, los tres géneros, pues leo los tres (una labor deliciosa y a la vez agobiante). Eso sí, creo que el novelista, el cuentista, deben leer además poesía; en ella se encuentra el poder de la síntesis, la limpieza de la frase, el ritmo, etc.
Quizá esto suene un poco pesado, pero en mí han influido todos los autores que he leído, muchas veces me han influido más ciertos autores modestos, que los llamados clásicos. Y muchas veces me ha parecido que estos autores modestos... tienen más en la bola que los clásicos. Mira, antes, hace siglos, los escritores eran menos, de ellos salieron los que llamamos “clásicos antiguos”, que sin duda lo son y debemos leerlos. Pero hoy sería una labor casi imposible “diagnosticar”, deslindar los clásicos de las últimas décadas o del último siglo más o menos. De manera que para los investigadores es mejor, ¿por pereza?, dejar todo como está y seguir evocando por ejemplo, en el caso de la literatura española, a los del Siglo de Oro y sus adyacentes. Pero me pregunto: ¿dentro de cuatrocientos años seguiremos remitiéndonos, solamente, a aquellos? Hummm...
JCR ¿A qué te dedicas cuando no escribes?
(FLV): Pues chico, a leer, a pensar... en escribir. Fuera de esas actividades inexorables como comer, dormir, etc., el tiempo restante, cuando no estoy escribiendo, se lo dedico también... a escribir... Antes, hace años, no; entonces me divertía de varias maneras, invertía tiempo en esto... pero ya no queda cuerda para gastarla en estos devaneos... Aún he llegado a pensar que comer es un malgaste de tiempo, un mal necesario.
Solo me distraigo viendo las Grandes Ligas de béisbol, solo ese gusto me doy. Y a veces me encabrono porque el partido dura demasiado, ya ves.
Respeto a los escritores que expresan algo así como “me divertí mucho escribiendo esta novela”. Pero la verdad es que yo no me divierto escribiendo ninguna, para mí eso no es una diversión, es más bien un castigo divino; goce y angustia. Para divertirse hay otros quehaceres, pienso.
Para mí, escribir es cargar una cruz con toda la dignidad posible.
Hace poco más de 20 años dejé de escribir cuentos: estaba seguro de que la vida no me alcanzaría para continuar creando en los tres géneros; así que me despedí del cuento con el libro Precio del amor, publicado en 1990.
Hace menos, llegué a la conclusión de que lo que me queda por acá no me alcanzaría para continuar con la poesía y la novela; así que me despedí de la poesía con La patria es una naranja, publicada en 2010 y con algunas reediciones posteriores.
Pues ya ves entonces lo limitado que soy —como también lo son otros— en comparación con esos grandes novelistas que han recibido los más altos premios literarios. Chico, dictan una conferencia hoy en Copenhague, mañana otra en Honduras, al día siguiente asisten a un foro en Canadá y esa misma semana han publicado par de artículos de 2.500 palabras en sendos diarios, amén de haber dado a conocer una alocución sobre política internacional vía internet. Y así se pasan el año, el año completo, y, resulta asombroso, que a fin de ese año vuelven a entregar a la editorial, como hicieron el año anterior, una novela de 600 páginas. Algo verdaderamente encomiable. Aunque a veces no tan encomiable porque la entrega en ocasiones no pasa de ser un ladrillo insulso. Pero no hay dudas de que son superhombres. ¿O habría que dudar de ellos por algún motivo?
En contra de lo antes dicho, alguien podría argüir que Balzac, Víctor Hugo, Dostoievski, Dickens, Pérez Galdós, o Tolstoi, gozaban de una parición novelística semejante. Pero tomemos en cuenta que estos se la pasaban frente al escritorio, por lo general no hacían turismo literario.

JCR¿Cuál es tu método de escritura, anotas lo que se te ocurre?
(FLV): Más bien se me ocurre una idea y empiezo a desarrollarla a ver qué pasa. Luego empiezan a llegar los personajes, el argumento, las tramas (no sé si te has fijado que en los últimos tiempos se publican novelas sin tramas o apenas con trama; cosa rara, para mí una novela en ningún caso debe ser un compendio de resúmenes argumentales; un catauro de información argumental).
Luego, claro, voy tomando notas de lo que podría ser el desarrollo, y otras más breves con frases que deberán ser los bocadillos de ciertos personajes. También, cuando termino el borrador de un capítulo, anoto el o los que deberían ser los siguientes

JCR Sí pudieses ser un libro, cuál serías?
(FLV): Bueno, uno solo no sé, pero si pudiera, sería muchos libros, sin dejar de lado Pregúntale al polvo, La conjura de los necios o Al filo del agua.

JCR¿En qué proyecto te encuentras sumergido en estos momentos?
(FLV): En una novela que creo no será muy extensa, pero sí muy complicada atendiendo al narrador-protagonista, muy difícil.

JCR¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?
(FLV): Se escribe por vocación, por amable desgracia. Y si el dinero viene, mejor, claro.

JCR ¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?
FLV): Chico, sigo aprendiendo, cada día aprendo, cada día experimento a partir de lo que estoy haciendo; nadie, creo, experimenta en “seco”, el experimento surge en el momento en que estamos haciendo algo y quisiéramos hacerlo lo mejor por posible, de la manera mejor posible.
Yo diría que escribo con estilo propio, malo o bueno. Las “figuras literarias”, “los recursos de estilo”, los va creando el escritor y luego los investigadores y críticos los clasifican, les ponen nombre, algo positivo, porque así nos entendemos.
Se habla de que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos ¿o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar, como se cuenta en la sobremesa?
No, no no... eso de contar en la sobremesa es otra cosa, que, elementalmente, no tiene nada que ver con el arte literario.

JCR¿Regalas libros en alguna ocasión?
(FLV): A veces, a buenos amigos. Y en otras ocasiones a alguna persona que quisiera leerlo pero no tiene dinero para comprarlo
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JCR¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?
(FLV): Bueno, dicen los editores que la literatura cubana ya va bajando su moda. Claro, el escritor tiene mucha responsabilidad social. Algunos, ya lo sabes, la utilizan para fortalecer a las dictaduras.

JCR¿Cómo le ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?
(FLV): A mí no me ha cambiado en nada. Muy pocos libros míos se han vendido en este formato.
¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuales son tus verdaderos orígenes en ese sentido?
(FLV): Como te decía en una respuesta anterior, lo presentí casi desde niño. Soy de los que piensan que para esta y otras disciplina, se nace; independientemente de que haya que trabajarla mucho con el tiempo, adquirir el oficio, estudiar, darle sin tregua, con esa pasión que solamente una vocación indetenible te proporciona. Me horrorizo cuando veo aquí y allá “escuelas para escritores”, como decir “escuelas para físicos matemáticos”. El colmo de estas escuelas, muchacho, es que te califican un poema, digamos con 7 puntos de 10 posibles, oye, como si fuera un examen de geografía o algo así. Qué ignominia. Qué falacia.
Creo que para escribir creación literaria, como te decía, se nace, y luego se aprende escribiendo mucho, leyendo más y consultando con quienes más saben. Lo otro es un cuento de camino.
Mira, en el caso de las artes plásticas puedes asistir a una escuela donde aprendes el movimiento, la perspectiva, el volumen, etc., lo que ya está establecido. De ahí sales graduado de artes plásticas, lo cual no quiere decir que seas un artista, eso se vería luego.
En el caso de la música, en un conservatorio, aprendes las notas, la composición, etc., y sales graduado de “tocador” de piano o de guitarra, por ejemplo. Lo cual no quiere decir que seas un artista.
¿Pero dime qué asignaturas están establecidas de una vez y para siempre en el arte de escribir? Ninguna. Ninguna. Aquí sí que todo está por hacer para quien comience a intentarlo
“Mis orígenes” no son, en verdad, de los más propicios. Nací en un barrio marginal, de gente muy pobre, como lo éramos yo y mis padres, que no alcanzaron a cursar la primaria.
Así las cosas, en mi casa de niño —eso de casa es un eufemismo más bien— no había libros ni tradición alguna de cultura humanística y sus adyacentes.
Sin embargo, desde entonces, siempre que me era posible me “pegaba” a personas cultas, literatos, profesores de literatura, entre otros. Y leí mucho de todo lo que me encontraba, desde cómics hasta poemarios, novelas y ensayos que podía conseguir baratos, de segunda mano. A veces, gastaba algún dinero de las meriendas escolares en un libro. Leí también muchos cuentos, poemas, reseñas y críticas literarias sobre todo en revistas como Bohemia y otras publicaciones, casi siempre atrasadas, igual que en periódicos.
El preuniversitario lo abandoné a un mes de iniciado: tuve que ayudar a mi padre, enfermo, en el pequeño comercio que él tenía.
Entonces matriculé una carrera nocturna, contable, en la cual estuve cinco años noche por noche, de 8 a 11. Era algo aborrecible para mí, pero resultaba una visa para poder trabajar posteriormente en algo que diera “la comida”.
Ya debes inferir que no asistí a la universidad.
Visto lo anterior, cualquiera podría decir que soy “un escritor autodidacto”. Afirmación tonta: si leemos las líneas de más arriba: ¿acaso no todos los escritores son “autodidactos”? ¿O es que cursaron alguna escuela donde les enseñaron a escribir sus obras? Vaya

JCR¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?
(FLV): Sí, pero así vino la vida, qué le vamos a hacer...

JCR¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?
(FLV): Como todas, pienso. Se escriben muy buena obras, de todos los géneros, por escritores que viven en la Isla y por quienes habitan fuera de ella.
Pero mira, creo que algún día habrá que sustituir eso de “literatura cubana” o “literatura australiana”, etc., o por lo menos matizarlo, de manera que sería mejor decir “literatura de cubanos”, “de venezolanos”, “de mexicanos”, etc. Por ejemplo: Los quinientos millones de la Begún ¿es literatura francesa o es una novela escrita por un francés?, lo mismo te diría de Espiral, del cubano Agustín de Rojas o de La ciudad muerta de Korad, del también cubano Oscar Hurtado.

JCR¿Qué libros han cambiado tu vida?
(FLV): Todos los libros cambian en alguna medida nuestras vidas; unos más, otros menos. Si bien, claro, unos te influyen más que otros.

JCR¿Qué pintores cubanos te han influenciado más?
(FLV): Los paisajistas, pero sobre todo esos que combinan lo figurativo con el abstraccionismo. Esas son las pinturas que más me gusta admirar

JCR El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?
(FLV): No hay ningún cambio en la Isla. El único cambio que puede ofrecer una dictadura, es que se acabe. Lo demás son juegos de muchachos entre las dos partes.

JCR ¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?
(FLV): ¿Esquivarla? Bueno, la censura te elimina si va contra ti, no se puede esquivar. ¿Cómo crees que podría esquivar la censura que padecen mis libros en Cuba? Por otra parte, la autocensura es el pecado que arrastrará un escritor toda la vida, vivirá con esa ignominia, en silencio

JCR.¿Conociste a otros escritores durante tu confinamiento, en 1966, en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las tristemente célebres Umap?
(FLV): Conocí al destacado teatrista Armando Suárez del Villar, recientemente fallecido, un hombre bueno, estoico, dispuesto siempre a enseñar a los demás. Él tenía 34 años de edad, yo 20. Me enseñó mucho a mí y a otros. Allí en las Umap los había de más edad, hasta de 40 años o algo más; los más jóvenes le decíamos a Armando el Viejo, los más viejos le decían El Artista.

JCR¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?
(FLV): Todos los géneros pueden ser eficaces, aun los poemas de tribuna. La narrativa, lamentablemente, ha tenido que sustituir, en la medida de lo posible, el quehacer periodístico, que como sabes, en Cuba se dedica a dar la impresión de un paraíso, no informa ni describe la terrible realidad, sino que miente a sangre fría. Así, dentro de equis años, quienes deseen investigar por el pasado comunista de la Isla, no lograrán nada si visitan las hemerotecas. De manera que será la novela, el cuento, la poesía contestatarias que hoy se publican sobre Cuba en uno y otro sitio, las verdaderas fuentes de conocimiento
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JCR ¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura?; ¿cómo se puede suplir este vacío?
(FLV): Oh, todo está muy manipulado, los investigadores que viven en Cuba, algunos, quitan y ponen a su antojo, y a veces los que viven afuera hacen lo mismo. Aparte de la mala voluntad que pueda existir, debe tomarse en cuenta la falta de información de los dos “bandos”
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JCR¿Sin memoria histórica no hay imaginación?
(FLV): Bueno, la imaginación puede ser, en algunos casos, un ente independiente.

JCR¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte de tu vida?
(FLV): Santa Clara. Creo que, como para todo el mundo, mucho. Y dentro de ella, El Condado, el barrio donde nací y me crié. Mucho de lo que he publicado (no me gusta decir “mi obra”) en narrativa, y también parte de la poesía, se desarrolla allí o le hace referencias. En la novela de mi autoría (no me gusta decir “mi novela), El corazón del rey, Santa Clara es protagonista.

JCR¿Qué objetivo persiguen sus libros?
(FLV): Ya te decía antes, entretener, informar, aportar algo que pueda servirle a quien lo lea. Al menos, eso intento.

JCR¿Qué libro(s) tienes en la mesita de noche?
(FLV): Se van rotando, ahora tengo los CuentosCompletos de José Lorenzo Fuentes, Canto a mí mismo, en la versión de León Felipe y Cuba: la república de generales y doctores, de Robert A. Solera

JCR¿Cuál es el libro que recuerdas de tu infancia?
(FLV):El conde de Montecristo, en una versión sintetizada.

JCR¿Cuál es el libro que te hubiese gustado escribir?
(FLV): Los que he escrito.

JCR¿Con qué autor te gustaría quedarte encerrado en un ascensor?
(FLV): En un ascensor... En un ascensor más me gustaría quedar encerrado con escritoras, encerrado en un ascensor inmenso repleto de escritoras que me fueran enseñando todo lo que saben y opinan acerca de la creación literaria... y de lo demás... Sería fantástico

— con Juan Carlos Romero Mestre.