dilluns, 28 d’abril de 2008

Las bibliotecas independientes de Cuba

Antecedentes

El proyecto de bibliotecas independientes de Cuba ha sido controvertido, por lo menos, y ha habido numerosas historias de que éstas han sido allanadas y los bibliotecarios han sido acosados o arrestados por las autoridades locales. Estas bibliotecas han sido desacreditadas e incluso ridiculizadas argumentando que no son verdaderas bibliotecas, que no son operadas por bibliotecarios acreditados y que esta gente está utilizando las bibliotecas como pretexto para denunciar la persecución política.

Al igual que sucede con muchos proyectos controvertidos que sirven para destacar problemas existentes, éste también está plagado de inconsistencias. Lo más irónico es que buena parte de la controversia se origina en el extranjero, en gente como los propios bibliotecarios que parecen escépticos y no toman en serio el proyecto de las bibliotecas independientes.

Sobra decir que toda la controversia que rodea a las bibliotecas independientes aparta la atención del verdadero problema: la falta de libertad intelectual.

Es un hecho bien documentado que en Cuba hay represión intelectual. Organizaciones como la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas (AIAEB) han informado al respecto. Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha dicho que Cuba es uno de las 20 peores enemigas de la Internet en 1999 y ahora ese epíteto puede ser peor. El tres de abril del 2002 (RSF) e Intercambio Internacional para la Libertad de Expresión (IILE) reportaron que las autoridades cubanas han prohibido la venta de computadores personales a personas u organizaciones no aprobadas por el gobierno, como sucede con las bibliotecas independientes. Mientras tanto, "la terrible paradoja de este panorama cibernético es que el gobierno de la isla se proclama promotor de una revolución tecnológica interna y defensor de los derechos de los países pobres y subdesarrollados en este campo", destacó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en su informe de marzo 2002 sobre Cuba.
por Dalia Salazar