divendres, 1 de maig de 2009

Posesas de la Habana

Joseph B. Macgregor (Registrado)

La historia se desarrolla durante las tres horas que dura el apagón - desde las 8:30 a las 10:30 - y cada capítulo se hace corresponder con cada uno de los tramos horarios en los que transcurre la acción: el primero a las 8:30, el segundo a las 9:30 y el tercero a las 10:30.

A lo largo de la narración cada una de las mujeres de esta familia se va pasando el testigo de la narración y nos van relatando, capítulo a capítulo, con pelos y señales las diversas peripecias de sus pequeños (o grandes) dramas personales. Parece que en ese sentido Dovalpage sigue prefiriendo el recurso de la primera persona narrativa para hacer mucho más cercanas y directas a sus criaturas. Tampoco las juzga y eso está muy bien. Les permite que se expresen tal y como son. No dan la impresión de ser portavoces de las ideas de la autora, es decir, no son marionetas a las cuales Teresa pone voz (falseada) sino que precisamente al permitirles expresarse en su propio lenguaje las convierte en seres dotados de un enorme y entrañable humanidad y que provocan además de inmediato nuestra simpatía y complicidad.

Como de costumbre, la literatura de Teresa Dovalpage resulta un buen reflejo de los problemas de La Habana actual. "Posesas de La Habana"
se nos muestra, en ese sentido, como un completo catálogo de supervivientes, de una serie de mujeres que día a día, con arrojo y valentía, intentan salir adelante, aunque con frecuencia deban, para ello, utilizar medios poco o nada éticos para conseguir un saco de cinco kilos de papas, por ejemplo. Y no pertenecen a la clase más baja o menos favorecida. Elsa, por ejemplo, tiene estudios y es maestra y sin embargo, todas deben vivir incómodas y muchas veces sin lo más vital para subsistir en un apartamento de dos habitaciones. Cada una de ellas es fiel reflejo de cómo cuatro mujeres de diferentes edades o generaciones intentan sobrevivir en la Cuba del año 2000.

El sentido del humor, como en el resto de novelas de Teresa Dovalpage, está muy presente y reside básicamente en el modo tan perfecto y genial que tiene de hacer hablar a sus personajes de tal manera que se nos antojan muy cercanos pero también muy divertidos. La gracia no reside sólo en el "acento" cubano de sus personajes sino en el modo como nos cuentan sus desgracias o penalidades. Están contando algo terrible y sin embargo nos reímos a mandíbula batiente pero sobre todo por la manera tan graciosa que tienen de contar las cosas estas mujeres cubanas.

Otro aspecto al que Teresa sabe extraer bastante humor y además con suma eficacia es en las relaciones que establecen las mujeres de sus historias y esta novela no es una excepción a esta regla. Muchas de las féminas que protagonizan sus historias se engañan, se traicionan, se ponen los cuernos, se ponen verdes... las unas a las otras, por lo que parece cumplirse en su literatura el típico-tópico de que el peor enemigo de una mujer es otra mujer. En "Posesas de La Habana", nos encontramos con un grupo de mujeres con mucho carácter compartiendo todo un mismo espacio, estrecho y sin luz y a las que el apagón las pone muy pero que muy nerviosas. Está claro que las tensiones entre ellas tienen que estallar inevitablemente.

Joseph B Macgregor

2 comentaris:

Ivis ha dit...

Yo la he leído recientemente y tengo que decir que me ha encantado, sobre todo el lenguaje lleno de dicharachos y el humor, que es lo mejor que tiene. Saludos.

Marta Farreras ha dit...

gracias Ivis soy un poco desastre y no habia leido tu comentario, gracias los libros de Teresa Dovalpage son muy curiosos de leer y enganchan